Un puño cerrado dentro del pecho.
Eso es todo.
Me estruja el corazón
con la fuerza ciega de una bestia
que no sabe soltar.
El dolor pesa entre las costillas,
el aire llega a medias,
la garganta se seca de tanto contener.
No es tristeza.
Es este nudo de angustia y nervios
que me pliega hacia dentro,
que me obliga a hacerme pequeña.
Solo quiero que estalle,
que el llanto rompa de una vez
y me deje, al fin, vacía.







