Violetas del campo, mías,
fugaces sois en la vida,
abrid vuestras corolas, id,
que la muerte está escondida.
Silvestres y tan frágiles,
con vuestro mirar morado,
un soplo de aire os marchita,
y acaba vuestro reinado.
Tan chiquitas que os mostráis,
joyas de la primavera,
sutileza es vuestra fuerza
antes que el tiempo os hiera.
Bajo la sombra del pino,
donde el rocío se posa,
mi alma guarda la esencia
de la flor más primorosa.
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