Todo empieza al final, en un cuento al revés,
donde el lobo es el miedo y la niña el veneno,
y el "fueron felices" se borra de un envés
porque a ratos lo dulce nos resulta ajeno.
Se fractura el silencio con un rojo de sal,
un gato negro lame la herida del encierro,
aquí la razón es el monstruo final
que devora el delirio con dientes de hierro.
No mendigues piedad a este aire irascible,
el final es un nudo que se aprieta y maltrata;
lo que ayer fue un refugio hoy es invisible
y el héroe agoniza mientras el miedo mata.
Se calcina el sendero, se quiebra la voz,
el olvido es el reino que el tiempo nos traza;
y el "Érase una vez" es solo un adiós...
que el propio silencio, por fin, despedaza.
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