lunes, 11 de mayo de 2026

El arte de habitarme

 


Cuantas veces nos pegamos la hostia porque creemos que el amor es un “felices para siempre”. Una pena... pero no funciona así. Cuando el desamor te pasa por encima, te deja seca. Es ese vacío en el estómago al darte cuenta de que se acabó, te ves ahí, planchada, intentando recoger los trozos del suelo sin saber ni por dónde empezar a pegarlos.

Y claro, para que no nos vuelvan a destrozar, nos volvemos un poquito robots. Es esa desafección de mierda que hace que  desconectes, que mires todo desde lejos y te pones una coraza. Es cómodo, sí, porque dejas de sufrir, pero te quedas hueca por dentro.

Pero he aprendido que la salida no es dejar de sentir, sino el desapego. Hablo de querer de verdad sin la necesidad de que el otro sea de mi propiedad o de que mi paz dependa de que no se vaya. Es quitarse una mochila que pesa demasiado; es entender que me importas, pero que mi bienestar va primero y ya no voy a obligar a nadie a quedarse.

Al final, la gente que aparece en tu vida no viene a tapar tus huecos. Lo acepto y  no tengo miedo. 

jueves, 7 de mayo de 2026

martes, 5 de mayo de 2026

Cuento de criaturas y lunas




Bajo el influjo pálido de una luna de plata,

el centauro galopa sobre hojas dormidas,

estampa de hombre que sueña y bestia que resiste,

avanzando con el torso firme y el casco que golpea.

Sostiene en su mano una rosa encendida,

color de herida fresca y de lamento antiguo,

buscando en la sombra esa ruta perdida

que el polvo y los siglos le borraron al viento.

Frente a él se planta un toro de lomo amarillo,

como el trigo maduro que el sol ha tostado,

raíz de tierra que espera el encuentro

con un brillo azabache entre árboles sagrados.

Dos fuerzas se miran, lo humano y lo fiero,

cubiertos por el manto de escarcha y frío,

unidos por un lazo de luz y de acero

en el sueño infinito de un bosque sombrío.

jueves, 30 de abril de 2026

Inexplicable

 

Un puño cerrado dentro del pecho.

Eso es todo.


Me estruja el corazón

con la fuerza ciega de una bestia

que no sabe soltar.


El dolor pesa entre las costillas,

el aire llega a medias,

la garganta se seca de tanto contener.


No es tristeza.

Es este nudo de angustia y nervios

que me pliega hacia dentro,

que me obliga a hacerme pequeña.


Solo quiero que estalle,

que el llanto rompa de una vez

y me deje, al fin, vacía.

miércoles, 29 de abril de 2026

martes, 28 de abril de 2026

El susurro del mundo flotante

 

Cristal quebrado,

muere el río en el frío

bajo el silencio.


Espuma viva,

limpia el aire del monte

tu aliento azul.


Muerte de seda,

el jardín se desangra

flores en vuelo.


Velo de noche,

va borrando la luna

el cielo herido.

lunes, 27 de abril de 2026

Tienes miedo, corazón


Infinitas agujas traspasan mi cuerpo,

atraviesan la carne,

los nervios, el miedo,

y sin embargo,

no duelen.

Soy un entramado de filos y estocadas,

una costura de acero que ya no sangra.

Cada espina busca una llaga que no encuentra,

porque mi esencia se ha vuelto piedra,

o quizá solo ausencia.

He dejado que el frío me cosa a la tierra.

Los pespuntes son ahora cadenas en mi,

un andamio de hilos que me mantiene erguida

mientras por dentro me desintegro.

No hay queja.

No hay grito.

Solo el crujido seco del hierro contra el silencio.

Estoy tan llena de orificios

que el pesar ya no tiene dónde sujetarse,

pasa de largo,

como el cierzo a través de una viga rota.

No hay control.

Solo este blindaje.

Protegida de todo,

atrapada conmigo.

domingo, 26 de abril de 2026

Personaje/persona


Ayer vi una foto de alguien a quien conocía y me dio por pensar...

Dándole vueltas, me preguntaba dónde termina la valentía de ser uno mismo y dónde empieza ese impulso extraño de forzar la máquina para ser el alma de la fiesta. Creo que existe una frontera nítida entre la desinhibición y el hecho de acabar haciendo el payaso por mero afán de protagonismo.

Ser desinhibido es, para mí, un actitud envidiable. Es esa frescura de quien actúa sin el freno de mano puesto; alguien que baila o ríe porque le nace de las entrañas, sin solicitar permiso ni ofrecer disculpas. Es un acto de soberanía personal donde, si alguien mira, bien, y si no, también.

Sin embargo, en esa imagen no vi nada de eso. Vi a alguien forzando la pose, haciendo el tonto de manera deliberada para robar foco. Y es que todo cambia cuando el motor de tus actos deja de ser el disfrute propio y pasa a ser la mirada ajena. Ahí es cuando la espontaneidad muere y brota la estupidez. Es ese instante en el que el chiste se alarga en exceso o el comportamiento se vuelve errático, histriónico. 

Siempre tuvo la tendencia a ser el ombligo del mundo y un ego difícil de saciar pero hay algo en la falta de madurez que, al pasar los años, vuelve esa actitud un esperpento. Lo que en otro tiempo podía parecer divertido, audaz, hoy resulta ridículo. Me dio pena ver a alguien a quien quise aferrado a un personaje deformado, comprobar que esa chispa que un día tuvo se ha convertido en un ruido desesperado por seguir siendo el centro de atención. 

Seguro que le ríen las gracias, si, como al bufón de la corte.

sábado, 25 de abril de 2026

Si vas a cometer errores, que sean nuevos


Dicen que el tiempo lo cura todo, aunque se suele omitir que lo logra mediante engaños. La vida se comporta como un artesano que suaviza los relieves de antiguas tristezas, satura los matices de lo que fue gris y desdibuja con precisión los motivos por los cuales algo dejó de funcionar.

Transformamos en añoranza aquello que, en su día, resultó amargo. Nos aferramos al destello de lo que pudo ser, ignorando el desasosiego o la angustia que nos asfixiaba. Es un escondite confortable, una melancolía que nos convence de que el ayer es un refugio idílico, un paraíso diseñado a medida.

Sin embargo, ese cuento de hadas no es más que un espejismo moldeado por nuestro deseo. 

El riesgo está cuando se nos ocurre la brillante idea de dar una nueva oportunidad a lo que ya no existe.

En ese reencuentro es donde la imagen tantas veces soñada se desmorona y al tropezar con los mismos obstáculos, descubrimos que los filos nunca se marcharon simplemente habíamos dejado de palparlos. Mágicamente surge la sensación de ridículo, ese instante de lucidez en el que comprendemos que hemos estado guardándole luto a una quimera.

Porque la nostalgia es una embustera profesional, mientras que la realidad, tarde o temprano, nos devuelve el reflejo de lo que fuimos, sin filtros, sin piedad, descarnada.

jueves, 23 de abril de 2026

Humo de grandeza


Me alejé, volví, otra vez me fui, regresé...

Y está siendo agotador asomarse a las redes de BDSM y encontrar siempre el mismo decorado, tipos que confunden la autoridad con la mala educación. 

Mi percepción es que se ha extendido una plaga de perfiles que venden una "dominancia" de manual, una puesta en escena diseñada para saltarse los protocolos más básicos de respeto bajo el pretexto del rol.

Resulta extenuante observar cómo se utiliza la estética o la jerarquía como un atajo para el consumo rápido. Aparecen sin preámbulos, omitiendo cualquier tipo de cortesía, proyectando un desprecio impostado que no es más que el refugio de su propia mediocridad. Se presentan presumiendo de mazmorras y catálogos de cuero, como si el mobiliario o el equipo les otorgara el derecho a tratar a las mujeres como mobiliario prescindible o simples receptáculos de su ego.

Esa urgencia por controlar, sin haber construido un ápice de confianza, delata que no buscan una dinámica de poder, buscan una vía rápida para saciar sus carencias sin tener que esforzarse en la conexión. Creen que el mando consiste en escupir órdenes y alardear de herramientas, ignorando que la verdadera autoridad es una energía que se sostiene con responsabilidad, integridad y una lectura impecable del otro.

Esos que desaparecen cuando la sesión concluye, los que ignoran el cuidado posterior y los que confunden ser estricto con ser un maleducado, son los mismos que ensucian el concepto de entrega. La sumisión es un privilegio, un depósito de confianza que a estos "jerarcas" les queda inmenso.

Menos fotos de cuartos oscuros, de ropa interior abultada y más madurez emocional. Porque al final, detrás de tanto accesorio y tanta pose de señor oscuro, lo único que queda es un tipo con una alarmante falta de clase.