viernes, 27 de marzo de 2026

Sedimento

Invisibles son las manos

que envuelven con caricias el resto 

de palabras.

Esas que no cupieron en la boca

y ahora se desmigajan en el aire

como un pan de silencio,

frases sueltas que han perdido el imán 

de la sintaxis.

Hay un tacto ciego que las recoge,

un pulso que no necesita nombre

para sostener lo que el labio dejó caer 

por peso.

Es en esa intemperie,

lejos del lenguaje útil y del adorno,

donde el balbuceo se vuelve refugio

y lo que no se dijo

encuentra quien lo resguarde.

No hay comentarios: