martes, 26 de mayo de 2026

Sky line

Rabioso

se consume el día tras los edificios,

como un espectro encerrado

mordiéndose el propio ruido.


Cargo una brújula

que no señala destinos

sino tu ausencia.


Y aun así, camino.


A veces la vida

parece una danza torpe

pies cansados,

manos vacías,

música que nadie escucha

pero sigue sonando.


Miro el horizonte

como quien espera una respuesta

del infinito.


Nada responde.


Solo este papel

sobre la mesa,

doblado en cuatro,

lleno de palabras huecas.


En mi bolsillo

las monedas chocan,

pequeños recuerdos metálicos,

fríos, inútiles, persistentes.


Y la noche continúa,

abierta,

inmensa,

sin terminar nunca.

lunes, 25 de mayo de 2026

Cambios

Hubo una época en la que ser sumisa fue una experiencia enriquecedora de vulnerabilidad elegida. Disfrutaba de la desconexión. Dejarme llevar funcionaba porque el que estaba al mando no era un inepto con el ego inflado. Era alguien que sabía leer mis silencios, que respetaba mis límites más que yo misma y que se tomaba mi placer como una responsabilidad sagrada. Había una belleza innegable en esa entrega, adrenalina limpia y complicidad que no se encuentra a la vuelta de la esquina. Fui feliz porque fue sano, consentido y jodidamente divertido.

Entonces me pregunto...si fue tan bonito, ¿por qué ahora me queda grande el papel? Porque la vida pasa. Las razones por las que hoy el traje de sumisa me aprieta son muy claras:

- Tengo la paciencia bajo mínimos: Para volver a entregar el control, primero tendría que encontrar a alguien a la altura de gestionarlo. 

- Mi soberanía es innegociable: En este momento de mi vida, mi cuerpo y mi espacio mental son propiedad privada exclusiva. Me ha costado mucho construir la mesa en la que me siento como para ponerme de rodillas ante nadie, ni siquiera jugando. Necesito una horizontalidad absoluta.

- El listón está demasiado alto: Cuando ya has probado el caviar, no te conformas con sucedáneos. Para aguantar a un aficionado que se cree Christian Grey, prefiero quedarme en casa leyendo un libro o durmiendo ocho horas del tirón.

Asumir que un rol que te hizo feliz ya no encaja contigo no es un fracaso. Evolucionar significa aceptar que lo que ayer te daba paz, hoy te da pereza. Aquella sumisa fue libre, disfrutó y exploró sus límites al máximo, pero esa etapa ya cerró el telón, por ahora.

viernes, 22 de mayo de 2026

Dos azules

 

Es innegable que el Mediterráneo es un mar doméstico y protector, que invita a la calma y a flotar sin prisa. Sin embargo, siento cierta nostalgia al contemplarlo. Mi mirada, habituada a otra intensidad, busca algo que allí no existe; extraño el azul cobalto, denso y oscuro que solo pertenece al océano abierto. Y es que, indudablemente, el Mediterráneo relaja, pero es el Atlántico el que, con solo sentirlo, me produce una punzada de sonrisa en el corazón.

Viajar por ambos mundos es constatar que la belleza marina no tiene una sola definición. El Mediterráneo es una acuarela perfecta con tonos aguamarina, fondos claros y olas que apenas murmuran al lamer la arena, un paraje para contemplar desde la orilla. En cambio, el Atlántico es un óleo cargado de fuerza. Su color, como drama potente, intimida y fascina a la vez. Esa oscuridad es el reflejo de un gigante cuyas corrientes dispersan la luz de una forma única, creando un espectáculo visual imponente.

Para quienes hemos crecido en las islas, el mar es nuestra dosis de energía. Se respira vibrante mientras la salitre se pega a la piel, se siente en el rugido del oleaje rompiendo contra los cortados volcánicos. 

El Mediterráneo es un viaje hermoso que deleita el espíritu, el Atlántico es inmensidad, libertad, un grito salvaje que me cimbrea los huesos.

jueves, 21 de mayo de 2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

La edad de la luz

El ojo de la infancia bizquea,

fijo en el extremo donde la luz

se convierte en arcoíris.

Una mirada que se desarma en belleza

y la corta en rodajas de sandía colorá.

La silueta del ayer baja por la cuesta.

Corriendo, volando,

brazos rígidos, lágrimas de viento.

No hay arriba ni abajo,

la felicidad es una cuerda floja,

un ensueño con textura de algodón,

una danza de perfiles que chocan entre sí.

La cama aguarda en la penumbra,

mientras un pincel rasga el aire de verano.

martes, 19 de mayo de 2026

La imagen, Jean de Berg


No ha sido fácil encontrar este libro, pero ha merecido la pena y ahí va mi opinión.

Desde la primera página, La imagen te atrapa en una atmósfera fría y absorbente, arrastrándote a un juego de seducción donde cada pulsión está calculada al detalle. La historia gira en torno a un triángulo entre el narrador, Claire, una fotógrafa dominante y gélida, y Anne, una chica que parece existir solo para obedecerla. Aquí no hay traumas, la sumisión se muestra tal cual, un juego de poder que se ejecuta con precisión.

La forma de escribir de la autora es lo que de verdad me resulta fascinante, utiliza una prosa seca, sin cursilería ni morbo barato. Describe las escenas con una sobriedad que genera tensión corporal que engancha. No es un trabajo sencillo, te toca a ti traducir esos silencios y descifrar las miradas entre las protagonistas.

Lo que me ha atrapado es cómo demuestra que el verdadero erotismo no necesita de la acción física, está todo en la psicología, en la tensión mental y en el peso del control. Es una novela que no pide perdón por lo que cuenta ni intenta dar lecciones de moral. Se mete de lleno en la fantasía de los personajes hasta el final, demostrando que se puede escribir sobre el sometimiento con una elegancia increíble. 

Una joya perturbadora.

lunes, 18 de mayo de 2026

Cosas que no nos dijimos


Las paredes guardan un aire espeso.
Es un animal dormido en mitad del pasillo.

Pesa
lo que no supimos nombrar.

Nos fuimos deprisa,
como si nombrarlo
fuera a abrir grietas irreparables.
Verbos mal hilvanados,
todavía con aliento,
disueltos en vaho.

Ruido de fondo. Interferencia.

Y el abismo
haciendo su trabajo,
sin testigos.

No hubo un «lo siento»,
ni un «espera»
capaz de hallar la boca.

¡Qué frágil era
cuando me deshacía en ti!.

Callamos.

No sabíamos
que el silencio también quiebra,
como el agua macerando el hierro,
como una casa que se vacía sola
y deja jirones de vida
en las esquinas.

Recojo lo que no dijimos.

Le quito el polvo,
le invento un orden,
invierno, martes, despedida, 
casi...
le miento un poco.

Ya no arde.

Algunas noches,
cuando el frío pronuncia tu nombre,
un cristal cruje
astillándose dentro de la cabeza.

jueves, 14 de mayo de 2026

Una milonga que resuena en mi cabeza

 

Que se mueran de envidia los fantasmas del invierno, esta tarde no les abro la puerta, la he cerrado con llave. He tirado la melancolía por el desagüe y la tristeza al cubo de la basura. Qué alivio, qué descanso bajar del pedestal de la penita y dejar de arrastrar los pies por la casa.

Necesito creer que tengo derecho a la ligereza, a un pensamiento que fluya a borbotones, sin medir las pausas, sin pedir permiso ni buscar la metáfora perfecta. Es casi insultante lo sencillo que es estar bien cuando dejas de hurgarte el ombligo en busca de cicatrices.

Hoy la vida me gusta y la narro así, de corrido, solo para mí. Mañana ya se verá, tal vez vuelva a llover y regrese el drama o la distancia. Pero en este instante el compás es otro. El bandoneón de mi mente toca una melodía alegre así que voy a exprimir la tregua antes de que el mundo decida volver a ponerse intenso.

lunes, 11 de mayo de 2026

El arte de habitarme

 


Cuantas veces nos pegamos la hostia porque creemos que el amor es un “felices para siempre”. Una pena... pero no funciona así. Cuando el desamor te pasa por encima, te deja seca. Es ese vacío en el estómago al darte cuenta de que se acabó, te ves ahí, planchada, intentando recoger los trozos del suelo sin saber ni por dónde empezar a pegarlos.

Y claro, para que no nos vuelvan a destrozar, nos volvemos un poquito robots. Es esa desafección de mierda que hace que  desconectes, que mires todo desde lejos y te pones una coraza. Es cómodo, sí, porque dejas de sufrir, pero te quedas hueca por dentro.

Pero he aprendido que la salida no es dejar de sentir, sino el desapego. Hablo de querer de verdad sin la necesidad de que el otro sea de mi propiedad o de que mi paz dependa de que no se vaya. Es quitarse una mochila que pesa demasiado; es entender que me importas, pero que mi bienestar va primero y ya no voy a obligar a nadie a quedarse.

Al final, la gente que aparece en tu vida no viene a tapar tus huecos. Lo acepto y  no tengo miedo. 

jueves, 7 de mayo de 2026