martes, 17 de febrero de 2026

Rastro invisible

Qué curioso este peso que, poco a poco, deja de serlo. Lo percibo en la yema de los dedos, una vibración que antes era palabra y ahora es solo el eco de una intención. Escribo, pero las letras ya no aterrizan, quedan suspendidas, burbujas inconsistentes en un aire que ya no las soporta.

Me conmueven mis bordes al derretirse. No hay dolor en esta pérdida, solo una ingravidez que me deshilacha por dentro. El lenguaje se evapora, transformado en una niebla pegajosa que ha olvidado el modo de nombrar las cosas. ¡Qué inútil sería intentar sujetarme ahora!, querer atrapar, con las manos desnudas, el vaho disolviéndose en un espejo.

Me estoy volviendo transparente. Puedo ver el fondo de la página a través de mi propia voz. Ya no hay centro, solo una expansión lenta hacia los márgenes, un deshacerse rítmico y constante. Soy  humo, un dibujo gris que se enrosca en el cuaderno, pierde su figura y, finalmente, se entrega al vacío.


Casi no... me... siento...

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