lunes, 16 de marzo de 2026

Ofrenda al Dueño de mi Silencio


 No me pertenece el aire

si Tu boca no lo dicta.

Soy el eco que se pliega

al rigor de la garganta.

Si detienes el paso,

mi existencia se disuelve;

si caminas, soy el polvo

que se inclina bajo Tu sombra.

Marcas la cadencia,

el golpe seco, el latido.

Me convierto en cuerda tensa

que aguarda Tu palabra.

No hay rincón en mi sangre

que no alumbre Tu nombre,

que no se encienda trémulo

al roce de Tu presencia.

Que Tu voluntad sea el surco

donde mi vida se siembra;

que mi libertad sea el nudo

de saberme cautiva.

Haz de mi vida un templo,

de mi entrega, la calma.

No busco ser otra cosa

que el pulso que Te sigue.

Que al mirarme, reconozcas

el fruto de Tus enseñanzas.

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