Extraño ser cómplice de tu pensamiento,
leerte en un gesto, saber qué dirías,
perdiendo las horas de mil tonterías
y hacer de un secreto nuestro universo.
Me faltan las treguas después del desvelo,
las tormentas breves que al fin nos unían,
tu mirar travieso, donde se escondían
los restos serenos de un cielo sin duelo.
Me queda el abrigo de lo compartido,
de la charla larga, sin usar lenguaje,
de un mundo privado que se ha dividido
y flota sin rumbo, perdido el anclaje.
Habito en los bordes de aquellas fronteras,
en la versión de mi que solo fui contigo,
mientras tu ausencia me muerde los labios
con todas las frases que nunca te digo.