lunes, 11 de mayo de 2026

El arte de habitarme

 


Cuantas veces nos pegamos la hostia porque creemos que el amor es un “felices para siempre”. Una pena... pero no funciona así. Cuando el desamor te pasa por encima, te deja seca. Es ese vacío en el estómago al darte cuenta de que se acabó, te ves ahí, planchada, intentando recoger los trozos del suelo sin saber ni por dónde empezar a pegarlos.

Y claro, para que no nos vuelvan a destrozar, nos volvemos un poquito robots. Es esa desafección de mierda que hace que  desconectes, que mires todo desde lejos y te pones una coraza. Es cómodo, sí, porque dejas de sufrir, pero te quedas hueca por dentro.

Pero he aprendido que la salida no es dejar de sentir, sino el desapego. Hablo de querer de verdad sin la necesidad de que el otro sea de mi propiedad o de que mi paz dependa de que no se vaya. Es quitarse una mochila que pesa demasiado; es entender que me importas, pero que mi bienestar va primero y ya no voy a obligar a nadie a quedarse.

Al final, la gente que aparece en tu vida no viene a tapar tus huecos. Lo acepto y  no tengo miedo. 

No hay comentarios: