viernes, 10 de abril de 2026
jueves, 9 de abril de 2026
Cuatro hilos de la misma red
Sin amarras,
sin ataduras,
fundidos por un latido profundo.
Un solo cuerpo,
cuatro sombras paralelas
navegando al unísono.
El viento acechaba nuestras manos,
queriendo desunirlas,
pero solo conseguía
arrojarnos con brío
los unos hacia los otros.
Infancia con aroma a salitre,
a guarida de puertas cerradas,
bastión contra el rugido del mundo.
Extramuros,
el aire tañía con furia;
dentro, la calma era nuestra.
Fuimos, somos,
un racimo apretado
bajo el cenit de la isla.
Un lazo fiel,
inmune a las distancias,
tejidos por la misma sangre.
Es el código secreto
que solo los cuatro
desciframos.
Una hebra invisible
que sobrevive a los embates
y nos llama siempre de regreso.
Aunque el tiempo
difumine los antiguos contornos,
seguimos en esa esquina del antes,
sosteniéndonos,
avanzando todavía juntos
por las arterias de la memoria.
lunes, 6 de abril de 2026
Grietas, locura, frío
Ahí voy, con el saco lleno de espinas
y una orquesta de grillos desafinando en el pecho.
Estoy rallada, sí,
con esa fiebre que te hace bailar
mientras la vida se hunde entre charcos.
He visto a la luna bañándose en un nido de aceite
y le he pedido fuego para este cigarro de niebla.
Dicen que hablo con las sombras,
pero es que ellas tienen mejores historias
que los que caminan derecho, con el reloj al cuello
y el alma planchada.
Mi desvarío es este hambre de abismo,
urgencia de gritarle a los semáforos
que el verde es una mentira y el rojo...
el rojo es sangre viva.
No me busquen en la cordura, que ahí hace frío.
Búsquenme en la grieta, en el error,
en el salto que nadie se atreve a dar.
Deseo ser un relámpago
en esta ciudad de velas apagadas.
¡Vengan!
Rompamos los ecos que solo saben repetir el miedo.
Hoy el delirio es mi única patria
y el vértigo... mi mejor canción de cuna.
lunes, 30 de marzo de 2026
Vaho
domingo, 29 de marzo de 2026
Quien me habita
He dejado de ser estructura
para ser el sótano
que solo tú transitas.
Mi voluntad se disuelve
como un terrón de azúcar
en el café.
No necesitas atarme,
mi cuerpo se desvanece
si tu mirada no lo sostiene.
Soy un satélite sin gravedad
cayendo,
infinitamente,
hacia tu centro.
Has colonizado
el lenguaje de mis nervios.
Cuando me tocas
no escucho una orden
mi sangre te reconoce.
Si dejas de mirarme,
pierdo el color.
Si dejas de nombrarme,
mi garganta se llena de musgo.
He claudicado
a la ambición de ser alguien.
Anhelo ser el eco de tu paso,
el rastro de humedad
que dejas al beberme,
la pausa necesaria
entre tus respiraciones.
viernes, 27 de marzo de 2026
Sedimento
Invisibles son las manos
que envuelven con caricias el resto
de palabras.
Esas que no cupieron en la boca
y ahora se desmigajan en el aire
como un pan de silencio,
frases sueltas que han perdido el imán
de la sintaxis.
Hay un tacto ciego que las recoge,
un pulso que no necesita nombre
para sostener lo que el labio dejó caer
por peso.
Es en esa intemperie,
lejos del lenguaje útil y del adorno,
donde el balbuceo se vuelve refugio
y lo que no se dijo
encuentra quien lo resguarde.
jueves, 26 de marzo de 2026
Fratello
Cierro los ojos un instante y dejo que el pensamiento divague... en un rincón del mundo, alguien prueba por primera vez su comida favorita. Esa chispa de descubrimiento prende en mí, cálida y fugaz.
Imagino a otra persona recibiendo, al fin, la noticia que aguardaba desde hace años; la vida vuelve a latirle en el pecho, como si el aire tuviera otro sabor.
Puedo escuchar el ligero tambor de la cola de un perro, exultante de felicidad, solo porque su dueño ha regresado. No hay dicha más pura ni amor más sincero que ese.
Y mientras todo eso sucede, mientras las horas pasan sin tregua, te miro. Sé que ahora tu brillo parece atenuarse, que quizás sientas que la luz se te escapa entre los dedos. No olvides que eres la razón por la que alguien sonríe hoy, mañana, siempre.
Eres el pensamiento que calma el miedo en medio del ruido, el refugio invisible que sostiene a quien amas cuando el mundo se vuelve incierto. Tal vez no puedas verlo, pero hay corazones que respiran más tranquilos solo porque existes.
martes, 24 de marzo de 2026
Plegaria sin oración
En algún lugar del tiempo, una llama lleva tu nombre.
Es un pedazo de mí buscándote allí donde el mapa se vuelve azul y profundo. Mientras la luz se despereza, cierro los ojos y te envío su calor a través del mar. Quiero que sientas cómo te envuelve, cómo te devuelve la paz cuando la vida pesa y cómo te inyecta esa fuerza silenciosa que solo nace del cariño verdadero.
Prendo esta luz para que el tiempo deje de ser una cuenta atrás y se transforme en un horizonte infinito; para que los días no se nos escapen, sino que se ensanchen, dándote permiso para disfrutar, para respirar hondo y para explorar con cada poro de tu piel.
Y mientras esta vela arda, aquí estaré yo, sosteniendo el fuego para que tu esperanza no se apague, para que continúes, para que vibres y para que cada mañana sea otra mañana.
Cruzo el océano en un destello solo para decirte que estoy contigo.
Abrazo de amor infinito.
lunes, 23 de marzo de 2026
Ruego
Ala quebrada,
el viento te acuna
mientras descansas.
Fibra de seda,
la magia remienda
tu firmeza.
Cesa el frío,
la fe teje tu alma
con hilos de oro.
Hebra de luz,
tu herida se hace fuerza,
vuela de nuevo.
Cura tu ala,
el cielo te abraza
con su silencio.
viernes, 20 de marzo de 2026
Sin filtros
Odio el consuelo que no encuentro, las frases hechas y los rayos de sol. Odio este aire que me pesa, las nubes que me estorban y la primavera que asoma; me parece un insulto, una fiesta a la que no quiero asistir mientras se desmoronan mis afectos.
Odio la impotencia. La odio con una rabia que me nace en el centro del pecho y se expande hasta dejarme sin aliento. Odio que el corazón se me encoja de esta manera, recordándome mi propia fragilidad. Pero, sobre todo, odio la distancia que nos mantiene alejados y la falta de control que me asfixia.
Daría lo que fuera por agarrar la existencia por los bordes, sacudirla y darle la vuelta hasta que el azar se pusiera de tu parte. Te mereces una oportunidad que no llega, un respiro que se te niega, y yo me quedo aquí, con las manos vacías, viendo cómo te enfrentas a una encrucijada que me desgarra el alma.
Odio saber que te voy a perder. Odio con toda mi alma aceptar que, demasiado pronto, dejaremos de hablar; que tu risa y tus bromas serán solo ecos en mi memoria. Me enfurece que gane la muerte, que se salga con la suya y me deje aquí, sin ti.
Odio no poder ser tu escudo. Odio que el amor, a veces, sea tan desesperadamente inútil para cambiar lo que sucede. Odio un destino que no acepto. Odio que este tablero de mierda esté del revés, y odio a la vida por permitirlo.
Estoy devastada.

















