sábado, 18 de abril de 2026

BDSM sin candados

A menudo me cuestiono si es realmente necesario camuflar nuestras fantasías o esa identidad BDSM que nos define. Si partimos de la base de que es algo consensuado y que nos aporta plenitud, ¿por qué bajar la voz al mencionarlo?

Pienso que la respuesta no es un sí o un no absoluto; se trata, más bien, de un equilibrio delicado.

Históricamente, se nos ha grabado a fuego que cualquier vivencia fuera de la norma debe confinarse de puertas a dentro. Existe cierta razón en eso, la privacidad es un refugio necesario. Hay rincones de nuestra piel y parcelas del pensamiento que no tienen por qué ser de dominio público. No nace de la vergüenza, sino de entender que nuestra intimidad es un tesoro que solo entregamos a quien nosotros elegimos.

Sin embargo, hay una frontera peligrosa entre la reserva y el estigma del secreto.

Ocultarse pesa. El silencio impuesto te hace creer que algo en ti está quebrado, cuando la realidad es que el BDSM, habitado con consciencia, es una de las experiencias más honestas y profundamente humanas que existen. Protegerse del juicio ajeno es comprensible, pero vivir bajo el miedo constante a ser descubierto resulta agotador.

Entiendo que no tienes la obligación de portar una bandera si no te nace, pero tus deseos jamás deberían sentirse como una mancha. No es imperativo "salir del armario" ante la sociedad entera, pero sí es vital hallar espacios seguros, en la complicidad de una pareja, un círculo de confianza o una comunidad, donde sea posible abandonar la máscara y respirar.

Al final, no resguardamos nuestras ideas porque sean erróneas, sino porque el entorno, a menudo, carece de la profundidad necesaria para comprenderlas. Pero aquí, entre nosotros, no hay nada que esconder.

miércoles, 15 de abril de 2026

Apetito


Tengo la piel en celo,

un ardor que me apresa y me devora el juicio.

Saltan los cerrojos, no queda resistencia,

mis párpados han claudicado,

incapaces de domar la furia de mi sangre,

y la humedad no se contiene, se desborda

como un río que busca las llamas de tu cuerpo.


Me niego a la tregua, al destierro de tu boca.

Exijo el asalto, la colisión, la calentura de los sentidos.

Que mi carne se incruste en la tuya,

que el espasmo sea lo que nos haga temblar

mientras me fundo en la vorágine de tu deseo,

extirpando de mi cualquier rastro de ausencia.


Soy una urgencia física,

implorando ser devorada

en este estruendo de roces y latidos.

lunes, 13 de abril de 2026

Entre colores dos cuerpos


Empieza con el amarillo,

destello tenue nacido en el vientre,

oro filtrado entre las manos

antes de que el mundo sea incendio.


Se derrama el azul,

profundo y eléctrico cual mar nocturno,

esa calma tensa previa al rayo,

compás pausado de dos respiraciones.


Brotan los verdes,

selva viva creciendo en cada caricia,

fertilidad de dedos y labios

trazando rumbos sobre las curvas ajenas.


Estalla el rojo,

fuego ciego, puro brillo,

pulso constante trepando por las caderas

hasta borrar los bordes de la realidad.


Y emerge el violeta,

frontera sagrada de un cuerpo rendido,

abismo dulce sin nombres,

fulgor absoluto de un eclipse compartido.


Al final, el blanco,

total, radiante, infinito,

silencio limpio suspendido en el aire

cuando el resplandor descansa y todo es gemido.

jueves, 9 de abril de 2026

Cuatro hilos de la misma red

 


Sin amarras,

sin ataduras,

fundidos por un latido profundo.

Un solo cuerpo,

cuatro sombras paralelas

navegando al unísono.

El viento acechaba nuestras manos,

queriendo desunirlas,

pero solo conseguía

arrojarnos con brío

los unos hacia los otros.

Infancia con aroma a salitre,

a guarida de puertas cerradas,

bastión contra el rugido del mundo.

Extramuros,

el aire tañía con furia;

dentro, la calma era nuestra.

Fuimos, somos,

un racimo apretado

bajo el cenit de la isla.

Un lazo fiel,

inmune a las distancias,

tejidos por la misma sangre.

Es el código secreto

que solo los cuatro

desciframos.

Una hebra invisible

que sobrevive a los embates

y nos llama siempre de regreso.

Aunque el tiempo

difumine los antiguos contornos,

seguimos en esa esquina del antes,

sosteniéndonos,

avanzando todavía juntos

por las arterias de la memoria.

lunes, 6 de abril de 2026

Grietas, locura, frío


¡Mírenme!

Ahí voy, con el saco lleno de espinas

y una orquesta de grillos desafinando en el pecho.

Estoy rallada, sí,

con esa fiebre  que te hace bailar

mientras la vida se hunde entre charcos.

He visto a la luna bañándose en un nido de aceite

y le he pedido fuego para este cigarro de niebla.

Dicen que hablo con las sombras,

pero es que ellas tienen mejores historias

que los que caminan derecho, con el reloj al cuello

y el alma planchada.

Mi desvarío es este hambre de abismo,

urgencia de gritarle a los semáforos

que el verde es una mentira y el rojo... 

el rojo es sangre viva.

No me busquen en la cordura, que ahí hace frío.

Búsquenme en la grieta, en el error,

en el salto que nadie se atreve a dar.

Deseo ser un relámpago

en esta ciudad de velas apagadas.

¡Vengan!

Rompamos los ecos que solo saben repetir el miedo.

Hoy el delirio es mi única patria

y el vértigo... mi mejor canción de cuna.

lunes, 30 de marzo de 2026

Vaho

Me muevo en el filo del día,
sobre la médula negra del crepúsculo.
Rastreo la trama sorda,
el vaho de un radar visceral.
Sin plumas.
Solo el látigo de un cuero ciego
que lacera el aire,
tatuando estigmas en la tiniebla.
Volar tras el murciélago
es morder el borde del vacío,
incrustarse en las grietas
donde la luz se gangrena.
Es un pulso fúnebre,
un espasmo que anuda raíces de pánico;
ahí donde la noche ya no es muro,
sino una llaga que se ofrece como guía.
Persigo ese latido ponzoñoso,
esa sed de insecto y de fosa,
mientras el mundo se descompone.

domingo, 29 de marzo de 2026

Quien me habita


Dueño de mis cimientos.

He dejado de ser estructura

para ser el sótano

que solo tú transitas.

Mi voluntad se disuelve

como un terrón de azúcar

en el café.

No necesitas atarme,

mi cuerpo se desvanece

si tu mirada no lo sostiene.

Soy un satélite sin gravedad

cayendo,

infinitamente,

hacia tu centro.

Has colonizado

el lenguaje de mis nervios.

Cuando me tocas

no escucho una orden

mi sangre te reconoce.

Si dejas de mirarme,

pierdo el color.

Si dejas de nombrarme,

mi garganta se llena de musgo.

He claudicado

a la ambición de ser alguien.

Anhelo ser el eco de tu paso,

el rastro de humedad

que dejas al beberme,

la pausa necesaria

entre tus respiraciones.

viernes, 27 de marzo de 2026

Sedimento

Invisibles son las manos

que envuelven con caricias el resto 

de palabras.

Esas que no cupieron en la boca

y ahora se desmigajan en el aire

como un pan de silencio,

frases sueltas que han perdido el imán 

de la sintaxis.

Hay un tacto ciego que las recoge,

un pulso que no necesita nombre

para sostener lo que el labio dejó caer 

por peso.

Es en esa intemperie,

lejos del lenguaje útil y del adorno,

donde el balbuceo se vuelve refugio

y lo que no se dijo

encuentra quien lo resguarde.

jueves, 26 de marzo de 2026

Fratello


Cierro los ojos un instante y dejo que el pensamiento divague... en un rincón del mundo, alguien prueba por primera vez su comida favorita. Esa chispa de descubrimiento prende en mí, cálida y fugaz.

Imagino a otra persona recibiendo, al fin, la noticia que aguardaba desde hace años; la vida vuelve a latirle en el pecho, como si el aire tuviera otro sabor.

Puedo escuchar el ligero tambor de la cola de un perro, exultante de felicidad, solo porque su dueño ha regresado. No hay dicha más pura ni amor más sincero que ese.

Y mientras todo eso sucede, mientras las horas pasan sin tregua, te miro. Sé que ahora tu brillo parece atenuarse, que quizás sientas que la luz se te escapa entre los dedos. No olvides que eres la razón por la que alguien sonríe hoy, mañana, siempre.

Eres el pensamiento que calma el miedo en medio del ruido, el refugio invisible que sostiene a quien amas cuando el mundo se vuelve incierto. Tal vez no puedas verlo, pero hay corazones que respiran más tranquilos solo porque existes.