jueves, 5 de febrero de 2026

Pulsión

Hay un latido oculto tras la densa corteza de la granada, un pulso secreto que aguarda en la penumbra. Al quebrarse, la pulpa se derrama como almíbar carmesí que custodia el misterio de los ciclos eternos. Beberlo es participar del rito ancestral de la muerte y la resurrección; cada gota, un suspiro que navega por aguas de cristal hacia el centro mismo de nuestra sed.

Es una memoria de las raíces que me ata a la tierra al probar su sangre dulce. Cada sorbo me transporta a la dualidad de la existencia, el invierno letárgico frente a la primavera vibrante, la sombra profunda que precede al despertar de la luz. Es el puente donde lo que muere bajo la superficie se prepara para volver a nacer.

En el refugio del silencio, el tiempo se aquieta y lo inefable toma forma, el fruto deja de ser alimento y se convierte en arquitectura. Así es su esencia, una caricia dulce que tiñe los dedos y la memoria con persistencia sagrada. Me recuerda que la belleza más pura siempre conserva un rastro de melancolía, no como ruina, sino como certeza de que todo lo hermoso es efímero. 

Y me enseña que la vida está hecha de esa misma sustancia, cientos de arilos latiendo bajo una misma envoltura, resguardados hasta el instante del estallido y la entrega. 


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