jueves, 8 de enero de 2026

La tienda de los "casi"

En la vitrina de los «casi» no había tesoros, sino derrotas. La dueña, una mujer de sonrisa cansada, mantenía con vida el billete de tren que nadie se atrevió a coger, la carta de amor que acabó convertida en una bola en un cajón y aquel nombre que dos padres eligieron, pero nunca llegaron a usar.

Ayer, un extraño entró buscando el anillo que nunca entregó. Se lo calzó en el dedo y, por un segundo, sintió el peso del pasado que no tuvo. Fue una felicidad perfecta, precisamente por ser mentira. Cuando buscó dinero en sus bolsillos, ella negó con la cabeza .

¿Cuánto le debo? —preguntó el cliente con los ojos empañados.

—Nada —le respondió—. Aquí se paga con el tiempo que perdió imaginándolo, y usted ya viene con la cuenta liquidada.

Aquel tipo salió a la calle con las manos vacías. Lo irónico es que lo único real que se llevó de allí fue la certeza de que el arrepentimiento, al menos, no necesita repuestos.

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