miércoles, 22 de abril de 2026

Tiempo de musicales

 

Si pudiera viajar en el tiempo y contarle a mi yo de 17 años que me encantan los musicales, seguramente me miraría con esa mezcla de escepticismo y desdén que solo se tiene a esa edad. En aquel entonces, me resultaba inconcebible, me parecía absurdo que, en el clímax de una discusión o en un momento aleatorio, alguien decidiera romper la lógica del guión para ponerse a cantar. "Nadie hace eso en la vida real", pensaba con una soberbia que hoy me hace sonreír. En resumen, para mi eran un tostón.

Sin embargo, la vida tiene formas muy curiosas de desarmarte. En mi caso, el cambio vino a través de los sonidos que empezaron a habitar los pasillos de mi propia casa.

Casi sin darme cuenta, mi día a día se llenó de ensayos, de partituras abiertas sobre la mesa y de esa disciplina invisible de quien se prepara para dar vida a un escenario. Al principio, eran solo ruidos de fondo, fragmentos de canciones que se colaban por debajo de las puertas. Pero, con el tiempo, algo en esa dedicación ajena empezó a ablandar mi propio juicio. Ver cómo alguien a quien amas pone el alma en cada nota te obliga, inevitablemente, a escuchar con otros ojos.

Empecé a entender, a través de esa cercanía, que los musicales son el refugio de quienes necesitan decir lo indecible. Y lo mejor es que nos conecta, nos hace cómplices por unas horas.

Aquella joven que fruncía el ceño hoy sonríe en silencio, agradecida de que la música encontrara la manera de entrar en su vida a través del corazón de ese niño/hombre que a veces me deja sentir su latido.

martes, 21 de abril de 2026

El oscuro secreto de la ameba


Mediocre. 

No fue un proceso abrupto, fue una erosión lenta de la voluntad. Todo empezó un domingo que se alargó por desidia hasta el martes y terminó por convertirse en un estado de hibernación perpetua. Allí, donde antes hubo alguien con un nombre y un propósito, quedó una masa que renunció a la dignidad de tener huesos. La ameba dejó de vivir en la casa para empezar a escurrirse por ella, era una mancha derramada sobre el sofá, mimetizada con la tela, un bulto que el mueble terminó por aceptar como un defecto de fábrica.

De la antigua lucidez apenas sobrevivió un brillo estúpido en la mirada que devolvía la luz azul de una pantalla siempre encendida. Sus movimientos eran una deriva de carne flácida que solo buscaba el mínimo roce con el aire y que se limitaba a colonizar los huecos que dejaba la realidad, encogiendo su existencia hasta la mínima expresión.

A su alrededor, el mundo seguía viviendo, aunque él y su aburrimiento funcionaron como un agujero negro que se tragó el estruendo, el polvo y el oxígeno sin devolver nada a cambio. Fue el triunfo de la inercia sobre la ambición. Descubrió que, para sobrevivir no hace falta ser fuerte, ni inteligente, ni útil, basta con ocupar un espacio y esperar a que el universo se canse de intentar moverte.

lunes, 20 de abril de 2026

Donde la luz se vuelve herrumbre

 

Perdida en la bruma negra,

un sudario rancio devora los rastrojos del día.

Escucho el chasquido de una mandíbula que cruje,

mientras el aire exhala un efluvio amargo,

vaho de cicuta enredado en los pulmones.

Queda apenas un vestigio de quien fuiste,

fango ridículo en este páramo de falsedad,

donde el honor es solo un adorno estropeado.

Busco un atisbo de luz,

no por piedad, sino para ralentizar el hacha,

dilatando el suplicio con una calma gélida.

No habrá epitafios, solo el silencio de las larvas.

Me regodeo en tu pavor, en esa arcada final,

antes de hundir mis dedos en tu pecho

y arrancar de cuajo el latido que te sobra,

dejando que tu sangre sea el único color

que manche este lienzo de absoluto desprecio.

sábado, 18 de abril de 2026

BDSM sin candados

A menudo me cuestiono si es realmente necesario camuflar nuestras fantasías o esa identidad BDSM que nos define. Si partimos de la base de que es algo consensuado y que nos aporta plenitud, ¿por qué bajar la voz al mencionarlo?

Pienso que la respuesta no es un sí o un no absoluto; se trata, más bien, de un equilibrio delicado.

Históricamente, se nos ha grabado a fuego que cualquier vivencia fuera de la norma debe confinarse de puertas a dentro. Existe cierta razón en eso, la privacidad es un refugio necesario. Hay rincones de nuestra piel y parcelas del pensamiento que no tienen por qué ser de dominio público. No nace de la vergüenza, sino de entender que nuestra intimidad es un tesoro que solo entregamos a quien nosotros elegimos.

Sin embargo, hay una frontera peligrosa entre la reserva y el estigma del secreto.

Ocultarse pesa. El silencio impuesto te hace creer que algo en ti está quebrado, cuando la realidad es que el BDSM, habitado con consciencia, es una de las experiencias más honestas y profundamente humanas que existen. Protegerse del juicio ajeno es comprensible, pero vivir bajo el miedo constante a ser descubierto resulta agotador.

Entiendo que no tienes la obligación de portar una bandera si no te nace, pero tus deseos jamás deberían sentirse como una mancha. No es imperativo "salir del armario" ante la sociedad entera, pero sí es vital hallar espacios seguros, en la complicidad de una pareja, un círculo de confianza o una comunidad, donde sea posible abandonar la máscara y respirar.

Al final, no resguardamos nuestras ideas porque sean erróneas, sino porque el entorno, a menudo, carece de la profundidad necesaria para comprenderlas. Pero aquí, entre nosotros, no hay nada que esconder.

miércoles, 15 de abril de 2026

Apetito


Tengo la piel en celo,

un ardor que me apresa y me devora el juicio.

Saltan los cerrojos, no queda resistencia,

mis párpados han claudicado,

incapaces de domar la furia de mi sangre,

y la humedad no se contiene, se desborda

como un río que busca las llamas de tu cuerpo.


Me niego a la tregua, al destierro de tu boca.

Exijo el asalto, la colisión, la calentura de los sentidos.

Que mi carne se incruste en la tuya,

que el espasmo sea lo que nos haga temblar

mientras me fundo en la vorágine de tu deseo,

extirpando de mi cualquier rastro de ausencia.


Soy una urgencia física,

implorando ser devorada

en este estruendo de roces y latidos.

lunes, 13 de abril de 2026

Entre colores dos cuerpos


Empieza con el amarillo,

destello tenue nacido en el vientre,

oro filtrado entre las manos

antes de que el mundo sea incendio.


Se derrama el azul,

profundo y eléctrico cual mar nocturno,

esa calma tensa previa al rayo,

compás pausado de dos respiraciones.


Brotan los verdes,

selva viva creciendo en cada caricia,

fertilidad de dedos y labios

trazando rumbos sobre las curvas ajenas.


Estalla el rojo,

fuego ciego, puro brillo,

pulso constante trepando por las caderas

hasta borrar los bordes de la realidad.


Y emerge el violeta,

frontera sagrada de un cuerpo rendido,

abismo dulce sin nombres,

fulgor absoluto de un eclipse compartido.


Al final, el blanco,

total, radiante, infinito,

silencio limpio suspendido en el aire

cuando el resplandor descansa y todo es gemido.

jueves, 9 de abril de 2026

Cuatro hilos de la misma red

 


Sin amarras,

sin ataduras,

fundidos por un latido profundo.

Un solo cuerpo,

cuatro sombras paralelas

navegando al unísono.

El viento acechaba nuestras manos,

queriendo desunirlas,

pero solo conseguía

arrojarnos con brío

los unos hacia los otros.

Infancia con aroma a salitre,

a guarida de puertas cerradas,

bastión contra el rugido del mundo.

Extramuros,

el aire tañía con furia;

dentro, la calma era nuestra.

Fuimos, somos,

un racimo apretado

bajo el cenit de la isla.

Un lazo fiel,

inmune a las distancias,

tejidos por la misma sangre.

Es el código secreto

que solo los cuatro

desciframos.

Una hebra invisible

que sobrevive a los embates

y nos llama siempre de regreso.

Aunque el tiempo

difumine los antiguos contornos,

seguimos en esa esquina del antes,

sosteniéndonos,

avanzando todavía juntos

por las arterias de la memoria.

lunes, 6 de abril de 2026

Grietas, locura, frío


¡Mírenme!

Ahí voy, con el saco lleno de espinas

y una orquesta de grillos desafinando en el pecho.

Estoy rallada, sí,

con esa fiebre  que te hace bailar

mientras la vida se hunde entre charcos.

He visto a la luna bañándose en un nido de aceite

y le he pedido fuego para este cigarro de niebla.

Dicen que hablo con las sombras,

pero es que ellas tienen mejores historias

que los que caminan derecho, con el reloj al cuello

y el alma planchada.

Mi desvarío es este hambre de abismo,

urgencia de gritarle a los semáforos

que el verde es una mentira y el rojo... 

el rojo es sangre viva.

No me busquen en la cordura, que ahí hace frío.

Búsquenme en la grieta, en el error,

en el salto que nadie se atreve a dar.

Deseo ser un relámpago

en esta ciudad de velas apagadas.

¡Vengan!

Rompamos los ecos que solo saben repetir el miedo.

Hoy el delirio es mi única patria

y el vértigo... mi mejor canción de cuna.

lunes, 30 de marzo de 2026

Vaho

Me muevo en el filo del día,
sobre la médula negra del crepúsculo.
Rastreo la trama sorda,
el vaho de un radar visceral.
Sin plumas.
Solo el látigo de un cuero ciego
que lacera el aire,
tatuando estigmas en la tiniebla.
Volar tras el murciélago
es morder el borde del vacío,
incrustarse en las grietas
donde la luz se gangrena.
Es un pulso fúnebre,
un espasmo que anuda raíces de pánico;
ahí donde la noche ya no es muro,
sino una llaga que se ofrece como guía.
Persigo ese latido ponzoñoso,
esa sed de insecto y de fosa,
mientras el mundo se descompone.