Una noche
se cansó de pisar flores,
de gritarle a la luna que no hay derecho.
Se le partió la boca,
un montón de huesos,
un gesto torcido y maldito.
Enfermó de llorar borracha,
cayendo en un pozo de sueño,
escupió los recuerdos con la fiebre.
Agarró su dolor,
lo durmió entre las legañas,
se fue sin hacer ruido,
rompiendo los sueños pegajosos,
uno a uno.
Después, bajo el cielo,
estalló la rabia,
se rajó los brazos con furia,
caminó por el borde de la locura,
rompiendo el cofre de sus secretos.
Soltó el veneno,
maldiciendo por dentro,
se mezcló con la noche,
oscura,
como su alma.
Se hartó una noche,
apretó los labios resecos,
y ya no estuvo.





















