¿Acaso, cuando sabes la parte de mi amor que tomas
y no ignoras el lugar que en mi corazón ocupas,
y cómo el amor me guía y me dejo llevar con obediencia
y no soporto más cadenas que las tuyas,
te satisface que la enfermedad me revista como túnica al cuerpo?
He teñido de negro por su causa mis ojos con vigilias.
Pasa tus ojos sobre las líneas de mi escrito
y encontrarás mis lágrimas desposadas con la tinta.
¡Por Allah!, ¡que ya mi corazón se derrama
en su lamento por un corazón tan duro!
Wallada fue una mujer fuera de lo común con respecto a la sociedad cordobesa de los primeros años del siglo XI: prescindió de tutela masculina y del uso del velo y abrió un salón literario en su casa, donde la princesa impartió clases de lectura y escritura a las hijas de familias adineradas de la ciudad, al mismo tiempo que iniciaba a las esclavas en el arte de la poesía y el canto. Con el tiempo, este salón se convirtió en lugar de reunión de intelectuales del momento que discutían acerca de temas de política pero ella siempre hacía mención en el desarrollo de la poesía. En estas sesiones poéticas, se llevaban a cabo improvisaciones de versos y estrofas, algo que estaba muy de moda en la Córdoba de aquel momento.
En una velada poética surgió el amor entre Wallada y el poeta Ibn Zaydun. Mantuvieron esa relación a escondidas ya que ella pertenecía a la familia Omeya y él estaba vinculado directamente con el linaje rival, los Banu Yahwar. Ibn Abdús, un visir de la corte del califa en esos años, deseaba a Wallada y para separarla del poeta sobornó a una esclava para que sedujera a Ibn Zaydun, lo cual consiguió. Cuando Wallada se enteró, montó en cólera y, a partir de ese momento, el joven comenzó a escribir poemas buscando el perdón sin éxito.
Ibn Abdús, no se contentó con provocar la separación de ambos si no que hizo también que el influyente Ibn Zaydun perdiera su status llegando incluso a ser encarcelado. Finalmente, el despecho pudo más que el amor que ambos se profesaban y Wallada vivió bajo la protección de Abdús.
Ibn Zaydun, por su parte, consiguió superar sus dificultades y llegó a convertirse en visir en la corte sevillana donde murió hacia 1070.

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