Hay un estrado de juicio sumario,
donde la frase destila veneno.
El odio es pan y el rezo diario
que busca aplauso en asco ajeno.
Aquella integridad, cristal quebrado,
estorbo vil que estalla en la vía.
En este mundo, ya destrozado,
se masca con saña la hipocresía.
Qué fácil resulta destruir al que disiente,
usar amenazas cual único plan.
Muere la ética, se apaga la mente,
mientras los perros su rabia tendrán.
Su orgullo es un festín de calavera,
donde el insulto celebra la herida.
Se apaga la luz, última hoguera,
bajo una lengua de sed desmedida.
No hay victoria en nombre pateado,
ni el ruido constante otorga la gloria.
Reinar en el lodo es lo único logrado,
un triunfo podrido...miseria en la historia.
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