miércoles, 1 de julio de 2026

Escombros

Me preguntas cómo se vive

cuando el pecho no aprieta,

y se rompe.

Se rompe hacia dentro,

sin ruido,

como un boceto que aprende a derrumbarse

mientras alguien sigue creándolo.

La cordura no llega a tiempo.

Aparece lenta,

con las manos limpias,

cuando ya lo has tocado todo con sangre.

Tú no bailas,

te sacude el caos desde la lengua,

te muerde las palabras,

te obliga a decir lo que no tiene forma.

Y yo te miro

como quien observa una grieta 

abrirse en la roca,

sabiendo que ahí dentro

late algo que no quiere morir.

Dices que son recuerdos, puñales.

Pero no, 

son voces antiguas

aprendiendo tu nombre

para quedarse.

Te rodean,

se ríen,

te prometen descanso

si te rindes.

Y aun así,

aun así hay algo en ti que no cede.

Algo pequeño.

Ridículamente pequeño.

Pero terco.

Una forma de luz

que no sabe apagarse del todo.

Porque sigues

con el aire a medias,

con el miedo clavado en los huesos,

con la noche haciendo nido en los párpados,

sigues.

No te conviertes en estatua de sal.

No te quedas mirando atrás

como si el pasado fuera un refugio.

Te arrastras, si hace falta,

pero avanzas.

Y en ese gesto mínimo, casi invisible,

en ese seguir sin épica,

ahí, 

ahí está lo único 

que se parece a la paz.

No hay comentarios: