Dueño de mis cimientos.
He dejado de ser estructura
para ser el sótano
que solo tú transitas.
Mi voluntad se disuelve
como un terrón de azúcar
en el café.
No necesitas atarme,
mi cuerpo se desvanece
si tu mirada no lo sostiene.
Soy un satélite sin gravedad
cayendo,
infinitamente,
hacia tu centro.
Has colonizado
el lenguaje de mis nervios.
Cuando me tocas
no escucho una orden
mi sangre te reconoce.
Si dejas de mirarme,
pierdo el color.
Si dejas de nombrarme,
mi garganta se llena de musgo.
He claudicado
a la ambición de ser alguien.
Anhelo ser el eco de tu paso,
el rastro de humedad
que dejas al beberme,
la pausa necesaria
entre tus respiraciones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario