un ardor que me apresa y me devora el juicio.
Saltan los cerrojos, no queda resistencia,
mis párpados han claudicado,
incapaces de domar la furia de mi sangre,
y la humedad no se contiene, se desborda
como un río que busca las llamas de tu cuerpo.
Me niego a la tregua, al destierro de tu boca.
Exijo el asalto, la colisión, la calentura de los sentidos.
Que mi carne se incruste en la tuya,
que el espasmo sea lo que nos haga temblar
mientras me fundo en la vorágine de tu deseo,
extirpando de mi cualquier rastro de ausencia.
Soy una urgencia física,
implorando ser devorada
en este estruendo de roces y latidos.

















