viernes, 9 de octubre de 2026

Como luciérnagas para el corazón

Mirar el cielo, observar sin prisa esa transición en la que el día cede su espacio. Anochece mientras las nubes se diluyen en el final de la tarde. En esa lentitud, respirando la calma, entiendo que la vida no se mide solo en los pasos que damos hacia adelante, también son los momentos en los que decidimos detenernos a contemplar lo que nos rodea.

Es curioso cómo la quietud te limpia.

Y resulta que, en mitad de ese silencio, comienza el gorgojeo de los pájaros que regresan a sus nidos. Es una melodía suave, constante, que no satura, que reconforta y alimenta el alma justo cuando la tarde se apaga.

Pienso entonces en que existen personas que tienen ese mismo don. Seres que aparecen —o reaparecen— en nuestra vida de forma sutil, casi sin hacer ruido, pero cuya presencia se convierte en música necesaria. Y no hace falta la cercanía para sentir el calor de ese vínculo, basta una coincidencia de pensamientos, una palabra compartida en una pantalla o un rastro digital que te hace sonreír.

Son esas que, aun en la distancia, se convierten en refugio. 

Se ven las estrellas, ya duerme la claridad, pero estas horas me dejan la certeza de que la paz no es solo un instante de soledad mirando el horizonte, es también saber que, aún en la penumbra, hay quien entiende y comparte la misma melodía.

jueves, 8 de octubre de 2026

Grietas

 


He levantado muros tan altos

alrededor de las cosas tiernas,

que a veces olvido su forma,

su nombre,

su latente primavera.

Protejo todo aquello que me duele

para ponerlo a salvo de mí misma,

me convierto en hielo,

acallo las tormentas que me habitan.

Avanzo de puntillas por mi existencia,

las manos abrigadas en los bolsillos,

con miedo de que un roce inesperado

prenda la llama que llevo dentro.

Sin embargo, con la primera grieta,

el cuerpo comprende

que se puede ser refugio

aun desnudando las defensas.

martes, 6 de octubre de 2026

Cara o cruz

 


La moneda vuela.

Zumba mi cabeza

en un pitido sordo:

"olvida la cordura".

Y va el resto, sin dudas, a ciegas. 

La piel, el hambre que arrastro,

estos días remendados.

Si cae cruz...

Vacío seco, silencioso.

La tierra arrastrándome por el suelo

con el estómago congelado,

un nudo intermitente, voraz.

Pero si sale cara,

prenderá mi cuerpo,

estallando la sangre a borbotones.

Solo hay un modo, 

vivir a muerte o romperme, ahora.

Se me clava el aire al respirar

y ya no hay freno.

Que caiga.

sábado, 3 de octubre de 2026

Soy su decisión



Permanezco postrada en el suelo,

soy la sombra que acepta su lugar.

No levanto la vista, mis ojos

encuentran el contorno de tus pies,

ese límite de un mundo que no puedo gobernar,

porque sé que mirarte de frente

es un privilegio que solo tú concedes.

Mi cuerpo busca desvanecerse

en el espacio que me has asignado.

Una entrega silenciosa, vegetal,

que aguarda el sonido de tu voluntad.

Tú posees el saber, yo lo he cedido.

No hay voz en mis labios,

ni exigencia, ni ruego.

Si callas, el silencio me envuelve;

si me corriges, mi postura se pliega.

Complacerte es devoción callada.

Me basta con percibir en tu gesto,

esa calma soberana de quien sostiene las riendas,

para sentir que he justificado mi existencia.

Me disuelvo en ti sin condiciones.

Si decides llamarme, acudiré a tu regazo.

Lloraré sin que el llanto altere tu paz,

con una honda gratitud por tus atenciones.

Ya no me pertenezco.

Soy la quietud de la hiedra que se rinde a la piedra,

una huella difusa que el viento no borra,

una propiedad con nombre que surgió de tu dominio.

jueves, 1 de octubre de 2026

Verano bipolar


Aparecía en verano, como la marea, y en septiembre se iba y me dejaba con el mismo desconcierto estúpido y sin saber cómo resolverlo. Soporté sus idas y venidas durante años, intentando entender qué le pasaba por la cabeza, hasta que me di cuenta de que la empatía no puede ser un billete de ida y vuelta que él usara cuando le diera la gana. El día que dejé de justificarlo, de justificarme, también, y puse un límite, su orgullo se rompió. Se fue ofendido, muy digno, muy él. Al verlo marchar con esa soberbia tan frágil, me dio pena. Es muy triste ver a alguien caminar hacia la soledad, atrapado en sus propias neuras, creyendo ganar una batalla cuando lo que está haciendo es cerrar la única casa donde de verdad lo esperaban. Yo me limité a entornar la puerta, deseándole, en silencio, la paz que no sabe encontrar.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Versos para el ayer

Quedó tu nombre pegado a los días tibios,

cuando las horas, vibrantes, eran una promesa.

Hoy miro al ayer, sin llamarte, sin verte, 

tan solo por recordar los ecos de esa risa 

que dejamos atrás.

Fuiste la luz de un atardecer que tardó en morir,

una fiebre densa y extraña que estrangulaba mi piel.

Después, el destino nos rompió, olvidó las ensoñaciones.

El reloj nos arrastró a cada uno por su lado.

No te guardo rencor, no siento nostalgia.

No queda mucho en pie de nuestro paso,

Tal vez el verso torcido de una mala decisión,

o el refugio a ciegas donde nos perdimos.

Duerme en paz lo que fue, intacto y sereno,

como un sol que se apagó sin hacer ruido.

Los años seguirán su marcha, firmes, ajenos,

y sobre mí quedará la huella suave de lo que fuimos.

lunes, 28 de septiembre de 2026

jueves, 24 de septiembre de 2026

Rastro y piel


Te busco en camas donde nunca estuviste.

Desgasto pieles sin nombre,

carne extraña que no sabe de ti,

persiguiendo el espejismo que inventé

después de tu huida.

Miro pupilas ajenas

como si en ellas pudiera encontrar tu rastro.

Navego sobre cuerpos sin afecto,

habitaciones que no consiguen nombrarte,

y solo encuentro el desprecio del silencio

en este esqueleto de hogar a oscuras.

Esa es la condena del desahucio, 

obligar al náufrago a beberse la arena,

buscar tu hoguera en un muelle abandonado

y gemir tu nombre

en los brazos de cualquier desconocido.

jueves, 23 de julio de 2026

IBN ZAYDUN

 

¿Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas

y no ignoras el lugar que en mi corazón ocupas,

y cómo el amor me guía y me dejo llevar con obediencia

y no soporto más cadenas que las tuyas,

te satisface que la enfermedad me revista como túnica al cuerpo?

He teñido de negro por su causa mis ojos con vigilias.

Pasa tus ojos sobre las líneas de mi escrito

y encontrarás mis lágrimas desposadas con la tinta.

¡Por Allah!, ¡que ya mi corazón se derrama

en su lamento por un corazón tan duro!


Wallada fue una mujer fuera de lo común con respecto a la sociedad cordobesa de los primeros años del siglo XI: prescindió de tutela masculina y del uso del velo y abrió un salón literario en su casa, donde la princesa impartió clases de lectura y escritura a las hijas de familias adineradas de la ciudad, al mismo tiempo que iniciaba a las esclavas en el arte de la poesía y el canto. Con el tiempo, este salón se convirtió en lugar de reunión de intelectuales del momento que discutían acerca de temas de política pero ella siempre hacía mención en el desarrollo de la poesía. En estas sesiones poéticas, se llevaban a cabo improvisaciones de versos y estrofas, algo que estaba muy de moda en la Córdoba de aquel momento. 

En una velada poética surgió el amor entre Wallada y el poeta Ibn Zaydun. Mantuvieron esa relación a escondidas ya que ella pertenecía a la familia Omeya y él estaba vinculado directamente con el linaje rival, los Banu Yahwar. Ibn Abdús, un visir de la corte del califa en esos años, deseaba a Wallada y para separarla del poeta sobornó a una esclava para que sedujera a Ibn Zaydun, lo cual consiguió. Cuando Wallada se enteró, montó en cólera y, a partir de ese momento, el joven comenzó a escribir poemas buscando el perdón sin éxito. 

Ibn Abdús, no se contentó con provocar la separación de ambos si no que hizo también que el influyente Ibn Zaydun perdiera su status llegando incluso a ser encarcelado. Finalmente, el despecho pudo más que el amor que ambos se profesaban y Wallada vivió bajo la protección de Abdús. 

Ibn Zaydun, por su parte, consiguió superar sus dificultades y llegó a convertirse en visir en la corte sevillana donde murió hacia 1070.

martes, 14 de julio de 2026

Desmenuzando naufragios

 


No miento si sostengo este amor frente al vacío.

Interpelo al firmamento sin descifrar el motivo,

acaso por el hábito ciego de nombrarte,

mientras lo único que regresa

es esta ráfaga de hielo muda.

Se incrustó en mi memoria aquella melodía.

Apenas un susurro mientras los cuerpos chocaban

con la prisa violenta de quien intuye el derrumbe,

queriendo encadenar

lo que ya se nos iba de las manos.

Al caer la penumbra, te invoco.

Un impulso mecánico

la mano se estira y tropieza con la nada.

Solo queda un espacio plomizo

y yo, orbitando sobre los escombros.

He buscado una tregua en la razón, lo juro.

Gobernar este incendio que me ruge en los huesos,

pero la lógica se quiebra,

el pensamiento claudica

allí donde el pecho insiste.

Me brota una cadencia torpe,

desprovista de voz,

moldeada con los restos de lo que fuimos.

Su latido lastima,

aunque logre aflojar, por un instante, la asfixia.

Y permanezco aquí.

Aguardando tu rastro contra toda cordura.

Sujeta al naufragio de que algo nos sobrevive,

aunque el terreno sea hostil,

aunque llegues demasiado tarde.