Hoy desayuné buenas intenciones
y me han sentado mal.
Debí quedarme con el rencor de anoche,
era más ligero, y
combinaba mejor con tu ausencia.
Has salpicado tu desorden por mi casa.
Está en la nata del café que se enfría,
en la toalla mal doblada,
en la silla que ya no me atrevo a mirar
por miedo a que sigas ahí, tan molesto.
Tranquilo, no te guardo rencor
lo he puesto todo en cajas
etiquetadas con tu nombre,
por si un día decides volver
a recoger lo que rompiste.
Dicen que de puro asco el tiempo cura,
pero el mío se ha puesto en huelga indefinida
desde que entendió
que lo único que se arregló
fue mi vida, cuando te fuiste.
Si alguna vez te tropiezas con estos versos,
no te engañes, no hablan de ti.
Se los dedico a cualquiera
que se crea imprescindible
y termine siendo
solo material reciclable
para un blog en horas bajas.
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