Ahí voy, con el saco lleno de espinas
y una orquesta de grillos desafinando en el pecho.
Estoy rallada, sí,
con esa fiebre que te hace bailar
mientras la vida se hunde entre charcos.
He visto a la luna bañándose en un nido de aceite
y le he pedido fuego para este cigarro de niebla.
Dicen que hablo con las sombras,
pero es que ellas tienen mejores historias
que los que caminan derecho, con el reloj al cuello
y el alma planchada.
Mi desvarío es este hambre de abismo,
urgencia de gritarle a los semáforos
que el verde es una mentira y el rojo...
el rojo es sangre viva.
No me busquen en la cordura, que ahí hace frío.
Búsquenme en la grieta, en el error,
en el salto que nadie se atreve a dar.
Deseo ser un relámpago
en esta ciudad de velas apagadas.
¡Vengan!
Rompamos los ecos que solo saben repetir el miedo.
Hoy el delirio es mi única patria
y el vértigo... mi mejor canción de cuna.

















