martes, 23 de diciembre de 2025

Renuncio

Retiro mi rastro del tuyo.

No fuerzo más al azar

ni interrogo al silencio 

buscando una frecuencia

donde todavía vibra tu nombre.

Termina aquí esta vigilancia de náufrago.

Dejo de descifrar los huecos 

que quedan en los días,

porque intentar completarlos 

es otra forma de morir.

Desmantelo los andamios de mi espera,

apago los radares que apuntan a tu sombra

y clausuro esta aduana 

en la que siempre falta un sello.

Te devuelvo al anonimato de la multitud,

al ruido blanco de lo que no me pertenece.

Hoy dejo de buscarte,

para no perderme yo.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Anclaje

Me rindo a ese instante en el que me buscas,

cuando el mundo se vuelve un murmullo lejano

y solo queda el puente invencible de tus ojos.

No hacen falta palabras,

me basta ese lenguaje eléctrico de tus pupilas,

ese rincón privado donde me lees el alma

sin que yo tenga que pronunciar ni un solo miedo.

Es un roce que no necesita contacto,

una confesión muda que atraviesa la distancia

y me dice que me habitas,

que en mitad del barullo siempre serás calma.

Esa mirada tuya es mi único refugio,

el idioma pequeño donde todo encaja,

donde me sé tuya

porque, sin ambages, me sostienes la vida.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Puntos ciegos

Convengamos, a media voz y sin excusas,

que somos dos piezas de distintos rompecabezas

tratando de encajar a golpes.

Tú no me convienes,

y yo soy ese incendio en el que no quieres arder.

Pongámonos de acuerdo en este simulacro,

vamos a desaprender el camino de nuestras manos,

a ignorar que mi espalda todavía guarda

el mapa exacto de tus dedos.

Olvidemos, por pura salud o por orgullo,

aquella violenta dulzura

de haber tenido tu cuerpo dentro de mi cuerpo.

Esa invasión consentida,

ese pulso compartido que hoy nos sabe a deuda.

Acordemos que no pasó,

que la cama está fría y el espejo está limpio.

Que si nos cruzamos, seremos solo dos extraños

que cometieron el error de conocerse por dentro

antes de saber quiénes eran por fuera.

jueves, 18 de diciembre de 2025

El hueco que dejas

A veces camino con una inercia extraña, como si de repente hubieran quitado el suelo bajo mis pies. No es una herida abierta, sino más bien como vivir en una casa donde falta una viga maestra donde todo sigue en pie, pero hay un crujido constante, una sensación de que el techo pesa mucho más que antes.

Te busco en los gestos que ahora repito. Me miro las manos y reconozco una forma de moverlas que no es mía, es una herencia silenciosa que se me quedó pegada a la piel. Me escucho decir alguna frase y me quedo quieta un segundo porque, por mi boca, ha hablado alguien que ya no camina a mi lado.

Extraño esa sensación de que el mundo estaba en orden simplemente porque tú estabas en él. No hacía falta hablar de cosas profundas; bastaba con el ruido de fondo de tu máquina de escribir, tu manera de andar por el pasillo o la seguridad con la que tomabas las decisiones más pequeñas. Eras el lugar donde las dudas se calmaban, el testigo de mis errores que nunca juzgaba demasiado fuerte.

Ahora, cuando la vida se pone difícil, hay un reflejo instintivo de mirar hacia atrás buscando esa mirada que me confirmaba que todo saldría bien. Y el vacío que encuentro es tan frío... Me falta ese hilo invisible que me unía a mis raíces, esa voz que, aunque no dijera mucho, lo decía todo.

Sigo guardando tus consejos como si fueran amuletos, aunque ya no pueda preguntarte si los estoy aplicando bien. Me pregunto qué dirías de este desorden, de este camino que intento trazar sin tu brújula.

Me he quedado con tus silencios, con tus consejos, con tus “ay mi niña” e intento ser lo suficientemente fuerte para que, si pudieras verme, sintieras que no hiciste un mal trabajo. Te echo de menos en la base de todo lo que soy, en el origen de cada paso que doy, en ese eco que nunca termina de apagarse.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Cadáver de un incendio

La vida se ha extinguido, queda la carcasa,

la forma vacía de lo que ya no es.

Un contorno negro sobre ceniza,

testigo mudo de un ardor que, lento, cesó.

No hay calidez, solo la memoria

dibujada en el aire denso, plomizo.

Cada fragmento, un vestigio helado,

la historia de una hoguera que se consumió.

Y en el silencio

que sigue a la brasa final,

solo queda el despojo

de lo que no quiso salvarse.

martes, 16 de diciembre de 2025

A contrapelo

Hay una lista de cosas que hace tiempo decidí dejar de intentar que me atrajeran y es un alivio. No soy una ermitaña ni aborrezco este bendito mundo pero ya no me queda paciencia para el postureo, ni siquiera para el mío propio.

No fuerzo mi presencia en reuniones sociales donde parece obligatorio dejarse hacer una exploración completa. No soporto ese escrutinio de miradas, ese examen constante para saber qué, cómo o por qué. Me enerva y me tensa a partes iguales. Antes me sentía mal, como si el fallo fuera mío por no ser lo suficientemente "dinámica".

Tampoco encajo en los moldes sexuales que la sociedad da por sentados. No comulgo con la idea de forzar mis sentimientos o mis formas para que se parezcan a lo que se supone que es "normal" o esperado.

No me presiono para que me entusiasme el último grito de nada. Si algo no me encaja, no insisto. Acepto que mi ritmo es otro y que mis inquietudes son las que son, aunque no coincidan con lo que toque sentir en cada momento.

No tengo ganas de pedir perdón por no participar en ciertos rituales. Sigo aquí, quedo con la gente que me apetece y hago mi vida, pero con mucho menos ruido mental. No es que me haya rendido, es que he dejado de actuar. Y si eso me hace alguien más predecible o menos "interesante" a ojos de los demás, me da bastante igual. Es lo que hay, y con eso me basta.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Lo que no tuvo nombre

Hay penas que no saben de permisos,

ni de etiquetas, ni de nombres oficiales.

Estaba rota por quien no ocupaba un lugar,

habitando un final que no tenía título.

Tuvo cierres largos, pesados, lentos,

pero aquel silencio pesó mucho más.

En lo definido se extraña lo vivido;

en aquel limbo, sufría lo que pudo ser.

No perdió un pasado,

sino el futuro que inventó en la espera.

Se quedó atrapada en el «nosotros»,

lejos de la rutina y del desgaste de los días.

Le quemó la impunidad de la ausencia.

Esa idea de que, al no haber promesas,

existe el derecho de desaparecer sin rastro.

Aquel vacío fue válido.

No necesitó un contrato para romperse.

La intensidad no residía en el nombre,

estaba en la piel que dejó en el camino.

El cierre no llegó desde fuera.

Se lo tuvo que dar ella, paso a paso,

al aceptar que quien deja siempre en la espera

no sabe qué hacer con lo que se ofrece.

Le quedó la paz de haberse atrevido.

Sentir sin red y sin garantías.

Si ardió de esa forma, fue prueba de su entrega.

Prefirió el golpe a la cobardía del vacío.

Aquel día dolió, y se permitió la tristeza.

Porque para ella, aunque no fuera nada,

sintió como si lo hubiera sido todo.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Coplillas a la violeta

Violetas del campo, mías,

fugaces sois en la vida,

abrid vuestras corolas, id,

que la muerte está escondida.

Silvestres y tan frágiles,

con vuestro mirar morado,

un soplo de aire os marchita,

y acaba vuestro reinado.

Tan chiquitas que os mostráis,

joyas de la primavera,

sutileza es vuestra fuerza

antes que el tiempo os hiera.

Bajo la sombra del pino,

donde el rocío se posa,

mi alma guarda la esencia

de la flor más primorosa.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Matices

Me declaro culpable de observar el mundo con un punto de cinismo. Y lo que de verdad me chirría, lo que me saca de quicio, es la tiranía de la felicidad obligatoria. Basta con abrir cualquier red social para que te inunden frases de autoayuda edulcorada, gente posando en fotos perfectas, y la insistencia machacona de que "todo es posible" si se sonríe lo suficiente. Me agota.

Hay una presión social insoportable para estar siempre "bien", para convertir cada fracaso en una "lección de vida". ¿Y si hoy no me da la gana de estar bien? ¿Y si necesito un día gris, un día de apatía pura, un día para reajustar mis coordenadas internas? La vida real no es una campaña de marketing. Está llena de matices, de momentos en los que simplemente funcionamos en automático.

Ese positivismo tóxico me parece una trampa, una forma de invalidar las emociones reales. La tristeza, la rabia, el cansancio... todas son emociones válidas que necesitan su espacio. Prefiero la honestidad de un mal día a la hipocresía de una sonrisa forzada.

Al final, de lo que se trata es de aceptar la vida tal como es, caótica, imperfecta y, a veces, dolorosamente normal. Es por ello por lo que reivindico el derecho a la complejidad, a la contradicción, a sentir lo que se tenga que sentir, sin filtros ni etiquetas. Y esa aceptación de la realidad, sin suavizar, me hace sentir bastante liberada.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Bajo la piel

Un diseño invisible

se trazaba en la orilla del tacto.

Transparente, sin peso,

como agua de deshielo en la cima.

Ahora, la luz tropieza en los bordes,

se enreda en la trama que el tiempo cose.

Ya no es una hoguera,

es un ámbar que se vuelve opaco.

La memoria de un tacto liso,

una superficie que los dedos aún persiguen,

pero el territorio ha cambiado.

Las fronteras se movieron en silencio.

El vértigo del acantilado interno,

una caída, una rendición pausada.

La belleza no se fue con un portazo.

Se disolvió en el aire,

como el humo de una vela que se apaga,

dejando solo la cera tibia,

la historia de lo que fue llama.

Aceptar la textura del ocaso.

Añorar la insolencia del primer vuelo.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Doble Sombra

El foco derrama su luz en el escenario.

El aire condensa un discurso sin peso.


Observo la precisión del gesto aprendido.

La mano señala el error ajeno,

un índice firme que olvida su origen.

Caminan con pasos medidos sobre la paja,

mientras sus propias vigas proyectan

una doble sombra en el brillo del mármol.

El cinismo no grita, susurra con elegancia,

viste de traje a medida y mira a otro lado,

disfrazando el valor de simple ingenuidad.

Y el cristal, harto de reflejar imposturas,

se quiebra en mil fragmentos.

Ya no hay rostros, solo esquirlas

que cortan al que osa buscar

su imagen cabal entre los restos.


El teatro sigue abierto,

pero la audiencia sangra

en secreto.

martes, 9 de diciembre de 2025

Perdidos en Road House

Su belleza era de una época pasada, peligrosa, con ese aire tan clavado a lo Patrick Swayze en "Road House", chulo, de barbilla firme y un rubio perenne colgando del labio. No era un chico de palabras, sino de gestos bruscos, andares desafiantes y una voz ronca empapada en whisky y porros.

Nuestra vida era una sucesión de bares de moteros con luces de neón y la música rock a todo volumen. El olor a cuero, humo de tabaco y billares era nuestro perfume. Pasábamos horas, días enteros, perdidos en la cama, donde el silencio entre las sábanas se rompía solo con jadeos y suspiros retenidos, orgasmos prolongados, risas. Un delicioso campo de batalla donde nuestros cuerpos hablaban el idioma que nuestras bocas callaban.

No terminamos con grandes dramas. Se fue apagando con la misma lentitud con la que se consume la ceniza de un cigarrillo olvidado. Una llamada menos, un encuentro pospuesto, una ausencia que se hizo permanente.

Un día, simplemente, dejó de estar ahí. Se esfumó, arrastrado por el viento de la carretera. Cayó en el olvido, una sombra tatuada en la memoria, el eco de un sueño intenso.

sábado, 6 de diciembre de 2025

La belleza de un trazado incompleto

Habito un territorio donde mi cuerpo tiene zonas en blanco, regiones donde el impulso se desvanece en silencio.

Soy una criatura de las profundidades, adaptada a la ingravidez del azul eterno, pero varada en la rigidez de la tierra firme. Mi verdadera forma, la de la sirena, solo existe en la quietud de la noche, cuando el peso del mundo se diluye y no hay exigencia de verticalidad.

Cada amanecer, instalo el andamiaje, el acero y el cuero; son las coordenadas necesarias para mi geografía diaria en este mundo bípedo. Mis piernas son ríos secos; el caudal de la fuerza se perdió corriente arriba y ahora solo queda el cauce que requiere del metal como único timón.

Me muevo entre figuras fluidas que son como agua corriendo sin esfuerzo por un canal natural. Yo soy el témpano de hielo, que avanza con un propósito, pero con una fricción visible, con un crujido metálico que rompe el silencio de la naturalidad.

La vida es una danza a la que asisto, pero solo puedo ejecutar pasos premeditados, una coreografía ensayada que carece de la espontaneidad del giro y el salto. La belleza no reside en la gracia del movimiento, sino en el hecho obstinado de que este persiste.

Al final del día, la sirena vuelve a sus dominios silenciosos, vulnerable, en reposo. No hay moraleja en la historia, solo la descripción de un trazado incompleto que, sin embargo, me permite redescubrir la ruta, familiar e íntima, de mi insumisión cotidiana.

viernes, 5 de diciembre de 2025

Inventario de Ausencias

Un olor a tierra mojada sube del asfalto,

mezclándose con el frío del aire.

La ciudad se apaga en un suspiro cansado,

y en el silencio que se instala,

ellos aparecen.

Ecos del pasado:

Amores antiguos, espectros de calor,

que se desvanecieron con las estaciones,

o se ahogaron en vasos de cerveza.

Un rastro de perfume mezclado con humo de cigarro,

el sabor de mil besos con aliento a ginebra.

Vivencias que olían a bares trasnochados y a pactos hechos añicos.

Llegan en ráfagas de memoria,

aquellos que el viento de los años se llevó sin preguntar.

Ya no duelen,

solo son,

existiendo en el margen de mi ahora.

Siluetas sin nombre:

Contornos de gestos adorados,

perfiles de rostros que el tiempo ha desenfocado.

Manos que una vez tocaron las mías

y hoy son solo trazos de aire,

geometrías de ausencia.

Nombres relegados,

que alguna vez susurré en la oscuridad,

entre calada y calada,

y que ahora habitan en la punta de mi lengua,

incapaces de ser pronunciados.

Se perdieron en el desorden ordenado de mi mente,

pero su huella persiste en el músculo del corazón.

Que me visitan en la quietud presente:

Llegan sin llamar a la puerta cerrada de mi alma.

Huéspedes de la melancolía, invitados sin agenda.

Se sientan a mi lado,

observan conmigo la danza de las gotas en el cristal,

y me recuerdan,

con su presencia muda,

que he vivido apasionadamente,

que he amado profundamente,

que he olvidado intensamente.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Una vida, dos pantallas

La vida de algunos es una obra con dos actos. El primero, real y tangible: hogares compartidos, olores familiares y la seguridad de un matrimonio funcional, cimentado en la presencia física y las miradas que lo dicen todo. Un puerto seguro.

Pero existe un segundo acto, uno que se ilumina con la luz azul de la pantalla, buscando soledad o fugacidad cuando la casa duerme.

Ahí, en la ciber-realidad, la narrativa cambia. No es una huida, sino un universo paralelo donde el yo digital habita. Un mundo de perfiles anónimos y conexiones etéreas pero intensas, donde se permite ser más atrevido o más cínico; una versión de sí mismo que la rutina diaria no permite aflorar. Es un hobby secreto, una red de hilos invisibles.

El dilema no reside en la falta de amor en el escenario principal, sino en el espacio que ocupa el secundario. Es una gestión de compartimentos estancos: la lealtad física versus la confidencialidad virtual. Mantener el flujo continuo requiere una gimnasia mental, la adrenalina de cambiar de pestaña o silenciar una notificación.

Al final, es el reflejo de una era que ha cosido la sombra digital a nuestros pasos, permitiéndonos navegar entre dos horizontes sin tocar tierra en ninguno. Es su secreto a voces, sus dobles vidas. Y aunque una es su hogar, la otra es su escape, su rincón privado, donde la historia continúa escribiéndose en silencio, línea a línea.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Haikús


Gris roca desnuda,

musgo verde la abraza,

vida que persiste.

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Luz que se retira,

naranjas tiñen el mar,

llega la penumbra.

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Crisálida gris,

silenciosa espera al sol,

alas, nueva luz.

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Niebla, velo blanco,

cubre el bosque pensativo,

luz de amanecer.

martes, 2 de diciembre de 2025

No somos nadie: Una historia de amor (y desastre)

Ay, el amor. Ese espejismo que nos hace creer, por un instante fugaz y patético, que somos alguien. ¡Qué bonita mentira! El romanticismo es cinismo disfrazado de poesía, una broma pesada del destino que nuestras abuelas ya entendían, sabían que el amor es, en esencia, la prueba definitiva de que no somos nadie, solo dos náufragos aferrándose a la misma tabla podrida, sobreviviendo.

Ellas, con su sabiduría forjada a base de desengaños y cocidos a fuego lento, nunca compraron la idea de príncipes azules ni finales felices. Observaban la tragicomedia humana y sentenciaban: "Donde hubo fuego, cenizas quedan", un recordatorio de que todo ardor pasional termina en un suspiro. Pero claro, somos tercos. Nos empeñamos en buscar nuestra media naranja.

El amor es esa montaña rusa que te hace sentir invencible, hasta que te das de bruces con la realidad y te das cuenta de que la vida sigue siendo esa "lentejas, si quieres comes y si no, las dejas" que te servían de pequeño. Te rompen el corazón y esperas que el universo se detenga, pero el sol sigue saliendo sin sentirse culpable por ello.

La grandeza del amor reside, paradójicamente, en su total insignificancia. Tú y yo somos dos motas de polvo compartiendo un breve y glorioso pestañeo en la eternidad. "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde", pero seamos honestos, en cuanto lo pierdes, la vida sigue. El amor te hace creer que eres el centro del universo de otra persona, pero es una burbuja que explota inevitablemente. El "para siempre" es un chiste.

Así que enamórate. Ríe, llora, escribe poemas cursis y sueña que esta vez será diferente. Pero no olvides la lección fundamental de la abuela, esa que te libera de la presión de la trascendencia: "No somos nadie". Y en ese vacío existencial, que dos "nadies" decidan compartir su miseria es, quizás, la cosa más romántica y estúpidamente valiente que podemos hacer.

Ahora creo que es hora de unas lentejas, de comerlas, aclaro, porque otro de mis defectos es que no me gusta cocinar.

lunes, 1 de diciembre de 2025

¿Intimamos?

No te quites la ropa, solo la prisa.

Mi invitación es a algo más silencioso que un encuentro, más duradero que un momento. Cruza conmigo el umbral de lo que se muestra y entra en la habitación donde se siente.

Intimar es un verbo lento, de pausa. Es la valentía de quedarnos quietos el tiempo suficiente para que la verdad aflore, sin el maquillaje de las expectativas. Es la luz tenue de la madrugada, cuando las sombras aún no saben mentir.

Sentémonos un rato sin actuar, dejando de ser la versión pulida y eficiente que el mundo espera o supone. Y hablemos, hablemos de esas grietas por donde se filtra la luz. De los miedos que susurramos solo a la almohada. De la ternura que nos da pavor mostrar por miedo a que se rompa.

Reconozcamos que el otro lado también está hecho de dudas y de esperanza. Es el instante en que dos vulnerabilidades conectan y se dan la mano.

Así que sí, te pregunto: ¿intimamos?

Acepta esta pausa. Siente el peso de tu propia existencia aquí, ahora. En este espacio compartido de silencio y café, la única regla es ser real.