viernes, 22 de mayo de 2026

Dos azules

 

Es innegable que el Mediterráneo es un mar doméstico y protector, que invita a la calma y a flotar sin prisa. Sin embargo, siento cierta nostalgia al contemplarlo. Mi mirada, habituada a otra intensidad, busca algo que allí no existe; extraño el azul cobalto, denso y oscuro que solo pertenece al océano abierto. Y es que, indudablemente, el Mediterráneo relaja, pero es el Atlántico el que, con solo sentirlo, me produce una punzada de sonrisa en el corazón.

Viajar por ambos mundos es constatar que la belleza marina no tiene una sola definición. El Mediterráneo es una acuarela perfecta con tonos aguamarina, fondos claros y olas que apenas murmuran al lamer la arena, un paraje para contemplar desde la orilla. En cambio, el Atlántico es un óleo cargado de fuerza. Su color, como drama potente, intimida y fascina a la vez. Esa oscuridad es el reflejo de un gigante cuyas corrientes dispersan la luz de una forma única, creando un espectáculo visual imponente.

Para quienes hemos crecido en las islas, el mar es nuestra dosis de energía. Se respira vibrante mientras la salitre se pega a la piel, se siente en el rugido del oleaje rompiendo contra los cortados volcánicos. 

El Mediterráneo es un viaje hermoso que deleita el espíritu, el Atlántico es inmensidad, libertad, un grito salvaje que me cimbrea los huesos.

jueves, 21 de mayo de 2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

La edad de la luz

El ojo de la infancia bizquea,

fijo en el extremo donde la luz

se convierte en arcoíris.

Una mirada que se desarma en belleza

y la corta en rodajas de sandía colorá.

La silueta del ayer baja por la cuesta.

Corriendo, volando,

brazos rígidos, lágrimas de viento.

No hay arriba ni abajo,

la felicidad es una cuerda floja,

un ensueño con textura de algodón,

una danza de perfiles que chocan entre sí.

La cama aguarda en la penumbra,

mientras un pincel rasga el aire de verano.

martes, 19 de mayo de 2026

La imagen, Jean de Berg


No ha sido fácil encontrar este libro, pero ha merecido la pena y ahí va mi opinión.

Desde la primera página, La imagen te atrapa en una atmósfera fría y absorbente, arrastrándote a un juego de seducción donde cada pulsión está calculada al detalle. La historia gira en torno a un triángulo entre el narrador, Claire, una fotógrafa dominante y gélida, y Anne, una chica que parece existir solo para obedecerla. Aquí no hay traumas, la sumisión se muestra tal cual, un juego de poder que se ejecuta con precisión.

La forma de escribir de la autora es lo que de verdad me resulta fascinante, utiliza una prosa seca, sin cursilería ni morbo barato. Describe las escenas con una sobriedad que genera tensión corporal que engancha. No es un trabajo sencillo, te toca a ti traducir esos silencios y descifrar las miradas entre las protagonistas.

Lo que me ha atrapado es cómo demuestra que el verdadero erotismo no necesita de la acción física, está todo en la psicología, en la tensión mental y en el peso del control. Es una novela que no pide perdón por lo que cuenta ni intenta dar lecciones de moral. Se mete de lleno en la fantasía de los personajes hasta el final, demostrando que se puede escribir sobre el sometimiento con una elegancia increíble. 

Una joya perturbadora.

lunes, 18 de mayo de 2026

Cosas que no nos dijimos


Las paredes guardan un aire espeso.
Es un animal dormido en mitad del pasillo.

Pesa
lo que no supimos nombrar.

Nos fuimos deprisa,
como si nombrarlo
fuera a abrir grietas irreparables.
Verbos mal hilvanados,
todavía con aliento,
disueltos en vaho.

Ruido de fondo. Interferencia.

Y el abismo
haciendo su trabajo,
sin testigos.

No hubo un «lo siento»,
ni un «espera»
capaz de hallar la boca.

¡Qué frágil era
cuando me deshacía en ti!.

Callamos.

No sabíamos
que el silencio también quiebra,
como el agua macerando el hierro,
como una casa que se vacía sola
y deja jirones de vida
en las esquinas.

Recojo lo que no dijimos.

Le quito el polvo,
le invento un orden,
invierno, martes, despedida, 
casi...
le miento un poco.

Ya no arde.

Algunas noches,
cuando el frío pronuncia tu nombre,
un cristal cruje
astillándose dentro de la cabeza.

jueves, 14 de mayo de 2026

Una milonga que resuena en mi cabeza

 

Que se mueran de envidia los fantasmas del invierno, esta tarde no les abro la puerta, la he cerrado con llave. He tirado la melancolía por el desagüe y la tristeza al cubo de la basura. Qué alivio, qué descanso bajar del pedestal de la penita y dejar de arrastrar los pies por la casa.

Necesito creer que tengo derecho a la ligereza, a un pensamiento que fluya a borbotones, sin medir las pausas, sin pedir permiso ni buscar la metáfora perfecta. Es casi insultante lo sencillo que es estar bien cuando dejas de hurgarte el ombligo en busca de cicatrices.

Hoy la vida me gusta y la narro así, de corrido, solo para mí. Mañana ya se verá, tal vez vuelva a llover y regrese el drama o la distancia. Pero en este instante el compás es otro. El bandoneón de mi mente toca una melodía alegre así que voy a exprimir la tregua antes de que el mundo decida volver a ponerse intenso.

lunes, 11 de mayo de 2026

El arte de habitarme

 


Cuantas veces nos pegamos la hostia porque creemos que el amor es un “felices para siempre”. Una pena... pero no funciona así. Cuando el desamor te pasa por encima, te deja seca. Es ese vacío en el estómago al darte cuenta de que se acabó, te ves ahí, planchada, intentando recoger los trozos del suelo sin saber ni por dónde empezar a pegarlos.

Y claro, para que no nos vuelvan a destrozar, nos volvemos un poquito robots. Es esa desafección de mierda que hace que  desconectes, que mires todo desde lejos y te pones una coraza. Es cómodo, sí, porque dejas de sufrir, pero te quedas hueca por dentro.

Pero he aprendido que la salida no es dejar de sentir, sino el desapego. Hablo de querer de verdad sin la necesidad de que el otro sea de mi propiedad o de que mi paz dependa de que no se vaya. Es quitarse una mochila que pesa demasiado; es entender que me importas, pero que mi bienestar va primero y ya no voy a obligar a nadie a quedarse.

Al final, la gente que aparece en tu vida no viene a tapar tus huecos. Lo acepto y  no tengo miedo. 

jueves, 7 de mayo de 2026

martes, 5 de mayo de 2026

Cuento de criaturas y lunas




Bajo el influjo pálido de una luna de plata,

el centauro galopa sobre hojas dormidas,

estampa de hombre que sueña y bestia que resiste,

avanzando con el torso firme y el casco que golpea.

Sostiene en su mano una rosa encendida,

color de herida fresca y de lamento antiguo,

buscando en la sombra esa ruta perdida

que el polvo y los siglos le borraron al viento.

Frente a él se planta un toro de lomo amarillo,

como el trigo maduro que el sol ha tostado,

raíz de tierra que espera el encuentro

con un brillo azabache entre árboles sagrados.

Dos fuerzas se miran, lo humano y lo fiero,

cubiertos por el manto de escarcha y frío,

unidos por un lazo de luz y de acero

en el sueño infinito de un bosque sombrío.

jueves, 30 de abril de 2026

Inexplicable

 

Un puño cerrado dentro del pecho.

Eso es todo.


Me estruja el corazón

con la fuerza ciega de una bestia

que no sabe soltar.


El dolor pesa entre las costillas,

el aire llega a medias,

la garganta se seca de tanto contener.


No es tristeza.

Es este nudo de angustia y nervios

que me pliega hacia dentro,

que me obliga a hacerme pequeña.


Solo quiero que estalle,

que el llanto rompa de una vez

y me deje, al fin, vacía.

miércoles, 29 de abril de 2026

martes, 28 de abril de 2026

El susurro del mundo flotante

 

Cristal quebrado,

muere el río en el frío

bajo el silencio.


Espuma viva,

limpia el aire del monte

tu aliento azul.


Muerte de seda,

el jardín se desangra

flores en vuelo.


Velo de noche,

va borrando la luna

el cielo herido.

lunes, 27 de abril de 2026

Tienes miedo, corazón


Infinitas agujas traspasan mi cuerpo,

atraviesan la carne,

los nervios, el miedo,

y sin embargo,

no duelen.

Soy un entramado de filos y estocadas,

una costura de acero que ya no sangra.

Cada espina busca una llaga que no encuentra,

porque mi esencia se ha vuelto piedra,

o quizá solo ausencia.

He dejado que el frío me cosa a la tierra.

Los pespuntes son ahora cadenas en mi,

un andamio de hilos que me mantiene erguida

mientras por dentro me desintegro.

No hay queja.

No hay grito.

Solo el crujido seco del hierro contra el silencio.

Estoy tan llena de orificios

que el pesar ya no tiene dónde sujetarse,

pasa de largo,

como el cierzo a través de una viga rota.

No hay control.

Solo este blindaje.

Protegida de todo,

atrapada conmigo.

domingo, 26 de abril de 2026

Personaje/persona


Ayer vi una foto de alguien a quien conocía y me dio por pensar...

Dándole vueltas, me preguntaba dónde termina la valentía de ser uno mismo y dónde empieza ese impulso extraño de forzar la máquina para ser el alma de la fiesta. Creo que existe una frontera nítida entre la desinhibición y el hecho de acabar haciendo el payaso por mero afán de protagonismo.

Ser desinhibido es, para mí, un actitud envidiable. Es esa frescura de quien actúa sin el freno de mano puesto; alguien que baila o ríe porque le nace de las entrañas, sin solicitar permiso ni ofrecer disculpas. Es un acto de soberanía personal donde, si alguien mira, bien, y si no, también.

Sin embargo, en esa imagen no vi nada de eso. Vi a alguien forzando la pose, haciendo el tonto de manera deliberada para robar foco. Y es que todo cambia cuando el motor de tus actos deja de ser el disfrute propio y pasa a ser la mirada ajena. Ahí es cuando la espontaneidad muere y brota la estupidez. Es ese instante en el que el chiste se alarga en exceso o el comportamiento se vuelve errático, histriónico. 

Siempre tuvo la tendencia a ser el ombligo del mundo y un ego difícil de saciar pero hay algo en la falta de madurez que, al pasar los años, vuelve esa actitud un esperpento. Lo que en otro tiempo podía parecer divertido, audaz, hoy resulta ridículo. Me dio pena ver a alguien a quien quise aferrado a un personaje deformado, comprobar que esa chispa que un día tuvo se ha convertido en un ruido desesperado por seguir siendo el centro de atención. 

Seguro que le ríen las gracias, si, como al bufón de la corte.

sábado, 25 de abril de 2026

Si vas a cometer errores, que sean nuevos


Dicen que el tiempo lo cura todo, aunque se suele omitir que lo logra mediante engaños. La vida se comporta como un artesano que suaviza los relieves de antiguas tristezas, satura los matices de lo que fue gris y desdibuja con precisión los motivos por los cuales algo dejó de funcionar.

Transformamos en añoranza aquello que, en su día, resultó amargo. Nos aferramos al destello de lo que pudo ser, ignorando el desasosiego o la angustia que nos asfixiaba. Es un escondite confortable, una melancolía que nos convence de que el ayer es un refugio idílico, un paraíso diseñado a medida.

Sin embargo, ese cuento de hadas no es más que un espejismo moldeado por nuestro deseo. 

El riesgo está cuando se nos ocurre la brillante idea de dar una nueva oportunidad a lo que ya no existe.

En ese reencuentro es donde la imagen tantas veces soñada se desmorona y al tropezar con los mismos obstáculos, descubrimos que los filos nunca se marcharon simplemente habíamos dejado de palparlos. Mágicamente surge la sensación de ridículo, ese instante de lucidez en el que comprendemos que hemos estado guardándole luto a una quimera.

Porque la nostalgia es una embustera profesional, mientras que la realidad, tarde o temprano, nos devuelve el reflejo de lo que fuimos, sin filtros, sin piedad, descarnada.

jueves, 23 de abril de 2026

Humo de grandeza


Me alejé, volví, otra vez me fui, regresé...

Y está siendo agotador asomarse a las redes de BDSM y encontrar siempre el mismo decorado, tipos que confunden la autoridad con la mala educación. 

Mi percepción es que se ha extendido una plaga de perfiles que venden una "dominancia" de manual, una puesta en escena diseñada para saltarse los protocolos más básicos de respeto bajo el pretexto del rol.

Resulta extenuante observar cómo se utiliza la estética o la jerarquía como un atajo para el consumo rápido. Aparecen sin preámbulos, omitiendo cualquier tipo de cortesía, proyectando un desprecio impostado que no es más que el refugio de su propia mediocridad. Se presentan presumiendo de mazmorras y catálogos de cuero, como si el mobiliario o el equipo les otorgara el derecho a tratar a las mujeres como mobiliario prescindible o simples receptáculos de su ego.

Esa urgencia por controlar, sin haber construido un ápice de confianza, delata que no buscan una dinámica de poder, buscan una vía rápida para saciar sus carencias sin tener que esforzarse en la conexión. Creen que el mando consiste en escupir órdenes y alardear de herramientas, ignorando que la verdadera autoridad es una energía que se sostiene con responsabilidad, integridad y una lectura impecable del otro.

Esos que desaparecen cuando la sesión concluye, los que ignoran el cuidado posterior y los que confunden ser estricto con ser un maleducado, son los mismos que ensucian el concepto de entrega. La sumisión es un privilegio, un depósito de confianza que a estos "jerarcas" les queda inmenso.

Menos fotos de cuartos oscuros, de ropa interior abultada y más madurez emocional. Porque al final, detrás de tanto accesorio y tanta pose de señor oscuro, lo único que queda es un tipo con una alarmante falta de clase. 

miércoles, 22 de abril de 2026

Tiempo de musicales

 

Si pudiera viajar en el tiempo y contarle a mi yo de 17 años que me encantan los musicales, seguramente me miraría con esa mezcla de escepticismo y desdén que solo se tiene a esa edad. En aquel entonces, me resultaba inconcebible, me parecía absurdo que, en el clímax de una discusión o en un momento aleatorio, alguien decidiera romper la lógica del guión para ponerse a cantar. "Nadie hace eso en la vida real", pensaba con una soberbia que hoy me hace sonreír. En resumen, para mi eran un tostón.

Sin embargo, la vida tiene formas muy curiosas de desarmarte. En mi caso, el cambio vino a través de los sonidos que empezaron a habitar los pasillos de mi propia casa.

Casi sin darme cuenta, mi día a día se llenó de ensayos, de partituras abiertas sobre la mesa y de esa disciplina invisible de quien se prepara para dar vida a un escenario. Al principio, eran solo ruidos de fondo, fragmentos de canciones que se colaban por debajo de las puertas. Pero, con el tiempo, algo en esa dedicación ajena empezó a ablandar mi propio juicio. Ver cómo alguien a quien amas pone el alma en cada nota te obliga, inevitablemente, a escuchar con otros ojos.

Empecé a entender, a través de esa cercanía, que los musicales son el refugio de quienes necesitan decir lo indecible. Y lo mejor es que nos conecta, nos hace cómplices por unas horas.

Aquella joven que fruncía el ceño hoy sonríe en silencio, agradecida de que la música encontrara la manera de entrar en su vida a través del corazón de ese niño/hombre que a veces me deja sentir su latido.

martes, 21 de abril de 2026

El oscuro secreto de la ameba


Mediocre. 

No fue un proceso abrupto, fue una erosión lenta de la voluntad. Todo empezó un domingo que se alargó por desidia hasta el martes y terminó por convertirse en un estado de hibernación perpetua. Allí, donde antes hubo alguien con un nombre y un propósito, quedó una masa que renunció a la dignidad de tener huesos. La ameba dejó de vivir en la casa para empezar a escurrirse por ella, era una mancha derramada sobre el sofá, mimetizada con la tela, un bulto que el mueble terminó por aceptar como un defecto de fábrica.

De la antigua lucidez apenas sobrevivió un brillo estúpido en la mirada que devolvía la luz azul de una pantalla siempre encendida. Sus movimientos eran una deriva de carne flácida que solo buscaba el mínimo roce con el aire y que se limitaba a colonizar los huecos que dejaba la realidad, encogiendo su existencia hasta la mínima expresión.

A su alrededor, el mundo seguía viviendo, aunque él y su aburrimiento funcionaron como un agujero negro que se tragó el estruendo, el polvo y el oxígeno sin devolver nada a cambio. Fue el triunfo de la inercia sobre la ambición. Descubrió que, para sobrevivir no hace falta ser fuerte, ni inteligente, ni útil, basta con ocupar un espacio y esperar a que el universo se canse de intentar moverte.

lunes, 20 de abril de 2026

Donde la luz se vuelve herrumbre

 

Perdida en la bruma negra,

un sudario rancio devora los rastrojos del día.

Escucho el chasquido de una mandíbula que cruje,

mientras el aire exhala un efluvio amargo,

vaho de cicuta enredado en los pulmones.

Queda apenas un vestigio de quien fuiste,

fango ridículo en este páramo de falsedad,

donde el honor es solo un adorno estropeado.

Busco un atisbo de luz,

no por piedad, sino para ralentizar el hacha,

dilatando el suplicio con una calma gélida.

No habrá epitafios, solo el silencio de las larvas.

Me regodeo en tu pavor, en esa arcada final,

antes de hundir mis dedos en tu pecho

y arrancar de cuajo el latido que te sobra,

dejando que tu sangre sea el único color

que manche este lienzo de absoluto desprecio.

sábado, 18 de abril de 2026

BDSM sin candados

A menudo me cuestiono si es realmente necesario camuflar nuestras fantasías o esa identidad BDSM que nos define. Si partimos de la base de que es algo consensuado y que nos aporta plenitud, ¿por qué bajar la voz al mencionarlo?

Pienso que la respuesta no es un sí o un no absoluto; se trata, más bien, de un equilibrio delicado.

Históricamente, se nos ha grabado a fuego que cualquier vivencia fuera de la norma debe confinarse de puertas a dentro. Existe cierta razón en eso, la privacidad es un refugio necesario. Hay rincones de nuestra piel y parcelas del pensamiento que no tienen por qué ser de dominio público. No nace de la vergüenza, sino de entender que nuestra intimidad es un tesoro que solo entregamos a quien nosotros elegimos.

Sin embargo, hay una frontera peligrosa entre la reserva y el estigma del secreto.

Ocultarse pesa. El silencio impuesto te hace creer que algo en ti está quebrado, cuando la realidad es que el BDSM, habitado con consciencia, es una de las experiencias más honestas y profundamente humanas que existen. Protegerse del juicio ajeno es comprensible, pero vivir bajo el miedo constante a ser descubierto resulta agotador.

Entiendo que no tienes la obligación de portar una bandera si no te nace, pero tus deseos jamás deberían sentirse como una mancha. No es imperativo "salir del armario" ante la sociedad entera, pero sí es vital hallar espacios seguros, en la complicidad de una pareja, un círculo de confianza o una comunidad, donde sea posible abandonar la máscara y respirar.

Al final, no resguardamos nuestras ideas porque sean erróneas, sino porque el entorno, a menudo, carece de la profundidad necesaria para comprenderlas. Pero aquí, entre nosotros, no hay nada que esconder.

miércoles, 15 de abril de 2026

Apetito


Tengo la piel en celo,

un ardor que me apresa y me devora el juicio.

Saltan los cerrojos, no queda resistencia,

mis párpados han claudicado,

incapaces de domar la furia de mi sangre,

y la humedad no se contiene, se desborda

como un río que busca las llamas de tu cuerpo.


Me niego a la tregua, al destierro de tu boca.

Exijo el asalto, la colisión, la calentura de los sentidos.

Que mi carne se incruste en la tuya,

que el espasmo sea lo que nos haga temblar

mientras me fundo en la vorágine de tu deseo,

extirpando de mi cualquier rastro de ausencia.


Soy una urgencia física,

implorando ser devorada

en este estruendo de roces y latidos.

lunes, 13 de abril de 2026

Entre colores dos cuerpos


Empieza con el amarillo,

destello tenue nacido en el vientre,

oro filtrado entre las manos

antes de que el mundo sea incendio.


Se derrama el azul,

profundo y eléctrico cual mar nocturno,

esa calma tensa previa al rayo,

compás pausado de dos respiraciones.


Brotan los verdes,

selva viva creciendo en cada caricia,

fertilidad de dedos y labios

trazando rumbos sobre las curvas ajenas.


Estalla el rojo,

fuego ciego, puro brillo,

pulso constante trepando por las caderas

hasta borrar los bordes de la realidad.


Y emerge el violeta,

frontera sagrada de un cuerpo rendido,

abismo dulce sin nombres,

fulgor absoluto de un eclipse compartido.


Al final, el blanco,

total, radiante, infinito,

silencio limpio suspendido en el aire

cuando el resplandor descansa y todo es gemido.

jueves, 9 de abril de 2026

Cuatro hilos de la misma red

 


Sin amarras,

sin ataduras,

fundidos por un latido profundo.

Un solo cuerpo,

cuatro sombras paralelas

navegando al unísono.

El viento acechaba nuestras manos,

queriendo desunirlas,

pero solo conseguía

arrojarnos con brío

los unos hacia los otros.

Infancia con aroma a salitre,

a guarida de puertas cerradas,

bastión contra el rugido del mundo.

Extramuros,

el aire tañía con furia;

dentro, la calma era nuestra.

Fuimos, somos,

un racimo apretado

bajo el cenit de la isla.

Un lazo fiel,

inmune a las distancias,

tejidos por la misma sangre.

Es el código secreto

que solo los cuatro

desciframos.

Una hebra invisible

que sobrevive a los embates

y nos llama siempre de regreso.

Aunque el tiempo

difumine los antiguos contornos,

seguimos en esa esquina del antes,

sosteniéndonos,

avanzando todavía juntos

por las arterias de la memoria.

lunes, 6 de abril de 2026

Grietas, locura, frío


¡Mírenme!

Ahí voy, con el saco lleno de espinas

y una orquesta de grillos desafinando en el pecho.

Estoy rallada, sí,

con esa fiebre  que te hace bailar

mientras la vida se hunde entre charcos.

He visto a la luna bañándose en un nido de aceite

y le he pedido fuego para este cigarro de niebla.

Dicen que hablo con las sombras,

pero es que ellas tienen mejores historias

que los que caminan derecho, con el reloj al cuello

y el alma planchada.

Mi desvarío es este hambre de abismo,

urgencia de gritarle a los semáforos

que el verde es una mentira y el rojo... 

el rojo es sangre viva.

No me busquen en la cordura, que ahí hace frío.

Búsquenme en la grieta, en el error,

en el salto que nadie se atreve a dar.

Deseo ser un relámpago

en esta ciudad de velas apagadas.

¡Vengan!

Rompamos los ecos que solo saben repetir el miedo.

Hoy el delirio es mi única patria

y el vértigo... mi mejor canción de cuna.

lunes, 30 de marzo de 2026

Vaho

Me muevo en el filo del día,
sobre la médula negra del crepúsculo.
Rastreo la trama sorda,
el vaho de un radar visceral.
Sin plumas.
Solo el látigo de un cuero ciego
que lacera el aire,
tatuando estigmas en la tiniebla.
Volar tras el murciélago
es morder el borde del vacío,
incrustarse en las grietas
donde la luz se gangrena.
Es un pulso fúnebre,
un espasmo que anuda raíces de pánico;
ahí donde la noche ya no es muro,
sino una llaga que se ofrece como guía.
Persigo ese latido ponzoñoso,
esa sed de insecto y de fosa,
mientras el mundo se descompone.

domingo, 29 de marzo de 2026

Quien me habita


Dueño de mis cimientos.

He dejado de ser estructura

para ser el sótano

que solo tú transitas.

Mi voluntad se disuelve

como un terrón de azúcar

en el café.

No necesitas atarme,

mi cuerpo se desvanece

si tu mirada no lo sostiene.

Soy un satélite sin gravedad

cayendo,

infinitamente,

hacia tu centro.

Has colonizado

el lenguaje de mis nervios.

Cuando me tocas

no escucho una orden

mi sangre te reconoce.

Si dejas de mirarme,

pierdo el color.

Si dejas de nombrarme,

mi garganta se llena de musgo.

He claudicado

a la ambición de ser alguien.

Anhelo ser el eco de tu paso,

el rastro de humedad

que dejas al beberme,

la pausa necesaria

entre tus respiraciones.

viernes, 27 de marzo de 2026

Sedimento

Invisibles son las manos

que envuelven con caricias el resto 

de palabras.

Esas que no cupieron en la boca

y ahora se desmigajan en el aire

como un pan de silencio,

frases sueltas que han perdido el imán 

de la sintaxis.

Hay un tacto ciego que las recoge,

un pulso que no necesita nombre

para sostener lo que el labio dejó caer 

por peso.

Es en esa intemperie,

lejos del lenguaje útil y del adorno,

donde el balbuceo se vuelve refugio

y lo que no se dijo

encuentra quien lo resguarde.

jueves, 26 de marzo de 2026

Fratello


Cierro los ojos un instante y dejo que el pensamiento divague... en un rincón del mundo, alguien prueba por primera vez su comida favorita. Esa chispa de descubrimiento prende en mí, cálida y fugaz.

Imagino a otra persona recibiendo, al fin, la noticia que aguardaba desde hace años; la vida vuelve a latirle en el pecho, como si el aire tuviera otro sabor.

Puedo escuchar el ligero tambor de la cola de un perro, exultante de felicidad, solo porque su dueño ha regresado. No hay dicha más pura ni amor más sincero que ese.

Y mientras todo eso sucede, mientras las horas pasan sin tregua, te miro. Sé que ahora tu brillo parece atenuarse, que quizás sientas que la luz se te escapa entre los dedos. No olvides que eres la razón por la que alguien sonríe hoy, mañana, siempre.

Eres el pensamiento que calma el miedo en medio del ruido, el refugio invisible que sostiene a quien amas cuando el mundo se vuelve incierto. Tal vez no puedas verlo, pero hay corazones que respiran más tranquilos solo porque existes. 

martes, 24 de marzo de 2026

Plegaria sin oración

 


En algún lugar del tiempo, una llama lleva tu nombre.

Es un pedazo de mí buscándote allí donde el mapa se vuelve azul y profundo. Mientras la luz se despereza, cierro los ojos y te envío su calor a través del mar. Quiero que sientas cómo te envuelve, cómo te devuelve la paz cuando la vida pesa y cómo te inyecta esa fuerza silenciosa que solo nace del cariño verdadero.

Prendo esta luz para que el tiempo deje de ser una cuenta atrás y se transforme en un horizonte infinito; para que los días no se nos escapen, sino que se ensanchen, dándote permiso para disfrutar, para respirar hondo y para explorar con cada poro de tu piel.

Y mientras esta vela arda, aquí estaré yo, sosteniendo el fuego para que tu esperanza no se apague, para que continúes, para que vibres y para que cada mañana sea otra mañana.

Cruzo el océano en un destello solo para decirte que estoy contigo.

Abrazo de amor infinito.

lunes, 23 de marzo de 2026

Ruego


Ala quebrada, 

el viento te acuna 

mientras descansas. 


Fibra  de seda,

la magia remienda

tu firmeza. 


Cesa el frío, 

la fe teje tu alma

con hilos de oro.


Hebra de luz, 

tu herida se hace fuerza, 

vuela de nuevo. 


Cura tu ala, 

el cielo te abraza 

con su silencio. 

viernes, 20 de marzo de 2026

Sin filtros


Odio el consuelo que no encuentro, las frases hechas y los rayos de sol. Odio este aire que me pesa, las nubes que me estorban y la primavera que asoma; me parece un insulto, una fiesta a la que no quiero asistir mientras se desmoronan mis afectos.

Odio la impotencia. La odio con una rabia que me nace en el centro del pecho y se expande hasta dejarme sin aliento. Odio que el corazón se me encoja de esta manera, recordándome mi propia fragilidad. Pero, sobre todo, odio la distancia que nos mantiene alejados y la falta de control que me asfixia.

Daría lo que fuera por agarrar la existencia por los bordes, sacudirla y darle la vuelta hasta que el azar se pusiera de tu parte. Te mereces una oportunidad que no llega, un respiro que se te niega, y yo me quedo aquí, con las manos vacías, viendo cómo te enfrentas a una encrucijada que me desgarra el alma.

Odio saber que te voy a perder. Odio con toda mi alma aceptar que, demasiado pronto, dejaremos de hablar; que tu risa y tus bromas serán solo ecos en mi memoria. Me enfurece que gane la muerte, que se salga con la suya y me deje aquí, sin ti.

Odio no poder ser tu escudo. Odio que el amor, a veces, sea tan desesperadamente inútil para cambiar lo que sucede. Odio un destino que no acepto. Odio que este tablero de mierda esté del revés, y odio a la vida por permitirlo.

Estoy devastada.