Mudas la piel cada año,
como serpiente que estrena disfraz,
y te sientas, a esperar alabanzas.
Dices que el pasado no te alcanza,
que la luz te ha elegido,
que ahora respiras paz
en dosis medidas, justas.
Pero el barniz es tenue, casi inexistente.
Basta un café enfriándose en la cocina,
un mensaje sin respuesta a media tarde,
o el éxito ajeno rozándote la piel,
para que el monstruo de siempre
levante la cabeza,
intacto,
hambriento,
con los mismos dientes
de hace una década.
No hay metamorfosis,
solo un cambio de escena
en el mismo teatro.
Sigues viviendo en el mismo sótano,
solo que ahora
has pintado las paredes de blanco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario