lunes, 30 de marzo de 2026
Vaho
domingo, 29 de marzo de 2026
Quien me habita
He dejado de ser estructura
para ser el sótano
que solo tú transitas.
Mi voluntad se disuelve
como un terrón de azúcar
en el café.
No necesitas atarme,
mi cuerpo se desvanece
si tu mirada no lo sostiene.
Soy un satélite sin gravedad
cayendo,
infinitamente,
hacia tu centro.
Has colonizado
el lenguaje de mis nervios.
Cuando me tocas
no escucho una orden
mi sangre te reconoce.
Si dejas de mirarme,
pierdo el color.
Si dejas de nombrarme,
mi garganta se llena de musgo.
He claudicado
a la ambición de ser alguien.
Anhelo ser el eco de tu paso,
el rastro de humedad
que dejas al beberme,
la pausa necesaria
entre tus respiraciones.
viernes, 27 de marzo de 2026
Sedimento
Invisibles son las manos
que envuelven con caricias el resto
de palabras.
Esas que no cupieron en la boca
y ahora se desmigajan en el aire
como un pan de silencio,
frases sueltas que han perdido el imán
de la sintaxis.
Hay un tacto ciego que las recoge,
un pulso que no necesita nombre
para sostener lo que el labio dejó caer
por peso.
Es en esa intemperie,
lejos del lenguaje útil y del adorno,
donde el balbuceo se vuelve refugio
y lo que no se dijo
encuentra quien lo resguarde.
jueves, 26 de marzo de 2026
Fratello
Cierro los ojos un instante y dejo que el pensamiento divague... en un rincón del mundo, alguien prueba por primera vez su comida favorita. Esa chispa de descubrimiento prende en mí, cálida y fugaz.
Imagino a otra persona recibiendo, al fin, la noticia que aguardaba desde hace años; la vida vuelve a latirle en el pecho, como si el aire tuviera otro sabor.
Puedo escuchar el ligero tambor de la cola de un perro, exultante de felicidad, solo porque su dueño ha regresado. No hay dicha más pura ni amor más sincero que ese.
Y mientras todo eso sucede, mientras las horas pasan sin tregua, te miro. Sé que ahora tu brillo parece atenuarse, que quizás sientas que la luz se te escapa entre los dedos. No olvides que eres la razón por la que alguien sonríe hoy, mañana, siempre.
Eres el pensamiento que calma el miedo en medio del ruido, el refugio invisible que sostiene a quien amas cuando el mundo se vuelve incierto. Tal vez no puedas verlo, pero hay corazones que respiran más tranquilos solo porque existes.
martes, 24 de marzo de 2026
Plegaria sin oración
En algún lugar del tiempo, una llama lleva tu nombre.
Es un pedazo de mí buscándote allí donde el mapa se vuelve azul y profundo. Mientras la luz se despereza, cierro los ojos y te envío su calor a través del mar. Quiero que sientas cómo te envuelve, cómo te devuelve la paz cuando la vida pesa y cómo te inyecta esa fuerza silenciosa que solo nace del cariño verdadero.
Prendo esta luz para que el tiempo deje de ser una cuenta atrás y se transforme en un horizonte infinito; para que los días no se nos escapen, sino que se ensanchen, dándote permiso para disfrutar, para respirar hondo y para explorar con cada poro de tu piel.
Y mientras esta vela arda, aquí estaré yo, sosteniendo el fuego para que tu esperanza no se apague, para que continúes, para que vibres y para que cada mañana sea otra mañana.
Cruzo el océano en un destello solo para decirte que estoy contigo.
Abrazo de amor infinito.
lunes, 23 de marzo de 2026
Ruego
Ala quebrada,
el viento te acuna
mientras descansas.
Fibra de seda,
la magia remienda
tu firmeza.
Cesa el frío,
la fe teje tu alma
con hilos de oro.
Hebra de luz,
tu herida se hace fuerza,
vuela de nuevo.
Cura tu ala,
el cielo te abraza
con su silencio.
viernes, 20 de marzo de 2026
Sin filtros
Odio el consuelo que no encuentro, las frases hechas y los rayos de sol. Odio este aire que me pesa, las nubes que me estorban y la primavera que asoma; me parece un insulto, una fiesta a la que no quiero asistir mientras se desmoronan mis afectos.
Odio la impotencia. La odio con una rabia que me nace en el centro del pecho y se expande hasta dejarme sin aliento. Odio que el corazón se me encoja de esta manera, recordándome mi propia fragilidad. Pero, sobre todo, odio la distancia que nos mantiene alejados y la falta de control que me asfixia.
Daría lo que fuera por agarrar la existencia por los bordes, sacudirla y darle la vuelta hasta que el azar se pusiera de tu parte. Te mereces una oportunidad que no llega, un respiro que se te niega, y yo me quedo aquí, con las manos vacías, viendo cómo te enfrentas a una encrucijada que me desgarra el alma.
Odio saber que te voy a perder. Odio con toda mi alma aceptar que, demasiado pronto, dejaremos de hablar; que tu risa y tus bromas serán solo ecos en mi memoria. Me enfurece que gane la muerte, que se salga con la suya y me deje aquí, sin ti.
Odio no poder ser tu escudo. Odio que el amor, a veces, sea tan desesperadamente inútil para cambiar lo que sucede. Odio un destino que no acepto. Odio que este tablero de mierda esté del revés, y odio a la vida por permitirlo.
Estoy devastada.
martes, 17 de marzo de 2026
Radiografía de la deshumanización
El tiempo se estanca, se pudre,
rueda su cadáver por la garganta del día.
Cada minuto, una astilla,
cada gesto, una mordida agria.
Somos sombras sin origen,
marionetas del pulso eléctrico,
girando en la misma órbita
bajo relojes que no miran.
Nadie escucha ya el nombre del viento,
ni el temblor del cuerpo cuando recuerda.
Solo hay ruido, un ruido que reza,
un ruido que mata despacio.
Echo de menos el lujo de holgazanear,
morder el aire sin propósito,
aceptar que el vacío
también sabe latir.
Pero seguimos
con los ojos cerrados y el alma en horarios,
sorteando rutas que no hallan destino,
corriendo hacia un fin que no existe.
lunes, 16 de marzo de 2026
Ofrenda al Dueño de mi Silencio
si Tu boca no lo dicta.
Soy el eco que se pliega
al rigor de la garganta.
Si detienes el paso,
mi existencia se disuelve;
si caminas, soy el polvo
que se inclina bajo Tu sombra.
Marcas la cadencia,
el golpe seco, el latido.
Me convierto en cuerda tensa
que aguarda Tu palabra.
No hay rincón en mi sangre
que no alumbre Tu nombre,
que no se encienda trémulo
al roce de Tu presencia.
Que Tu voluntad sea el surco
donde mi vida se siembra;
que mi libertad sea el nudo
de saberme cautiva.
Haz de mi vida un templo,
de mi entrega, la calma.
No busco ser otra cosa
que el pulso que Te sigue.
Que al mirarme, reconozcas
el fruto de Tus enseñanzas.
martes, 10 de marzo de 2026
El perfume de la bergamota
lunes, 9 de marzo de 2026
Balcones de la adolescencia
domingo, 8 de marzo de 2026
jueves, 5 de marzo de 2026
Vientos de añoranza
Volveré a casa, porque la sal no perdona y el magma conserva una memoria obstinada que late, ligera, incluso a kilómetros de distancia.
Regresaré cuando el viento, ese alisio eterno que acaricia el lomo de las cumbres, me traiga el rastro del incendio primigenio que nos dio la vida, el aroma a piedra calcinada y a eternidad que solo quienes somos hijos del volcán sabemos descifrar.
Seguiré el hilo de la espuma, encaje salino que el océano teje contra los acantilados, hasta reconocer el pulso mineral del basalto y del malpaís, custodios de un calor que sobrevive mucho después de que el sol se hunda en su sueño.
Pertenezco a ese territorio, geográfico y emocional, donde el Atlántico se rinde ante la costa, y la lava , doblegada por los siglos, se transfigura en arena. Mi identidad se forjó en esos contrastes, la severidad de la roca frente a la caricia del mar; el silencio de los barrancos infinitos que invitan al recogimiento frente al estruendo incesante de una rompiente.
Regresaré a buscar mi sombra perdida entre las palmeras, centinelas que custodian mi infancia. Buscaré el socaire de los muros de piedra, para que el aire yodado me devuelva la voz que en la península se fue apagando.
Me sumergiré de nuevo en ese azul eléctrico —cristalino, gélido y salvaje— que purifica todo lo superfluo. Bajo la superficie volveré a ser la criatura de roca y algas que nunca dejó de habitarme, entregándome sin resistencia a la marea.
Porque mi patria es un fragmento de fuego rodeado de agua, refugio de dunas nómadas y horizontes que obligan a soñar.
Volveré a casa, porque el océano me reclama. Mi raíz, aunque hoy parezca marchita, sigue haciendo sorriba en mi pecho, bebiendo en secreto de la misma orilla que me vio nacer y aguardando el instante de florecer, una vez más, en mi isla.
miércoles, 4 de marzo de 2026
Drama de saldo
Me has dejado, vale.
Se supone que ahora debería ser una doliente enlutada,
vagar por las calles bajo la lluvia con aire etéreo
y tener la mirada de un bichillo abandonado.
Pero la realidad es mucho más cutre
me duele el pecho, sí,
pero será por esta obsesión de respirar hondo
para ver si encuentro el hueco sordo del que todos hablan
y solo nace un bostezo que no termina de salir.
Qué humillante es que mi gran tragedia
se resuma en que ahora me sobra tiempo
para contar las gotas que caen del grifo
o para reordenar mis fotos por orden de esperanza.
El universo sigue girando,
la gente compra el periódico,
el vecino sigue arrastrando muebles...
y yo aquí, dándole una importancia cósmica
al dilema de si cambiar las sábanas o el alma.
Es ridículo.
Mi corazón está roto, dicen.
Y tal vez sea verdad,
porque la otra noche, al apagar la luz,
juro que el silencio
parecía latir un poco más despacio.
martes, 3 de marzo de 2026
Habitar el frío
Empieza en el pecho.
Un brusco descenso de la temperatura que no avisa y, de pronto, lo tiñe todo de un gris pálido. Un vacío que calcina por dentro, que despoja de la seguridad y nos abandona a la intemperie. En ese instante, la firmeza se desvanece, el suelo se vuelve blando, inconsistente, y cada intento de avanzar o recuperar la compostura se convierte en un lento hundimiento.
Da miedo. Nos aterra comprobar que somos tan frágiles, que cualquier roce podría deshacernos. Por eso buscamos ruido, incendios ajenos o refugios prestados, cualquier cosa que nos devuelva el recuerdo de un calor pasado. Pero el invierno interno no se negocia. Se queda ahí, esperando a que dejemos de forcejear, a que olvidemos la urgencia de resistirnos.
Y dejas de pelear.
No finges estar de pie. Aceptas que eres esa gelatina que se escurre, y entonces el estruendo se apaga. El frío deja de ser algo que te ataca para convertirse en aliado, una superficie calma donde ya no hace falta dar explicaciones ni sostener ninguna forma.
No busques la salida todavía.
Quédate un poco más en este paisaje desnudo. A veces hace falta que todo se congele para poder ver, por fin, qué hay debajo. No necesitas tierra firme para no hundirte; solo recordar que tu propio latido es lo único que nunca deja de acompañarte.
lunes, 2 de marzo de 2026
Partitura de agua
Tus dedos desmenuzan la corola
con la lentitud precisa
de quien abre un nocturno.
No arrancas pétalos, tientas marfiles blandos
que se rinden al ardor de tu yema
hasta volverse harina de lluvia.
Cada latido libera una nota invisible,
la escala de la flor se difumina,
es un deshoje rítmico, una música que se licua.
La piel se vuelve dócil, acústica,
desintegrándose en un polen de escarcha
donde el deseo y la luz se confunden.
Se extinguen las notas, se vuelven residuo,
deslizándose por el relieve de tu tacto
hasta que el piano desaparece.
Ya no hay sonido, solo un reflejo que fluye.
La melodía se repliega en tu aliento,
mientras la caricia tiembla,
sosteniendo el silencio absoluto
de lo que fue armonía antes de ser agua.
















