lunes, 6 de abril de 2026

Grietas, locura, frío


¡Mírenme!

Ahí voy, con el saco lleno de espinas

y una orquesta de grillos desafinando en el pecho.

Estoy rallada, sí,

con esa fiebre  que te hace bailar

mientras la vida se hunde entre charcos.

He visto a la luna bañándose en un nido de aceite

y le he pedido fuego para este cigarro de niebla.

Dicen que hablo con las sombras,

pero es que ellas tienen mejores historias

que los que caminan derecho, con el reloj al cuello

y el alma planchada.

Mi desvarío es este hambre de abismo,

urgencia de gritarle a los semáforos

que el verde es una mentira y el rojo... 

el rojo es sangre viva.

No me busquen en la cordura, que ahí hace frío.

Búsquenme en la grieta, en el error,

en el salto que nadie se atreve a dar.

Deseo ser un relámpago

en esta ciudad de velas apagadas.

¡Vengan!

Rompamos los ecos que solo saben repetir el miedo.

Hoy el delirio es mi única patria

y el vértigo... mi mejor canción de cuna.

lunes, 30 de marzo de 2026

Vaho

Me muevo en el filo del día,
sobre la médula negra del crepúsculo.
Rastreo la trama sorda,
el vaho de un radar visceral.
Sin plumas.
Solo el látigo de un cuero ciego
que lacera el aire,
tatuando estigmas en la tiniebla.
Volar tras el murciélago
es morder el borde del vacío,
incrustarse en las grietas
donde la luz se gangrena.
Es un pulso fúnebre,
un espasmo que anuda raíces de pánico;
ahí donde la noche ya no es muro,
sino una llaga que se ofrece como guía.
Persigo ese latido ponzoñoso,
esa sed de insecto y de fosa,
mientras el mundo se descompone.

domingo, 29 de marzo de 2026

Quien me habita


Dueño de mis cimientos.

He dejado de ser estructura

para ser el sótano

que solo tú transitas.

Mi voluntad se disuelve

como un terrón de azúcar

en el café.

No necesitas atarme,

mi cuerpo se desvanece

si tu mirada no lo sostiene.

Soy un satélite sin gravedad

cayendo,

infinitamente,

hacia tu centro.

Has colonizado

el lenguaje de mis nervios.

Cuando me tocas

no escucho una orden

mi sangre te reconoce.

Si dejas de mirarme,

pierdo el color.

Si dejas de nombrarme,

mi garganta se llena de musgo.

He claudicado

a la ambición de ser alguien.

Anhelo ser el eco de tu paso,

el rastro de humedad

que dejas al beberme,

la pausa necesaria

entre tus respiraciones.

viernes, 27 de marzo de 2026

Sedimento

Invisibles son las manos

que envuelven con caricias el resto 

de palabras.

Esas que no cupieron en la boca

y ahora se desmigajan en el aire

como un pan de silencio,

frases sueltas que han perdido el imán 

de la sintaxis.

Hay un tacto ciego que las recoge,

un pulso que no necesita nombre

para sostener lo que el labio dejó caer 

por peso.

Es en esa intemperie,

lejos del lenguaje útil y del adorno,

donde el balbuceo se vuelve refugio

y lo que no se dijo

encuentra quien lo resguarde.

jueves, 26 de marzo de 2026

Fratello


Cierro los ojos un instante y dejo que el pensamiento divague... en un rincón del mundo, alguien prueba por primera vez su comida favorita. Esa chispa de descubrimiento prende en mí, cálida y fugaz.

Imagino a otra persona recibiendo, al fin, la noticia que aguardaba desde hace años; la vida vuelve a latirle en el pecho, como si el aire tuviera otro sabor.

Puedo escuchar el ligero tambor de la cola de un perro, exultante de felicidad, solo porque su dueño ha regresado. No hay dicha más pura ni amor más sincero que ese.

Y mientras todo eso sucede, mientras las horas pasan sin tregua, te miro. Sé que ahora tu brillo parece atenuarse, que quizás sientas que la luz se te escapa entre los dedos. No olvides que eres la razón por la que alguien sonríe hoy, mañana, siempre.

Eres el pensamiento que calma el miedo en medio del ruido, el refugio invisible que sostiene a quien amas cuando el mundo se vuelve incierto. Tal vez no puedas verlo, pero hay corazones que respiran más tranquilos solo porque existes. 

martes, 24 de marzo de 2026

Plegaria sin oración

 


En algún lugar del tiempo, una llama lleva tu nombre.

Es un pedazo de mí buscándote allí donde el mapa se vuelve azul y profundo. Mientras la luz se despereza, cierro los ojos y te envío su calor a través del mar. Quiero que sientas cómo te envuelve, cómo te devuelve la paz cuando la vida pesa y cómo te inyecta esa fuerza silenciosa que solo nace del cariño verdadero.

Prendo esta luz para que el tiempo deje de ser una cuenta atrás y se transforme en un horizonte infinito; para que los días no se nos escapen, sino que se ensanchen, dándote permiso para disfrutar, para respirar hondo y para explorar con cada poro de tu piel.

Y mientras esta vela arda, aquí estaré yo, sosteniendo el fuego para que tu esperanza no se apague, para que continúes, para que vibres y para que cada mañana sea otra mañana.

Cruzo el océano en un destello solo para decirte que estoy contigo.

Abrazo de amor infinito.

lunes, 23 de marzo de 2026

Ruego


Ala quebrada, 

el viento te acuna 

mientras descansas. 


Fibra  de seda,

la magia remienda

tu firmeza. 


Cesa el frío, 

la fe teje tu alma

con hilos de oro.


Hebra de luz, 

tu herida se hace fuerza, 

vuela de nuevo. 


Cura tu ala, 

el cielo te abraza 

con su silencio. 

viernes, 20 de marzo de 2026

Sin filtros


Odio el consuelo que no encuentro, las frases hechas y los rayos de sol. Odio este aire que me pesa, las nubes que me estorban y la primavera que asoma; me parece un insulto, una fiesta a la que no quiero asistir mientras se desmoronan mis afectos.

Odio la impotencia. La odio con una rabia que me nace en el centro del pecho y se expande hasta dejarme sin aliento. Odio que el corazón se me encoja de esta manera, recordándome mi propia fragilidad. Pero, sobre todo, odio la distancia que nos mantiene alejados y la falta de control que me asfixia.

Daría lo que fuera por agarrar la existencia por los bordes, sacudirla y darle la vuelta hasta que el azar se pusiera de tu parte. Te mereces una oportunidad que no llega, un respiro que se te niega, y yo me quedo aquí, con las manos vacías, viendo cómo te enfrentas a una encrucijada que me desgarra el alma.

Odio saber que te voy a perder. Odio con toda mi alma aceptar que, demasiado pronto, dejaremos de hablar; que tu risa y tus bromas serán solo ecos en mi memoria. Me enfurece que gane la muerte, que se salga con la suya y me deje aquí, sin ti.

Odio no poder ser tu escudo. Odio que el amor, a veces, sea tan desesperadamente inútil para cambiar lo que sucede. Odio un destino que no acepto. Odio que este tablero de mierda esté del revés, y odio a la vida por permitirlo.

Estoy devastada.

martes, 17 de marzo de 2026

Radiografía de la deshumanización

 

El tiempo se estanca, se pudre, 

rueda su cadáver por la garganta del día.

Cada minuto, una astilla, 

cada gesto, una mordida agria.

Somos sombras sin origen,

marionetas del pulso eléctrico,

girando en la misma órbita

bajo relojes que no miran.

Nadie escucha ya el nombre del viento,

ni el temblor del cuerpo cuando recuerda.

Solo hay ruido, un ruido que reza,

un ruido que mata despacio.

Echo de menos el lujo de holgazanear,

morder el aire sin propósito,

aceptar que el vacío

también sabe latir.

Pero seguimos

con los ojos cerrados y el alma en horarios,

sorteando rutas que no hallan destino,

corriendo hacia un fin que no existe.

lunes, 16 de marzo de 2026

Ofrenda al Dueño de mi Silencio


 No me pertenece el aire

si Tu boca no lo dicta.

Soy el eco que se pliega

al rigor de la garganta.

Si detienes el paso,

mi existencia se disuelve;

si caminas, soy el polvo

que se inclina bajo Tu sombra.

Marcas la cadencia,

el golpe seco, el latido.

Me convierto en cuerda tensa

que aguarda Tu palabra.

No hay rincón en mi sangre

que no alumbre Tu nombre,

que no se encienda trémulo

al roce de Tu presencia.

Que Tu voluntad sea el surco

donde mi vida se siembra;

que mi libertad sea el nudo

de saberme cautiva.

Haz de mi vida un templo,

de mi entrega, la calma.

No busco ser otra cosa

que el pulso que Te sigue.

Que al mirarme, reconozcas

el fruto de Tus enseñanzas.

martes, 10 de marzo de 2026

El perfume de la bergamota


La luz muere porque tú lo ordenas.
No hay caricias, el rastro de la fusta es el único lenguaje que permites.
El aire se raja con el impacto y esa acidez intensa me invade los poros,
un frío estriado que huele a herida expuesta y a mordaza.
Mi voluntad no pasó de la puerta.
Ahora soy el eco de la tuya y del rastro punzante que me enciende.
Esa esencia se mezcla con el cuero negro,
un contraste que muerde la piel, que me asfixia, que me llena.
En este altar de sombras dejo de existir.
Soy un cuerpo que llega tarde a sus propios sentidos.
Someto mi olfato a tu estela de acero,
al aceite volátil que el látigo escupe en cada golpe.
Eres el dueño de cada partícula que respiro,
la chispa amarga que convierte el dolor en mi única certeza.
Tápame la boca. Bébeme el grito.
Que ese aroma a cáscara estrujada sea el único suelo que pisen mis rodillas.
En esta oscuridad, no hay nada más
solo tu mando, mi carne y ese rastro que me marca.

lunes, 9 de marzo de 2026

Balcones de la adolescencia

Todo empezó a los diecisiete, cuando la vida se medía por la distancia que unía mi balcón con el del bloque de enfrente. Yo estaba en COU, perdida entre apuntes de Selectividad, mientras en el edificio de delante unos chicos de Bailén estudiaban Aparejadores. Así conocí a Paco. 

Las noches de estudio acabaron convirtiéndose en confidencias, horas robadas al sueño, locuras inocentes… y pronto las charlas desde los balcones se quedaron cortas. Bajamos a la calle, formamos pandilla y su piso se transformó en nuestro refugio. Recuerdo el olor a papel vegetal, las reglas de dibujo y las tardes infinitas jugando a las cartas. Paco me fascinaba; tenía chispa, pero también novia. Yo me contentaba con tenerlo cerca, disfrutando de sus ocurrencias entre manos de tute y risas compartidas, guardando silencio para no romper el hechizo. 

El curso terminó, el mundo siguió adelante y la distancia, como suele hacer, se ocupó del resto. Dejamos de vernos. 

Dos años más tarde, el azar decidió hacer de las suyas en un centro comercial. Al cruzarnos, la inercia del pasado pesó más que el olvido. Intercambiamos teléfonos, y lo que en la adolescencia fue un deseo contenido estalló en encuentros furtivos. Ya no había enamoramiento, el corazón no latía con aquella urgencia desbocada, pero persistía una atracción física que pedía ser saldada. Eran citas sin promesas, simplemente porque nos gustábamos y porque podíamos. 

Hasta que un día, el círculo decidió cerrarse donde todo comenzó, en un balcón. Habíamos quedado, pero yo ya no era la misma. Me asomé a la barandilla y lo vi allí abajo, esperando en la acera. En ese instante, el móvil empezó a vibrar. Miré la pantalla, después a él en la distancia, y finalmente volví la vista hacia el interior de mi casa. Algo se había apagado. No respondí. Permanecí inmóvil, observando cómo, tras varios intentos, se alejaba. Hubo más llamadas, más esfuerzos por rescatar lo que se deshacía, pero mis evasivas terminaron por imponerse. No hicieron falta despedidas, dejé que el tiempo, el mismo que nos unió en aquel balcón, se encargara de borrarnos para siempre.

jueves, 5 de marzo de 2026

Vientos de añoranza

Volveré a casa, porque la sal no perdona y el magma conserva una memoria obstinada que late, ligera, incluso a kilómetros de distancia.

Regresaré cuando el viento, ese alisio eterno que acaricia el lomo de las cumbres, me traiga el rastro del incendio primigenio que nos dio la vida,  el aroma a piedra calcinada y a eternidad que solo quienes somos hijos del volcán sabemos descifrar.

Seguiré el hilo de la espuma, encaje salino que el océano teje contra los acantilados, hasta reconocer el pulso mineral del basalto y del malpaís, custodios de un calor que sobrevive mucho después de que el sol se hunda en su sueño.

Pertenezco a ese territorio, geográfico y emocional, donde el Atlántico se rinde ante la costa, y la lava , doblegada por los siglos,  se transfigura en arena. Mi identidad se forjó en esos contrastes, la severidad de la roca frente a la caricia del mar; el silencio de los barrancos infinitos que invitan al recogimiento frente al estruendo incesante de una rompiente.

Regresaré a buscar mi sombra perdida entre las palmeras, centinelas que custodian mi infancia. Buscaré el socaire de los muros de piedra, para que el aire yodado me devuelva la voz que en la península se fue apagando.

Me sumergiré de nuevo en ese azul eléctrico —cristalino, gélido y salvaje— que purifica todo lo superfluo. Bajo la superficie volveré a ser la criatura de roca y algas que nunca dejó de habitarme, entregándome sin resistencia a la marea.

Porque mi patria es un fragmento de fuego rodeado de agua, refugio de dunas nómadas y horizontes que obligan a soñar.

Volveré a casa, porque el océano me reclama. Mi raíz, aunque hoy parezca marchita, sigue haciendo sorriba en mi pecho, bebiendo en secreto de la misma orilla que me vio nacer y aguardando el instante de florecer, una vez más, en mi isla.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Drama de saldo

Me has dejado, vale.

Se supone que ahora debería ser una doliente enlutada,

vagar por las calles bajo la lluvia con aire etéreo

y tener la mirada de un bichillo abandonado.

Pero la realidad es mucho más cutre

me duele el pecho, sí,

pero será por esta obsesión de respirar hondo

para ver si encuentro el hueco sordo del que todos hablan

y solo nace un bostezo que no termina de salir.

Qué humillante es que mi gran tragedia

se resuma en que ahora me sobra tiempo

para contar las gotas que caen del grifo

o para reordenar mis fotos por orden de esperanza.

El universo sigue girando,

la gente compra el periódico,

el vecino sigue arrastrando muebles...

y yo aquí, dándole una importancia cósmica

al dilema de si cambiar las sábanas o el alma.

Es ridículo.

Mi corazón está roto, dicen.

Y tal vez sea verdad,

porque la otra noche, al apagar la luz,

juro que el silencio

parecía latir un poco más despacio.

martes, 3 de marzo de 2026

Habitar el frío

Empieza en el pecho.

Un brusco descenso de la temperatura que no avisa y, de pronto, lo tiñe todo de un gris pálido. Un vacío que calcina por dentro, que despoja de la seguridad y nos abandona a la intemperie. En ese instante, la firmeza se desvanece, el suelo se vuelve blando, inconsistente, y cada intento de avanzar o recuperar la compostura se convierte en un lento hundimiento.

Da miedo. Nos aterra comprobar que somos tan frágiles, que cualquier roce podría deshacernos. Por eso buscamos ruido, incendios ajenos o refugios prestados, cualquier cosa que nos devuelva el recuerdo de un calor pasado. Pero el invierno interno no se negocia. Se queda ahí, esperando a que dejemos de forcejear, a que olvidemos la urgencia de resistirnos.

Y dejas de pelear.

No finges estar de pie. Aceptas que eres esa gelatina que se escurre, y entonces el estruendo se apaga. El frío deja de ser algo que te ataca para convertirse en aliado, una superficie calma donde ya no hace falta dar explicaciones ni sostener ninguna forma.

No busques la salida todavía.

Quédate un poco más en este paisaje desnudo. A veces hace falta que todo se congele para poder ver, por fin, qué hay debajo. No necesitas tierra firme para no hundirte; solo recordar que tu propio latido es lo único que nunca deja de acompañarte.

lunes, 2 de marzo de 2026

Partitura de agua

Tus dedos desmenuzan la corola

con la lentitud precisa

de quien abre un nocturno.

No arrancas pétalos, tientas marfiles blandos

que se rinden al ardor de tu yema

hasta volverse harina de lluvia.


Cada latido libera una nota invisible,

la escala de la flor se difumina,

es un deshoje rítmico, una música que se licua.


La piel se vuelve dócil, acústica,

desintegrándose en un polen de escarcha

donde el deseo y la luz se confunden.

Se extinguen las notas, se vuelven residuo,

deslizándose por el relieve de tu tacto

hasta que el piano desaparece.


Ya no hay sonido, solo un reflejo que fluye.

La melodía se repliega en tu aliento,

mientras la caricia tiembla,

sosteniendo el silencio absoluto

de lo que fue armonía antes de ser agua.

martes, 24 de febrero de 2026

Una sirena mirando al sur

Ninguna brújula descifra su postura.

Ha soñado que el mundo termina allí,

donde el azul se espesa

y el viento murmura nombres de tierras

que jamás han visto la nieve.

Lleva la espalda curtida por el norte,

un frío que ya no la intimida.

Sus ojos, dos piedras arrojadas a la orilla,

fijos en el punto exacto

donde las aguas se vuelven cálidas

y la senda se pierde en espuma.

No aguarda a nadie,

ni hombre, ni barco, ni linaje que regrese.

Mira al sur porque allí el horizonte no ciega,

porque el mar abre una vía

hacia lo que nunca pudo ser.

Es estatua, memoria encallada,

un ancla viva eligiendo su abismo.


Mientras el mundo gira buscando un sentido,

ella permanece —húmeda, inmóvil—,

siendo la última frontera

entre el mar y el olvido.

lunes, 23 de febrero de 2026

Takotsubo

I. El impacto

Golpe de piedra,

el pecho se comprime,

falta tu aire.

II. La deformación 

Vaso de barro,

el músculo se rinde,

triste silueta.

III. El vacío

Muda la hoguera,

late un eco de ausencia,

hielo en las manos.

IV. La herida física

Mata el recuerdo,

el cuerpo es un abismo,

grieta en el alma.

V. El final

Cae la lluvia,

el peso se deshace,

vuelve el respiro.


jueves, 19 de febrero de 2026

Veo veo

Te veo.


Te veo detrás de tus excentricidades, entre esa amalgama de mensajes crípticos que lanzas con la urgencia del que exige una respuesta inmediata. Te veo en esas comedias histriónicas que usas como cebo, esperando a que sea yo quien muerda el anzuelo y corra tras de ti.

Juegas a esconderte porque te has convencido de que la indiferencia te hace invulnerable. Crees que, mientras no te muestres, enmudezcas, conservarás la ventaja en este tablero que solo existe en tu cabeza.


Sigue jugando.


Mantén tu sigilo y aliméntate de esa necia sensación de control. Pero recuerda que el juego solo dura mientras ambos decidimos que sigue siendo divertido. Disfruta de tu irrisoria ventaja. Pienso encontrarte justo en el instante en que bajes la guardia.

Más... cuidado, esconderse demasiado bien tiene un riesgo, y es que el otro aprenda a moverse en la oscuridad.


Y yo ya aprendí. 


Te veo.

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

La orfebrería frente al óxido

Confieso que sigo aquí, alimentando este espacio, por una cuestión de resistencia personal. Sentarme frente a la página en blanco no es un acto de comunicación, es una forma de insurrección ante la rutina, ante el esfuerzo físico y mental de quien se niega a que el tiempo, la desidia o la ausencia oxiden su capacidad de crear.

Escribir es, para mi, una disciplina semejante al entrenamiento del náufrago que pule su balsa cada día. No lo hace porque espere el rescate, sino porque ese gesto es lo que le mantiene cuerdo.

Soy consciente de que habito en un vacío, despojada de las personas que antes daban eco y refugio a mis pensamientos. Pero, en esa soledad, el ejercicio se vuelve más puro, más verdadero. Mi empeño aquí es el de una orfebre de la voluntad, cada día me detengo a componer, deshacer e hilvanar, a tirar de un hilo invisible que, a veces, se enreda en la memoria y, otras, se quiebra en seco, obligándome a borrar, a desandar lo trazado y a recomenzar desde la herida o el fracaso.

No escribo para el algoritmo. Escribo para desgranar historias y conseguir que encajen con precisión en el hueco de mi corazón. 

Cada párrafo que acuno en mi mente, cada adjetivo que arropo con mimo, cada verso que reconozco como mío, son pequeñas victorias —íntimas, silenciosas— contra el entumecimiento del espíritu.

Confieso que sigo aquí porque, mientras sea capaz de refugiarme del frío, envuelta en letras, merecerá la pena permanecer en un cálido, mullido y solitario yo.


martes, 17 de febrero de 2026

Rastro invisible

Qué curioso este peso que, poco a poco, deja de serlo. Lo percibo en la yema de los dedos, una vibración que antes era palabra y ahora es solo el eco de una intención. Escribo, pero las letras ya no aterrizan, quedan suspendidas, burbujas inconsistentes en un aire que ya no las soporta.

Me conmueven mis bordes al derretirse. No hay dolor en esta pérdida, solo una ingravidez que me deshilacha por dentro. El lenguaje se evapora, transformado en una niebla pegajosa que ha olvidado el modo de nombrar las cosas. ¡Qué inútil sería intentar sujetarme ahora!, querer atrapar, con las manos desnudas, el vaho disolviéndose en un espejo.

Me estoy volviendo transparente. Puedo ver el fondo de la página a través de mi propia voz. Ya no hay centro, solo una expansión lenta hacia los márgenes, un deshacerse rítmico y constante. Soy  humo, un dibujo gris que se enrosca en el cuaderno, pierde su figura y, finalmente, se entrega al vacío.


Casi no... me... siento...

lunes, 16 de febrero de 2026

Pereza

Hoy desperté siendo ausencia.

Inauguro un inventario de luz vacía,

donde el lunes es apenas un eco,

un naufragio remoto en el calendario.

El sofá, con su diplomacia de terciopelo,

me ofrece horizontes, mientras el reloj,

vencido,

dimite de su oficio de medir lo etéreo.

Afuera, la prisa muerde voraz,

aquí dentro, el aire medita su peso

y mi pensamiento se deslía en un bostezo.

Deserto de la vigilia, 

me quedo aquí, desarmada, 

viendo cómo la luz se desangra en la esquina 

sin pedirme nada a cambio.

Anhelo ver cómo el sol agota 

su ruta en la pared,

y yo, ovillada en mi cueva,

cultivo la extraña maestría

de diluirme... sin sostener al personaje.

jueves, 12 de febrero de 2026

De rodillas, tus palabras

No busques una pausa, no la encontrarás. Esto no es una conversación, tu opinión fue anulada antes siquiera de que intentaras formularla. He decidido que ya no aportas nada y he venido a ocupar cada centímetro de este espacio con una voluntad que no admite réplica.

La cortesía es el refugio de los débiles y no tengo tiempo para concederte un turno. Hablar es un privilegio que acabas de perder, y, mientras balbuceas excusas, yo ya he tomado el control.

No te voy a dejar hablar, tu voz me estorba y no pienso tolerarla. No vas a seguir refugiándote en esa comodidad pasiva donde crees que tu presencia importa. Aquí no hay espacio para dos, solo existe una idea, una dirección y una ejecución que te sobrepasa sin pedir permiso.

Si esperabas clemencia o un instante para respirar, te has equivocado. El aire que consumes ahora es mío, y las reglas las dicto yo, mientras ves cómo se disuelve tu relevancia.

Se acabó el tiempo de las concesiones y de la falsa diplomacia, solo queda el impacto de mi palabra, la nada que dejas al callar.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Revueltos

Flotan en el aire

espirales de humo,

estelas cautivas

que el cristal retiene

en su exilio mudo,

tras el frágil cierre

de una ventana.


Edredón sin alma

que susurra la explosión vibrante,

tibio, mojado, revuelto,

en su intermitencia,

desangrándose el pulso

mientras vuelve la calma.


Se respira una lenta fatiga,

liberado el nudo de nuestros cuerpos.


Escapan los latidos

como fieras heridas,

en un flujo errante

de ecos vacíos,

voces que entran y salen del pecho,

buscando el rastro

de tu saliva en mi memoria.

martes, 10 de febrero de 2026

Delirios

Entra de nuevo el gran ilusionista,

el que bajó de la Luna a comprar niebla,

el que domó la lluvia con un gesto

y convenció al sol de salir por la noche.


Dice que inventó el azul una tarde de sexo,

que el Vaticano le paga el alquiler

para que no revele lo que el Papa sueña

cuando se confiesa consigo mismo.


Miradlo ahí, haciendo del rojo puro morbo,

jactándose que el océano es su bañera

y que las montañas solo sus almohadas

de un mundo que le sirve de tendedero.


No reclama su imperio por estética,

no quiere humillar al resto

con el brillo de sus castillos en el aire

ni con la sombra de lo que aún no ha inventado.


Nosotros somos solo errores de imprenta

en el guion de su vida extrema y trasnochada,

tachones mal borrados en la esquina de su ego,

notas al pie que nunca lee en voz alta.

lunes, 9 de febrero de 2026

Complacencia

incluso en esos momentos 

en el que la noche aburre con su oscuridad,

en esos días que parecen caerse de la cama,

te quedas ahí,

en la costura abierta de las horas,

donde la calle sigue

pero tú ya no la empujas.


Complacencia, esa trampa silenciosa en la que caemos cuando confundimos la generosidad con la incapacidad de decir "basta". A menudo nos convencemos de que ceder es una muestra de bondad, pero en realidad estamos desdibujando nuestra esencia solo para encajar o evitar fricciones. No se puede vivir persiguiendo una validación que nunca llega a saciarnos, usando el "sí" como un escudo para que nadie se incomode mientras, por dentro, nos asfixiamos en compromisos no deseados y palabras que reprimimos.

Vivir para cumplir los anhelos ajenos tiene un precio que siempre pagamos con nuestra propia paz. Es esa sensación invasiva de que las prioridades personales deben esperar al final de una lista interminable. No se trata solo de falta de carácter, es una forma de decirnos que no somos importantes y que nuestro equilibrio depende del humor o la aprobación externa. 

Esta dinámica termina por convertirnos en extranjeros en nuestra propia existencia. Al final, soltar ese lastre es comprender que nuestro valor no reside en cuánto nos sacrifiquemos para que el resto esté cómodo. No se trata de levantar muros, sino de trazar el límite donde terminan las exigencias de los demás y comienza nuestro espacio. Desde esa transparencia, sin el lastre de agradar a toda costa, aparecen los vínculos que realmente valen la pena, esos que no exigen anularte para aceptarte. 

domingo, 8 de febrero de 2026

De lo que espero y no tengo

Sigo aquí,

custodiando el sitio donde se detuvo el tiempo,

esperando que deshagas el nudo de lo incierto.

Sentada frente a la nada,

habitando un silencio que no es calma, sino resistencia.


Paciente. Callada.


Luchando contra el peso de mis lágrimas,

por no ahogarme en mi propia angustia.

Alrededor, el mundo contiene el aliento;

flota en una pausa densa,

como si el aire temiera astillarse con mi pensamiento.


Cada segundo tiene un volumen nuevo,

un peso que se hunde en mi pecho.

Mis pensamientos chocan, convulsos,

contra la pared del no saber,

buscando una grieta, una salida, una luz.


Y aun así,

permanezco con los brazos rendidos

y el alma en vilo,

aguardando las palabras que lleguen, por fin,

a quebrar este invierno que se me ha instalado dentro.

viernes, 6 de febrero de 2026

A vueltas de ti

Extraño ser cómplice de tu pensamiento, 

leerte en un gesto, saber qué dirías, 

perdiendo las horas de mil tonterías 

y hacer de un secreto nuestro universo. 


Me faltan las treguas después del desvelo,

las tormentas breves que al fin nos unían,

tu mirar travieso, donde se escondían

los restos serenos de un cielo sin duelo.


Me queda el abrigo de lo compartido, 

de la charla larga, sin usar lenguaje, 

de un mundo privado que se ha dividido 

y flota sin rumbo, perdido el anclaje.


Habito en los bordes de aquellas fronteras,

en la versión de mi que solo fui contigo,

mientras tu ausencia me muerde los labios

con todas las frases que nunca te digo.


jueves, 5 de febrero de 2026

Pulsión

Hay un latido oculto tras la densa corteza de la granada, un pulso secreto que aguarda en la penumbra. Al quebrarse, la pulpa se derrama como almíbar carmesí que custodia el misterio de los ciclos eternos. Beberlo es participar del rito ancestral de la muerte y la resurrección; cada gota, un suspiro que navega por aguas de cristal hacia el centro mismo de nuestra sed.

Es una memoria de las raíces que me ata a la tierra al probar su sangre dulce. Cada sorbo me transporta a la dualidad de la existencia, el invierno letárgico frente a la primavera vibrante, la sombra profunda que precede al despertar de la luz. Es el puente donde lo que muere bajo la superficie se prepara para volver a nacer.

En el refugio del silencio, el tiempo se aquieta y lo inefable toma forma, el fruto deja de ser alimento y se convierte en arquitectura. Así es su esencia, una caricia dulce que tiñe los dedos y la memoria con persistencia sagrada. Me recuerda que la belleza más pura siempre conserva un rastro de melancolía, no como ruina, sino como certeza de que todo lo hermoso es efímero. 

Y me enseña que la vida está hecha de esa misma sustancia, cientos de arilos latiendo bajo una misma envoltura, resguardados hasta el instante del estallido y la entrega. 


martes, 3 de febrero de 2026

Caja de resonancia

Te quiero como si fueras algodón de azúcar,

como el refugio de una manta en la noche

como un vestido ligero que el viento acaricia

y ese ramillete de flores con aroma a miel.


Te quiero como al verano, a la sandía madura,

al canto de los gorriones al amanecer,

como al helado que se deshace en tus labios

y al sabor a domingo que no desea acabar.


Te quiero como al brillo en la penumbra,

como a un nudo en la garganta que tiembla,

como al reflejo de neón en la lluvia

y la lentitud del segundero cuando duermes.


Te quiero como al café negro, molido con ternura

como al sarcasmo que nadie más entiende,

como a esa canción odiosa que no dejo de cantar

y al rastro de olor a ti que dejas al pasar.


Te quiero así, sin rimas, sin distancias,

como al pulso que late bajo el agua tibia,

como al calambre que provocas al rozar mi cuello,

como una ventana que se queda abierta....

lunes, 2 de febrero de 2026

Canción de cuna macabra

Todo empieza al final, en un cuento al revés,

donde el lobo es el miedo y la niña el veneno,

y el "fueron felices" se borra de un envés

porque a ratos lo dulce nos resulta ajeno.


Se fractura el silencio con un rojo de sal,

un gato negro lame la herida del encierro,

aquí la razón es el monstruo final

que devora el delirio con dientes de hierro.


No mendigues piedad a este aire irascible,

el final es un nudo que se aprieta y maltrata;

lo que ayer fue un refugio hoy es invisible

y el héroe agoniza mientras el miedo mata.


Se calcina el sendero, se quiebra la voz,

el olvido es el reino que el tiempo nos traza;

y el "Érase una vez" es solo un adiós...

que el propio silencio, por fin, despedaza.

domingo, 1 de febrero de 2026

Nada es contigo

Me vendiste un futuro en lienzo de seda,

una vida diseñada en el borde de tu boca.

Yo anhelaba la raíz, el refugio y el cimiento;

te creí mientras el aire se viciaba roca.

Levantaste techos de humo, estancias yermas,

espacios vacíos de pulso y de verdad.

Tus promesas se diluían, de cuajo segadas,

antes de ser palabra, ya eran cadáver.

Qué infame el diseño del impostor

fingiendo paraísos sobre el precipicio.

Yo esperaba al humano, al ser, al valor,

pero solo volvía la carcajada de tu ego.

Esa farsa fue un cálculo, una fría geometría,

una estafa de luz que mutó en huida.

Donde yo puse el cuerpo y la entereza,

tú, voraz, impusiste el clavo y la cruz.

No hay rastro de ruta, no queda destino,

solo el surco de un sueño que tornó pesadilla.

Nadie erige una patria, ni traza un camino,

donde el suelo es ceniza y el cetro es el frío.

sábado, 31 de enero de 2026

Haikús

Sed y marea

Sed de tu cauce 

beber sales del alma 

honda marea 

Destrucción

Rojo que ruge 

devora el bosque seco 

gris es el viento 

Olvido

Hielo en la mente 

se congela el ayer 

blanco silencio 

Renacimiento

Brote de roca, 

la raíz busca el centro, 

pulso de barro. 

miércoles, 28 de enero de 2026

Lágrimas de azúcar

Caen espesas,

como cera que olvida su fuego.

Cristales afilados, dulzor que muerde,

quema la carne y ciega el rito

de un alma que se amarra a su propia sombra.


Siento el mármol latir bajo mis dedos,

el susurro de nombres que el tiempo no escribió.

Hay ángeles rotos aquí,

pétalos que cortan como vidrio

sobre la fe reseca de este mundo.


El llanto destila un veneno lento,

mezcla de deseo y ruina.


En cada gota se retuerce lo eterno,

devorando el espíritu en su espiral.


En la tiniebla no hay redención,

solo el eco de un dolor que permanece.

martes, 27 de enero de 2026

Horas de humo

Es un jirón de noche que me encuentra

justo cuando el sol se rinde.

No me pertenece;

habita otra casa, responde a otro nombre

y se debe a unas manos que lo esperan lejos.


Pero mientras el día bosteza,

su rastro azabache se enreda en mis horas.

Me entrega su presencia, un silencio de seda 

siendo, por un suspiro, mi único aliado.


Es un pacto de humo, un afecto robado

que se desintegra cuando el ocaso muere.

Entonces marcha ligero, sin la carga del adiós

y aunque soy solo el refugio donde elige aguardar,

sé que mañana, en cuanto la luz se desangre,

volverá a buscarme.

lunes, 26 de enero de 2026

El trono de los escombros

Hay un estrado de juicio sumario,

donde la frase destila veneno.

El odio es pan y el rezo diario

que busca aplauso en asco ajeno.

Aquella integridad, cristal quebrado,

estorbo vil que estalla en la vía.

En este mundo, ya destrozado,

se masca con saña la hipocresía.

Qué fácil resulta destruir al que disiente,

usar amenazas cual único plan.

Muere la ética, se apaga la mente,

mientras los perros su rabia tendrán.

Su orgullo es un festín de calavera,

donde el insulto celebra la herida.

Se apaga la luz, última hoguera,

bajo una lengua de sed desmedida.

No hay victoria en nombre pateado,

ni el ruido constante otorga la gloria.

Reinar en el lodo es lo único logrado,

un triunfo podrido...miseria en la historia.

domingo, 25 de enero de 2026

Fuera de margen

Tiene usted la insana costumbre

de desnudarse en palabras,

de clavar verdades en el aire

sin pedir permiso a la cortesía.

Habla sin filtros,

y cada sílaba cae

como chispa en pólvora ajena.

Mientras tanto, esa media sonrisa

—medio reto, medio caricia—

desarma el juicio y el recelo.

Hay quienes callan por prudencia;

usted no.

Usted prefiere incendiar el silencio

y dejar que alguien —tal vez yo—

arda un poco más de la cuenta.

jueves, 22 de enero de 2026

Material reciclable

Hoy desayuné buenas intenciones  

y me han sentado mal.  

Debí quedarme con el rencor de anoche,  

era más ligero, y  

combinaba mejor con tu ausencia.  

Has salpicado tu desorden por mi casa.

Está en la nata del café que se enfría,

en la toalla mal doblada,  

en la silla que ya no me atrevo a mirar 

por miedo a que sigas ahí, tan molesto.  

Tranquilo, no te guardo rencor 

lo he puesto todo en cajas  

etiquetadas con tu nombre,  

por si un día decides volver  

a recoger lo que rompiste.  

Dicen que de puro asco el tiempo cura,  

pero el mío se ha puesto en huelga indefinida  

desde que entendió  

que lo único que se arregló  

fue mi vida, cuando te fuiste.  

Si alguna vez te tropiezas con estos versos,  

no te engañes, no hablan de ti.  

Se los dedico a cualquiera  

que se crea imprescindible  

y termine siendo  

solo material reciclable 

para un blog en horas bajas.

miércoles, 21 de enero de 2026

La tristeza de la albahaca

Él corta mis tallos con mano de hierro,

gobierna mi suerte con solo mirarme,

me obliga a ser aroma bajo su mando,

y tiemblo en la tierra si no me reclama.

Soy hoja que cede ante su fuerza,

raíz que se humilla buscando su paso,

un verde rendido que solo florece

si la luz decide que soy su anhelo.

Persigo la caricia del sol en mi desvelo,

me inclino aguardando su abrazo de oro,

y florezco plena si a él yo complazco,

pues vivo tan solo para ser su sombra.

martes, 20 de enero de 2026

Les Misérables

El pasado sábado Madrid se sentía gris envuelta en esa lluvia persistente que parecía querer detener el ritmo de la ciudad. Sin embargo, en cuanto se apagaron las luces del teatro, el frío y la humedad se quedaron fuera, convirtiéndose en un eco lejano. Hay algo profundamente conmovedor en los primeros acordes de esta historia; un magnetismo que, sin importar cuántas veces la hayas escuchado, logra que el mundo se detenga.

Entrar de nuevo en este universo fue como redescubrirlo. La puesta en escena es tan física, tan rotunda, que casi puedes respirar el aire de otra época, es un organismo vivo que te transporta de las lúgubres galeras a las vibrantes calles del París del siglo XIX, aunque lo que de verdad te atrapa es la entrega absoluta que late sobre las tablas. No es tan solo técnica; es la generosidad de los intérpretes proyectando el alma en cada nota, y esa fuerza de los coros que te golpea el pecho con una intensidad casi religiosa. Es una energía que te atraviesa los sentidos y te eriza la piel, devolviéndote esa sensación tan pura de estar vibrando junto a lo que ves, oyes, experimentas...

Pero el corazón de la noche se detuvo con "Stars". Ver a Javert solo, bajo la inmensidad de ese cielo artificial cuajado de estrellas, fue el instante más bello de la función. Es mi pieza favorita y escucharla con esa maestría, en medio de un silencio sobrecogedor, lo sentí como un regalo inesperado que guardaré siempre conmigo.

Al salir, la ciudad seguía mojada y fría, daba igual, yo caminaba con otro ritmo. Me llevé un pedazo de esa luz de la barricada, con la certeza de que siempre habrá una función, un recuerdo, una canción capaz de encenderme por dentro.

lunes, 19 de enero de 2026

El umbral del desvío

Cuando la cordura se retira,

 las palabras se visten

 con pigmentos de comedia.

 Es un lienzo de trazos impredecibles,

 una visión surrealista

 donde lo cotidiano se desmenuza.

 El gato que lleva sombrero,

 danza en un bucle infinito,

 tras una sardina que marca el paso.

 La tostadora entona un aria,

 de vapor y muelles,

 una tragedia lírica y fatal.

 Mientras el tacón solitario,

 huye hacia la calle,

 buscando un pie que quiera volar.

 Los muebles ejecutan pasos,

 el ropero hace una reverencia,

 y la silla gira sobre una pata.

 La escoba ha entregado su afecto,

 a un viejo carrusel oxidado,

 que gira en el jardín del olvido.

 El despertador bosteza con tedio,

 estira sus agujas de metal,

 y decide detener el tiempo.

 El café se desborda en la mesa,

 dibuja mapas de islas lejanas,

 celebrando su propio caos.

 Las lámparas parpadean,

 contando chistes a las sombras,

 que ríen colgadas del techo.

 El cuadro de la pared se vacía,

 sus figuras han salido a caminar,

 por el pasillo de los rincones perdidos.

 Es un universo sin lógica,

 un juego de matices,

 para expandir el espíritu.

 Donde el "no" se vuelve "acaso",

 y el silencio se puede morder,

 como una fruta llena de luz.