lunes, 28 de septiembre de 2026
jueves, 24 de septiembre de 2026
Rastro y piel
Desgasto pieles sin nombre,
carne extraña que no sabe de ti,
persiguiendo el espejismo que inventé
después de tu huida.
Miro pupilas ajenas
como si en ellas pudiera encontrar tu rastro.
Navego sobre cuerpos sin afecto,
habitaciones que no consiguen nombrarte,
y solo encuentro el desprecio del silencio
en este esqueleto de hogar a oscuras.
Esa es la condena del desahucio,
obligar al náufrago a beberse la arena,
buscar tu hoguera en un muelle abandonado
y gemir tu nombre
en los brazos de cualquier desconocido.
jueves, 23 de julio de 2026
IBN ZAYDUN
¿Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas
y no ignoras el lugar que en mi corazón ocupas,
y cómo el amor me guía y me dejo llevar con obediencia
y no soporto más cadenas que las tuyas,
te satisface que la enfermedad me revista como túnica al cuerpo?
He teñido de negro por su causa mis ojos con vigilias.
Pasa tus ojos sobre las líneas de mi escrito
y encontrarás mis lágrimas desposadas con la tinta.
¡Por Allah!, ¡que ya mi corazón se derrama
en su lamento por un corazón tan duro!
Wallada fue una mujer fuera de lo común con respecto a la sociedad cordobesa de los primeros años del siglo XI: prescindió de tutela masculina y del uso del velo y abrió un salón literario en su casa, donde la princesa impartió clases de lectura y escritura a las hijas de familias adineradas de la ciudad, al mismo tiempo que iniciaba a las esclavas en el arte de la poesía y el canto. Con el tiempo, este salón se convirtió en lugar de reunión de intelectuales del momento que discutían acerca de temas de política pero ella siempre hacía mención en el desarrollo de la poesía. En estas sesiones poéticas, se llevaban a cabo improvisaciones de versos y estrofas, algo que estaba muy de moda en la Córdoba de aquel momento.
En una velada poética surgió el amor entre Wallada y el poeta Ibn Zaydun. Mantuvieron esa relación a escondidas ya que ella pertenecía a la familia Omeya y él estaba vinculado directamente con el linaje rival, los Banu Yahwar. Ibn Abdús, un visir de la corte del califa en esos años, deseaba a Wallada y para separarla del poeta sobornó a una esclava para que sedujera a Ibn Zaydun, lo cual consiguió. Cuando Wallada se enteró, montó en cólera y, a partir de ese momento, el joven comenzó a escribir poemas buscando el perdón sin éxito.
Ibn Abdús, no se contentó con provocar la separación de ambos si no que hizo también que el influyente Ibn Zaydun perdiera su status llegando incluso a ser encarcelado. Finalmente, el despecho pudo más que el amor que ambos se profesaban y Wallada vivió bajo la protección de Abdús.
Ibn Zaydun, por su parte, consiguió superar sus dificultades y llegó a convertirse en visir en la corte sevillana donde murió hacia 1070.
martes, 14 de julio de 2026
Desmenuzando naufragios
No miento si sostengo este amor frente al vacío.
Interpelo al firmamento sin descifrar el motivo,
acaso por el hábito ciego de nombrarte,
mientras lo único que regresa
es esta ráfaga de hielo muda.
Se incrustó en mi memoria aquella melodía.
Apenas un susurro mientras los cuerpos chocaban
con la prisa violenta de quien intuye el derrumbe,
queriendo encadenar
lo que ya se nos iba de las manos.
Al caer la penumbra, te invoco.
Un impulso mecánico
la mano se estira y tropieza con la nada.
Solo queda un espacio plomizo
y yo, orbitando sobre los escombros.
He buscado una tregua en la razón, lo juro.
Gobernar este incendio que me ruge en los huesos,
pero la lógica se quiebra,
el pensamiento claudica
allí donde el pecho insiste.
Me brota una cadencia torpe,
desprovista de voz,
moldeada con los restos de lo que fuimos.
Su latido lastima,
aunque logre aflojar, por un instante, la asfixia.
Y permanezco aquí.
Aguardando tu rastro contra toda cordura.
Sujeta al naufragio de que algo nos sobrevive,
aunque el terreno sea hostil,
aunque llegues demasiado tarde.
jueves, 9 de julio de 2026
lunes, 6 de julio de 2026
Entrega
Me sostienes la mirada y siento que me doblo, como si tus ojos supieran exactamente dónde guardo mis grietas. Hay un peso enorme en tu silencio, algo que vuela libre pero que a mí me clava al suelo, haciéndome temblar el cuerpo entero antes de que decidas mover un solo dedo.
Luego me hablas y es como si me curaras el pulso. Tu voz me frena la prisa, me aquieta, pero por dentro la piel ya comienza a erizarse, impaciente por el roce que sabe que viene. Cuando tus dedos por fin tocan los míos, me desconecto de todo lo que no seas tú; me deslizo hacia tu centro y me dejo ir, sin miedo a perderme.
Basta con que pronuncies mi nombre en un susurro para que mi cuerpo responda. Te metes debajo de mi piel, me calas hondo, y en ese instante el mundo de afuera deja de tener sentido. No me quedan fuerzas para resistirme, ni ganas de tenerlas; me rindo del todo ante ti, feliz de desaparecer en lo que somos.
miércoles, 1 de julio de 2026
Escombros
Me preguntas cómo se vive
cuando el pecho no aprieta,
y se rompe.
Se rompe hacia dentro,
sin ruido,
como un boceto que aprende a derrumbarse
mientras alguien sigue creándolo.
La cordura no llega a tiempo.
Aparece lenta,
con las manos limpias,
cuando ya lo has tocado todo con sangre.
Tú no bailas,
te sacude el caos desde la lengua,
te muerde las palabras,
te obliga a decir lo que no tiene forma.
Y yo te miro
como quien observa una grieta
abrirse en la roca,
sabiendo que ahí dentro
late algo que no quiere morir.
Dices que son recuerdos, puñales.
Pero no,
son voces antiguas
aprendiendo tu nombre
para quedarse.
Te rodean,
se ríen,
te prometen descanso
si te rindes.
Y aun así,
aun así hay algo en ti que no cede.
Algo pequeño.
Ridículamente pequeño.
Pero terco.
Una forma de luz
que no sabe apagarse del todo.
Porque sigues
con el aire a medias,
con el miedo clavado en los huesos,
con la noche haciendo nido en los párpados,
sigues.
No te conviertes en estatua de sal.
No te quedas mirando atrás
como si el pasado fuera un refugio.
Te arrastras, si hace falta,
pero avanzas.
Y en ese gesto mínimo, casi invisible,
en ese seguir sin épica,
ahí,
ahí está lo único
que se parece a la paz.
miércoles, 24 de junio de 2026
Deseos por San Juan
deja que el agua arrastre
los escombros de esta fiebre.
No me mires al marcharte.
Borra la sal de mi costado
y desata, de una vez, esta urgencia de estar atados.
Ya no persigo la luz de tus hogueras.
Me quedo con el frío limpio del invierno,
lejos del caos que sembraste en mi calma.
Y sigo.
Sin ruido.
Sin nada que me ate.
Prefiero la intemperie
a la condena tibia de tu abrigo.
Mi boca ya no busca tu veneno,
hoy, elijo el vacío.
Hoy, me condeno
a salvarme,
por fin,
de tu presencia.
lunes, 22 de junio de 2026
Fundido a negro
Una noche
se cansó de pisar flores,
de gritarle a la luna que no hay derecho.
Se le partió la boca,
un montón de huesos,
un gesto torcido y maldito.
Enfermó de llorar borracha,
cayendo en un pozo de sueño,
escupió los recuerdos con la fiebre.
Agarró su dolor,
lo durmió entre las legañas,
se fue sin hacer ruido,
rompiendo los sueños pegajosos,
uno a uno.
Después, bajo el cielo,
estalló la rabia,
se rajó los brazos con furia,
caminó por el borde de la locura,
rompiendo el cofre de sus secretos.
Soltó el veneno,
maldiciendo por dentro,
se mezcló con la noche,
oscura,
como su alma.
Se hartó una noche,
apretó los labios resecos,
y ya no estuvo.
miércoles, 17 de junio de 2026
Dudas, certezas
Hay gente que no, momentos que no, razones que, definitivamente, no.
Pasos que no, explicaciones que no y despedidas que, rotundamente, no.
Hay discursos que no, vivencias que no y motivos que, del todo, no.
Reproches que no, infiernos que no y argumentos que, completamente, no.
Hay olvidos que no, justificaciones que no y cierres que, radicalmente, no.
Silencios que no, instantes que no y pretextos que, tajantemente, no.
Hay mensajes que no, decisiones que no y finales que, sin vuelta atrás, no.
Laberintos que no, distancias que no y disculpas que, de ningún modo, no.
Hay palabras que no, respuestas que no y rupturas que, determinantemente, no.













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