miércoles, 14 de enero de 2026

Indivisibles

De nuevo se abren las heridas

con el viejo cuchillo,

con idéntica desolación.

Cae el pulso; la piel no razona,

no comprende de esperas ni de olvido.

Es un grito que brota

de un tiempo que creía dormido.

Voy a cruzar mi rastro con el tuyo

para que el daño sea uno solo,

enredo de venas donde el acero

pierda, finalmente, su nombre.

No exige lógica el quebranto;

basta aceptar este flujo amargo

que derriba los muros del cuerpo

y nos confunde en un solo cauce.

Seremos una huella sobre el polvo,

una marca grabada a dos manos,

mientras el filo observa, ya inútil,

cómo el dolor nos vuelve indivisibles.

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