Rabioso
se consume el día tras los edificios,
como un espectro encerrado
mordiéndose el propio ruido.
Cargo una brújula
que no señala destinos
sino tu ausencia.
Y aun así, camino.
A veces la vida
parece una danza torpe
pies cansados,
manos vacías,
música que nadie escucha
pero sigue sonando.
Miro el horizonte
como quien espera una respuesta
del infinito.
Nada responde.
Solo este papel
sobre la mesa,
doblado en cuatro,
lleno de palabras huecas.
En mi bolsillo
las monedas chocan,
pequeños recuerdos metálicos,
fríos, inútiles, persistentes.
Y la noche continúa,
abierta,
inmensa,
sin terminar nunca.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario