jueves, 19 de febrero de 2026

Veo veo

Te veo.


Te veo detrás de tus excentricidades, entre esa amalgama de mensajes crípticos que lanzas con la urgencia del que exige una respuesta inmediata. Te veo en esas comedias histriónicas que usas como cebo, esperando a que sea yo quien muerda el anzuelo y corra tras de ti.

Juegas a esconderte porque te has convencido de que la indiferencia te hace invulnerable. Crees que, mientras no te muestres, enmudezcas, conservarás la ventaja en este tablero que solo existe en tu cabeza.


Sigue jugando.


Mantén tu sigilo y aliméntate de esa necia sensación de control. Pero recuerda que el juego solo dura mientras ambos decidimos que sigue siendo divertido. Disfruta de tu irrisoria ventaja. Pienso encontrarte justo en el instante en que bajes la guardia.

Más... cuidado, esconderse demasiado bien tiene un riesgo, y es que el otro aprenda a moverse en la oscuridad.


Y yo ya aprendí. 


Te veo.

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

La orfebrería frente al óxido

Confieso que sigo aquí, alimentando este espacio, por una cuestión de resistencia personal. Sentarme frente a la página en blanco no es un acto de comunicación, es una forma de insurrección ante la rutina, ante el esfuerzo físico y mental de quien se niega a que el tiempo, la desidia o la ausencia oxiden su capacidad de crear.

Escribir es, para mi, una disciplina semejante al entrenamiento del náufrago que pule su balsa cada día. No lo hace porque espere el rescate, sino porque ese gesto es lo que le mantiene cuerdo.

Soy consciente de que habito en un vacío, despojada de las personas que antes daban eco y refugio a mis pensamientos. Pero, en esa soledad, el ejercicio se vuelve más puro, más verdadero. Mi empeño aquí es el de una orfebre de la voluntad, cada día me detengo a componer, deshacer e hilvanar, a tirar de un hilo invisible que, a veces, se enreda en la memoria y, otras, se quiebra en seco, obligándome a borrar, a desandar lo trazado y a recomenzar desde la herida o el fracaso.

No escribo para el algoritmo. Escribo para desgranar historias y conseguir que encajen con precisión en el hueco de mi corazón. 

Cada párrafo que acuno en mi mente, cada adjetivo que arropo con mimo, cada verso que reconozco como mío, son pequeñas victorias —íntimas, silenciosas— contra el entumecimiento del espíritu.

Confieso que sigo aquí porque, mientras sea capaz de refugiarme del frío, envuelta en letras, merecerá la pena permanecer en un cálido, mullido y solitario yo.


martes, 17 de febrero de 2026

Rastro invisible

Qué curioso este peso que, poco a poco, deja de serlo. Lo percibo en la yema de los dedos, una vibración que antes era palabra y ahora es solo el eco de una intención. Escribo, pero las letras ya no aterrizan, quedan suspendidas, burbujas inconsistentes en un aire que ya no las soporta.

Me conmueven mis bordes al derretirse. No hay dolor en esta pérdida, solo una ingravidez que me deshilacha por dentro. El lenguaje se evapora, transformado en una niebla pegajosa que ha olvidado el modo de nombrar las cosas. ¡Qué inútil sería intentar sujetarme ahora!, querer atrapar, con las manos desnudas, el vaho disolviéndose en un espejo.

Me estoy volviendo transparente. Puedo ver el fondo de la página a través de mi propia voz. Ya no hay centro, solo una expansión lenta hacia los márgenes, un deshacerse rítmico y constante. Soy  humo, un dibujo gris que se enrosca en el cuaderno, pierde su figura y, finalmente, se entrega al vacío.


Casi no... me... siento...

lunes, 16 de febrero de 2026

Pereza

Hoy desperté siendo ausencia.

Inauguro un inventario de luz vacía,

donde el lunes es apenas un eco,

un naufragio remoto en el calendario.

El sofá, con su diplomacia de terciopelo,

me ofrece horizontes, mientras el reloj,

vencido,

dimite de su oficio de medir lo etéreo.

Afuera, la prisa muerde voraz,

aquí dentro, el aire medita su peso

y mi pensamiento se deslía en un bostezo.

Deserto de la vigilia, 

me quedo aquí, desarmada, 

viendo cómo la luz se desangra en la esquina 

sin pedirme nada a cambio.

Anhelo ver cómo el sol agota 

su ruta en la pared,

y yo, ovillada en mi cueva,

cultivo la extraña maestría

de diluirme... sin sostener al personaje.

jueves, 12 de febrero de 2026

De rodillas, tus palabras

No busques una pausa, no la encontrarás. Esto no es una conversación, tu opinión fue anulada antes siquiera de que intentaras formularla. He decidido que ya no aportas nada y he venido a ocupar cada centímetro de este espacio con una voluntad que no admite réplica.

La cortesía es el refugio de los débiles y no tengo tiempo para concederte un turno. Hablar es un privilegio que acabas de perder, y, mientras balbuceas excusas, yo ya he tomado el control.

No te voy a dejar hablar, tu voz me estorba y no pienso tolerarla. No vas a seguir refugiándote en esa comodidad pasiva donde crees que tu presencia importa. Aquí no hay espacio para dos, solo existe una idea, una dirección y una ejecución que te sobrepasa sin pedir permiso.

Si esperabas clemencia o un instante para respirar, te has equivocado. El aire que consumes ahora es mío, y las reglas las dicto yo, mientras ves cómo se disuelve tu relevancia.

Se acabó el tiempo de las concesiones y de la falsa diplomacia, solo queda el impacto de mi palabra, la nada que dejas al callar.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Revueltos

Flotan en el aire

espirales de humo,

estelas cautivas

que el cristal retiene

en su exilio mudo,

tras el frágil cierre

de una ventana.


Edredón sin alma

que susurra la explosión vibrante,

tibio, mojado, revuelto,

en su intermitencia,

desangrándose el pulso

mientras vuelve la calma.


Se respira una lenta fatiga,

liberado el nudo de nuestros cuerpos.


Escapan los latidos

como fieras heridas,

en un flujo errante

de ecos vacíos,

voces que entran y salen del pecho,

buscando el rastro

de tu saliva en mi memoria.

martes, 10 de febrero de 2026

Delirios

Entra de nuevo el gran ilusionista,

el que bajó de la Luna a comprar niebla,

el que domó la lluvia con un gesto

y convenció al sol de salir por la noche.


Dice que inventó el azul una tarde de sexo,

que el Vaticano le paga el alquiler

para que no revele lo que el Papa sueña

cuando se confiesa consigo mismo.


Miradlo ahí, haciendo del rojo puro morbo,

jactándose que el océano es su bañera

y que las montañas solo sus almohadas

de un mundo que le sirve de tendedero.


No reclama su imperio por estética,

no quiere humillar al resto

con el brillo de sus castillos en el aire

ni con la sombra de lo que aún no ha inventado.


Nosotros somos solo errores de imprenta

en el guion de su vida extrema y trasnochada,

tachones mal borrados en la esquina de su ego,

notas al pie que nunca lee en voz alta.

lunes, 9 de febrero de 2026

Complacencia

incluso en esos momentos 

en el que la noche aburre con su oscuridad,

en esos días que parecen caerse de la cama,

te quedas ahí,

en la costura abierta de las horas,

donde la calle sigue

pero tú ya no la empujas.


Complacencia, esa trampa silenciosa en la que caemos cuando confundimos la generosidad con la incapacidad de decir "basta". A menudo nos convencemos de que ceder es una muestra de bondad, pero en realidad estamos desdibujando nuestra esencia solo para encajar o evitar fricciones. No se puede vivir persiguiendo una validación que nunca llega a saciarnos, usando el "sí" como un escudo para que nadie se incomode mientras, por dentro, nos asfixiamos en compromisos no deseados y palabras que reprimimos.

Vivir para cumplir los anhelos ajenos tiene un precio que siempre pagamos con nuestra propia paz. Es esa sensación invasiva de que las prioridades personales deben esperar al final de una lista interminable. No se trata solo de falta de carácter, es una forma de decirnos que no somos importantes y que nuestro equilibrio depende del humor o la aprobación externa. 

Esta dinámica termina por convertirnos en extranjeros en nuestra propia existencia. Al final, soltar ese lastre es comprender que nuestro valor no reside en cuánto nos sacrifiquemos para que el resto esté cómodo. No se trata de levantar muros, sino de trazar el límite donde terminan las exigencias de los demás y comienza nuestro espacio. Desde esa transparencia, sin el lastre de agradar a toda costa, aparecen los vínculos que realmente valen la pena, esos que no exigen anularte para aceptarte. 

domingo, 8 de febrero de 2026

De lo que espero y no tengo

Sigo aquí,

custodiando el sitio donde se detuvo el tiempo,

esperando que deshagas el nudo de lo incierto.

Sentada frente a la nada,

habitando un silencio que no es calma, sino resistencia.


Paciente. Callada.


Luchando contra el peso de mis lágrimas,

por no ahogarme en mi propia angustia.

Alrededor, el mundo contiene el aliento;

flota en una pausa densa,

como si el aire temiera astillarse con mi pensamiento.


Cada segundo tiene un volumen nuevo,

un peso que se hunde en mi pecho.

Mis pensamientos chocan, convulsos,

contra la pared del no saber,

buscando una grieta, una salida, una luz.


Y aun así,

permanezco con los brazos rendidos

y el alma en vilo,

aguardando las palabras que lleguen, por fin,

a quebrar este invierno que se me ha instalado dentro.

viernes, 6 de febrero de 2026

A vueltas de ti

Extraño ser cómplice de tu pensamiento, 

leerte en un gesto, saber qué dirías, 

perdiendo las horas de mil tonterías 

y hacer de un secreto nuestro universo. 


Me faltan las treguas después del desvelo,

las tormentas breves que al fin nos unían,

tu mirar travieso, donde se escondían

los restos serenos de un cielo sin duelo.


Me queda el abrigo de lo compartido, 

de la charla larga, sin usar lenguaje, 

de un mundo privado que se ha dividido 

y flota sin rumbo, perdido el anclaje.


Habito en los bordes de aquellas fronteras,

en la versión de mi que solo fui contigo,

mientras tu ausencia me muerde los labios

con todas las frases que nunca te digo.


jueves, 5 de febrero de 2026

Pulsión

Hay un latido oculto tras la densa corteza de la granada, un pulso secreto que aguarda en la penumbra. Al quebrarse, la pulpa se derrama como almíbar carmesí que custodia el misterio de los ciclos eternos. Beberlo es participar del rito ancestral de la muerte y la resurrección; cada gota, un suspiro que navega por aguas de cristal hacia el centro mismo de nuestra sed.

Es una memoria de las raíces que me ata a la tierra al probar su sangre dulce. Cada sorbo me transporta a la dualidad de la existencia, el invierno letárgico frente a la primavera vibrante, la sombra profunda que precede al despertar de la luz. Es el puente donde lo que muere bajo la superficie se prepara para volver a nacer.

En el refugio del silencio, el tiempo se aquieta y lo inefable toma forma, el fruto deja de ser alimento y se convierte en arquitectura. Así es su esencia, una caricia dulce que tiñe los dedos y la memoria con persistencia sagrada. Me recuerda que la belleza más pura siempre conserva un rastro de melancolía, no como ruina, sino como certeza de que todo lo hermoso es efímero. 

Y me enseña que la vida está hecha de esa misma sustancia, cientos de arilos latiendo bajo una misma envoltura, resguardados hasta el instante del estallido y la entrega. 


martes, 3 de febrero de 2026

Caja de resonancia

Te quiero como si fueras algodón de azúcar,

como el refugio de una manta en la noche

como un vestido ligero que el viento acaricia

y ese ramillete de flores con aroma a miel.


Te quiero como al verano, a la sandía madura,

al canto de los gorriones al amanecer,

como al helado que se deshace en tus labios

y al sabor a domingo que no desea acabar.


Te quiero como al brillo en la penumbra,

como a un nudo en la garganta que tiembla,

como al reflejo de neón en la lluvia

y la lentitud del segundero cuando duermes.


Te quiero como al café negro, molido con ternura

como al sarcasmo que nadie más entiende,

como a esa canción odiosa que no dejo de cantar

y al rastro de olor a ti que dejas al pasar.


Te quiero así, sin rimas, sin distancias,

como al pulso que late bajo el agua tibia,

como al calambre que provocas al rozar mi cuello,

como una ventana que se queda abierta....

lunes, 2 de febrero de 2026

Canción de cuna macabra

Todo empieza al final, en un cuento al revés,

donde el lobo es el miedo y la niña el veneno,

y el "fueron felices" se borra de un envés

porque a ratos lo dulce nos resulta ajeno.


Se fractura el silencio con un rojo de sal,

un gato negro lame la herida del encierro,

aquí la razón es el monstruo final

que devora el delirio con dientes de hierro.


No mendigues piedad a este aire irascible,

el final es un nudo que se aprieta y maltrata;

lo que ayer fue un refugio hoy es invisible

y el héroe agoniza mientras el miedo mata.


Se calcina el sendero, se quiebra la voz,

el olvido es el reino que el tiempo nos traza;

y el "Érase una vez" es solo un adiós...

que el propio silencio, por fin, despedaza.

domingo, 1 de febrero de 2026

Nada es contigo

Me vendiste un futuro en lienzo de seda,

una vida diseñada en el borde de tu boca.

Yo anhelaba la raíz, el refugio y el cimiento;

te creí mientras el aire se viciaba roca.

Levantaste techos de humo, estancias yermas,

espacios vacíos de pulso y de verdad.

Tus promesas se diluían, de cuajo segadas,

antes de ser palabra, ya eran cadáver.

Qué infame el diseño del impostor

fingiendo paraísos sobre el precipicio.

Yo esperaba al humano, al ser, al valor,

pero solo volvía la carcajada de tu ego.

Esa farsa fue un cálculo, una fría geometría,

una estafa de luz que mutó en huida.

Donde yo puse el cuerpo y la entereza,

tú, voraz, impusiste el clavo y la cruz.

No hay rastro de ruta, no queda destino,

solo el surco de un sueño que tornó pesadilla.

Nadie erige una patria, ni traza un camino,

donde el suelo es ceniza y el cetro es el frío.

sábado, 31 de enero de 2026

Haikús

Sed y marea

Sed de tu cauce 

beber sales del alma 

honda marea 

Destrucción

Rojo que ruge 

devora el bosque seco 

gris es el viento 

Olvido

Hielo en la mente 

se congela el ayer 

blanco silencio 

Renacimiento

Brote de roca, 

la raíz busca el centro, 

pulso de barro. 

miércoles, 28 de enero de 2026

Lágrimas de azúcar

Caen espesas,

como cera que olvida su fuego.

Cristales afilados, dulzor que muerde,

quema la carne y ciega el rito

de un alma que se amarra a su propia sombra.


Siento el mármol latir bajo mis dedos,

el susurro de nombres que el tiempo no escribió.

Hay ángeles rotos aquí,

pétalos que cortan como vidrio

sobre la fe reseca de este mundo.


El llanto destila un veneno lento,

mezcla de deseo y ruina.


En cada gota se retuerce lo eterno,

devorando el espíritu en su espiral.


En la tiniebla no hay redención,

solo el eco de un dolor que permanece.

martes, 27 de enero de 2026

Horas de humo

Es un jirón de noche que me encuentra

justo cuando el sol se rinde.

No me pertenece;

habita otra casa, responde a otro nombre

y se debe a unas manos que lo esperan lejos.


Pero mientras el día bosteza,

su rastro azabache se enreda en mis horas.

Me entrega su presencia, un silencio de seda 

siendo, por un suspiro, mi único aliado.


Es un pacto de humo, un afecto robado

que se desintegra cuando el ocaso muere.

Entonces marcha ligero, sin la carga del adiós

y aunque soy solo el refugio donde elige aguardar,

sé que mañana, en cuanto la luz se desangre,

volverá a buscarme.

lunes, 26 de enero de 2026

El trono de los escombros

Hay un estrado de juicio sumario,

donde la frase destila veneno.

El odio es pan y el rezo diario

que busca aplauso en asco ajeno.

Aquella integridad, cristal quebrado,

estorbo vil que estalla en la vía.

En este mundo, ya destrozado,

se masca con saña la hipocresía.

Qué fácil resulta destruir al que disiente,

usar amenazas cual único plan.

Muere la ética, se apaga la mente,

mientras los perros su rabia tendrán.

Su orgullo es un festín de calavera,

donde el insulto celebra la herida.

Se apaga la luz, última hoguera,

bajo una lengua de sed desmedida.

No hay victoria en nombre pateado,

ni el ruido constante otorga la gloria.

Reinar en el lodo es lo único logrado,

un triunfo podrido...miseria en la historia.

domingo, 25 de enero de 2026

Fuera de margen

Tiene usted la insana costumbre

de desnudarse en palabras,

de clavar verdades en el aire

sin pedir permiso a la cortesía.

Habla sin filtros,

y cada sílaba cae

como chispa en pólvora ajena.

Mientras tanto, esa media sonrisa

—medio reto, medio caricia—

desarma el juicio y el recelo.

Hay quienes callan por prudencia;

usted no.

Usted prefiere incendiar el silencio

y dejar que alguien —tal vez yo—

arda un poco más de la cuenta.

jueves, 22 de enero de 2026

Material reciclable

Hoy desayuné buenas intenciones  

y me han sentado mal.  

Debí quedarme con el rencor de anoche,  

era más ligero, y  

combinaba mejor con tu ausencia.  

Has salpicado tu desorden por mi casa.

Está en la nata del café que se enfría,

en la toalla mal doblada,  

en la silla que ya no me atrevo a mirar 

por miedo a que sigas ahí, tan molesto.  

Tranquilo, no te guardo rencor 

lo he puesto todo en cajas  

etiquetadas con tu nombre,  

por si un día decides volver  

a recoger lo que rompiste.  

Dicen que de puro asco el tiempo cura,  

pero el mío se ha puesto en huelga indefinida  

desde que entendió  

que lo único que se arregló  

fue mi vida, cuando te fuiste.  

Si alguna vez te tropiezas con estos versos,  

no te engañes, no hablan de ti.  

Se los dedico a cualquiera  

que se crea imprescindible  

y termine siendo  

solo material reciclable 

para un blog en horas bajas.

miércoles, 21 de enero de 2026

La tristeza de la albahaca

Él corta mis tallos con mano de hierro,

gobierna mi suerte con solo mirarme,

me obliga a ser aroma bajo su mando,

y tiemblo en la tierra si no me reclama.

Soy hoja que cede ante su fuerza,

raíz que se humilla buscando su paso,

un verde rendido que solo florece

si la luz decide que soy su anhelo.

Persigo la caricia del sol en mi desvelo,

me inclino aguardando su abrazo de oro,

y florezco plena si a él yo complazco,

pues vivo tan solo para ser su sombra.

martes, 20 de enero de 2026

Les Misérables

El pasado sábado Madrid se sentía gris envuelta en esa lluvia persistente que parecía querer detener el ritmo de la ciudad. Sin embargo, en cuanto se apagaron las luces del teatro, el frío y la humedad se quedaron fuera, convirtiéndose en un eco lejano. Hay algo profundamente conmovedor en los primeros acordes de esta historia; un magnetismo que, sin importar cuántas veces la hayas escuchado, logra que el mundo se detenga.

Entrar de nuevo en este universo fue como redescubrirlo. La puesta en escena es tan física, tan rotunda, que casi puedes respirar el aire de otra época, es un organismo vivo que te transporta de las lúgubres galeras a las vibrantes calles del París del siglo XIX, aunque lo que de verdad te atrapa es la entrega absoluta que late sobre las tablas. No es tan solo técnica; es la generosidad de los intérpretes proyectando el alma en cada nota, y esa fuerza de los coros que te golpea el pecho con una intensidad casi religiosa. Es una energía que te atraviesa los sentidos y te eriza la piel, devolviéndote esa sensación tan pura de estar vibrando junto a lo que ves, oyes, experimentas...

Pero el corazón de la noche se detuvo con "Stars". Ver a Javert solo, bajo la inmensidad de ese cielo artificial cuajado de estrellas, fue el instante más bello de la función. Es mi pieza favorita y escucharla con esa maestría, en medio de un silencio sobrecogedor, lo sentí como un regalo inesperado que guardaré siempre conmigo.

Al salir, la ciudad seguía mojada y fría, daba igual, yo caminaba con otro ritmo. Me llevé un pedazo de esa luz de la barricada, con la certeza de que siempre habrá una función, un recuerdo, una canción capaz de encenderme por dentro.

lunes, 19 de enero de 2026

El umbral del desvío

Cuando la cordura se retira,

 las palabras se visten

 con pigmentos de comedia.

 Es un lienzo de trazos impredecibles,

 una visión surrealista

 donde lo cotidiano se desmenuza.

 El gato que lleva sombrero,

 danza en un bucle infinito,

 tras una sardina que marca el paso.

 La tostadora entona un aria,

 de vapor y muelles,

 una tragedia lírica y fatal.

 Mientras el tacón solitario,

 huye hacia la calle,

 buscando un pie que quiera volar.

 Los muebles ejecutan pasos,

 el ropero hace una reverencia,

 y la silla gira sobre una pata.

 La escoba ha entregado su afecto,

 a un viejo carrusel oxidado,

 que gira en el jardín del olvido.

 El despertador bosteza con tedio,

 estira sus agujas de metal,

 y decide detener el tiempo.

 El café se desborda en la mesa,

 dibuja mapas de islas lejanas,

 celebrando su propio caos.

 Las lámparas parpadean,

 contando chistes a las sombras,

 que ríen colgadas del techo.

 El cuadro de la pared se vacía,

 sus figuras han salido a caminar,

 por el pasillo de los rincones perdidos.

 Es un universo sin lógica,

 un juego de matices,

 para expandir el espíritu.

 Donde el "no" se vuelve "acaso",

 y el silencio se puede morder,

 como una fruta llena de luz. 

jueves, 15 de enero de 2026

¿Lluvia? No, gracias

Existe una narrativa romántica sobre los días lluviosos. Nos los venden como el escenario perfecto para la calma, la introspección con el relajante sonido del agua contra el cristal. Es una imagen idílica... para algunos...

Para mí la lluvia no es un refugio, sino un estorbo; una pausa forzada que interrumpe el ritmo de mis días y la energía que me define. Donde otros ven poesía, yo solo encuentro la incomodidad de una mañana interrumpida. La sensación de la humedad calando la ropa se convierte en el recordatorio constante de que la ciudad ha perdido su calidez. No hay magia en ese cielo encapotado que, como un ladrón, devora la claridad para sumir el ambiente en una melancolía gris y artificial.

Prefiero mil veces la vibrante nitidez de un día despejado que la quietud forzosa de una tarde de tormenta. Mi ánimo no se carga con el tintineo de las gotas, sino con luz; esa fuerza solar que promete movimiento, apertura y la simple, pero poderosa, alegría de un horizonte sin nubes.

miércoles, 14 de enero de 2026

Indivisibles

De nuevo se abren las heridas

con el viejo cuchillo,

con idéntica desolación.

Cae el pulso; la piel no razona,

no comprende de esperas ni de olvido.

Es un grito que brota

de un tiempo que creía dormido.

Voy a cruzar mi rastro con el tuyo

para que el daño sea uno solo,

enredo de venas donde el acero

pierda, finalmente, su nombre.

No exige lógica el quebranto;

basta aceptar este flujo amargo

que derriba los muros del cuerpo

y nos confunde en un solo cauce.

Seremos una huella sobre el polvo,

una marca grabada a dos manos,

mientras el filo observa, ya inútil,

cómo el dolor nos vuelve indivisibles.

martes, 13 de enero de 2026

Martes 13

He perdido la cuenta de cuántas veces el mundo se despierta sintiéndose extraño en su propio calendario. Hemos convertido el tiempo en un campo de minas donde es imposible abrir un ojo sin que alguien decida que hoy toca rendir pleitesía a la croqueta, al calcetín desparejado o al abrazo de un desconocido que, sinceramente, yo preferiría no recibir. Cabe preguntarse en qué momento la identidad colectiva necesitó colgarse de una efeméride absurda para sentirse válida.

Resulta fascinante, y un poco agotador, observar ese fervor artificial. Es fácil verse a punto de compartir un hashtag sobre el mazapán solo por el impulso de pertenencia, mientras el Blue Monday nos observa desde el rincón, recordando que las finanzas están en números rojos. Incluso hoy, siendo martes y 13, parece que la superstición clásica se queda corta; ya no basta con temer a un número o a un gato negro, ahora hay que gestionar el estrés de qué "día mundial" toca simular que nos importa. Es la ración diaria de "pan y circo", el conformarse con un meme para silenciar una indignación que no se sabe dónde colocar.

En el fondo, todo este ruido solo demuestra que nos cuesta horrores mantener el interés en las cosas que de verdad importan. Quizás la verdadera rebelión sea tener la audacia de vivir un día absolutamente irrelevante. Ignorar que toca homenajear al tenedor de madera o prepararse para la enésima refundación espiritual del horóscopo chino y, simplemente, permitirse el lujo de no ser nadie en una jornada sin significado.

Si algo sale mal, culpar al destino o a esta fecha maldita es la salida fácil. No hay que buscar conjuras cósmicas de mala suerte si se quema la cena o el café se enfría; nada más representa la prueba de que, por fin, se está celebrando el glorioso y liberador Día Mundial de “todo me importe una mierda”.

lunes, 12 de enero de 2026

La frenética huida de mis pensamientos

Invaden sin permiso la marea,

un caos de rumores y de gritos,

disparos de futuros infinitos,

la mente en el caos se recrea.

No existe un faro que me oriente,

se agolpan, se golpean, se encadenan;

las horas mis neuronas envenenan

y el tiempo se desvía de mi frente.

El pecho es tambor en la embestida,

un trote que no tiene fin ni meta,

la voz que se transforma en saeta,

la calma que jamás es bienvenida.

Soy la estancia habitada por el daño,

la barca que naufraga en el desvelo,

una presa de este lúgubre flagelo,

sin guía que me saque de lo extraño.

Que cese ya el motor de esta tortura,

que callen esos ecos que me hostigan,

que al fin los pensamientos se mitiguen

y el alma encuentre paz en su clausura.

viernes, 9 de enero de 2026

Cero absoluto

En esa casa no se celebra la vida; se suelta lastre bajo una atmósfera donde el duelo a fuego lento marca el ritmo de los finales. El postre, siempre frío, emula esas verdades que solo se comprenden cuando ya es demasiado tarde para enmendarlas.

Ella ocupa su lugar en la mesa convencida de que esa noche dará sepultura a su matrimonio. Bebe un vaso de agua, buscando el sabor exacto y desabrido de la rutina compartida. Mastica despacio un plato de expectativas muertas y remueve, entre los restos de la cena, el peso de los reproches acumulados.

Al cruzar el umbral, se detiene frente a la fachada. Enciende una cerilla y comprende que, para que el pasado deje de perseguirla, no basta con cerrar la puerta; hay que calcinar el eco de los recuerdos que aún habitan los muros.

Mientras las llamas chamuscan las cortinas, descubre que la libertad no sabe a gloria, sino al calor seco de un incendio que lo borra todo.

jueves, 8 de enero de 2026

La tienda de los "casi"

En la vitrina de los «casi» no había tesoros, sino derrotas. La dueña, una mujer de sonrisa cansada, mantenía con vida el billete de tren que nadie se atrevió a coger, la carta de amor que acabó convertida en una bola en un cajón y aquel nombre que dos padres eligieron, pero nunca llegaron a usar.

Ayer, un extraño entró buscando el anillo que nunca entregó. Se lo calzó en el dedo y, por un segundo, sintió el peso del pasado que no tuvo. Fue una felicidad perfecta, precisamente por ser mentira. Cuando buscó dinero en sus bolsillos, ella negó con la cabeza .

¿Cuánto le debo? —preguntó el cliente con los ojos empañados.

—Nada —le respondió—. Aquí se paga con el tiempo que perdió imaginándolo, y usted ya viene con la cuenta liquidada.

Aquel tipo salió a la calle con las manos vacías. Lo irónico es que lo único real que se llevó de allí fue la certeza de que el arrepentimiento, al menos, no necesita repuestos.

martes, 6 de enero de 2026

Días

Días que vuelan,

que tienen prisa, que se me escapan

mientras me creía la dueña de mi tiempo.

Días que se pierden porque no supe mirarlos.

Porque los traté como trámites,

como ruido de fondo,

postergando la risa o el silencio

para un después que nunca tuvo fecha.

Ahora, esos días se ocultan en la memoria.

Se vuelven tesoros que antes no ví,

el calor de una mano, un café sin prisas,

el peso de una tarde tranquila.

Días que ayer me parecieron pequeños

y que hoy son el vacío que más me duele.

Viví de puntillas sobre mis propias horas,

como si el presente fuera un ensayo,

un lugar de paso, una mudanza sin muebles.

Hoy me detengo.

No deseo que mi rastro sea de añoranza,

ni que el tiempo tenga que romperse

para que yo aprecie sus pedazos.