lunes, 12 de enero de 2026

La frenética huida de mis pensamientos

Invaden sin permiso la marea,

un caos de rumores y de gritos,

disparos de futuros infinitos,

la mente en el caos se recrea.

No existe un faro que me oriente,

se agolpan, se golpean, se encadenan;

las horas mis neuronas envenenan

y el tiempo se desvía de mi frente.

El pecho es tambor en la embestida,

un trote que no tiene fin ni meta,

la voz que se transforma en saeta,

la calma que jamás es bienvenida.

Soy la estancia habitada por el daño,

la barca que naufraga en el desvelo,

una presa de este lúgubre flagelo,

sin guía que me saque de lo extraño.

Que cese ya el motor de esta tortura,

que callen esos ecos que me hostigan,

que al fin los pensamientos se mitiguen

y el alma encuentre paz en su clausura.

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