Te veo.
Te veo detrás de tus excentricidades, entre esa amalgama de mensajes crípticos que lanzas con la urgencia del que exige una respuesta inmediata. Te veo en esas comedias histriónicas que usas como cebo, esperando a que sea yo quien muerda el anzuelo y corra tras de ti.
Juegas a esconderte porque te has convencido de que la indiferencia te hace invulnerable. Crees que, mientras no te muestres, enmudezcas, conservarás la ventaja en este tablero que solo existe en tu cabeza.
Sigue jugando.
Mantén tu sigilo y aliméntate de esa necia sensación de control. Pero recuerda que el juego solo dura mientras ambos decidimos que sigue siendo divertido. Disfruta de tu irrisoria ventaja. Pienso encontrarte justo en el instante en que bajes la guardia.
Más... cuidado, esconderse demasiado bien tiene un riesgo, y es que el otro aprenda a moverse en la oscuridad.
Y yo ya aprendí.
Te veo.
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