sábado, 31 de enero de 2026

Haikús

Sed y marea

Sed de tu cauce 

beber sales del alma 

honda marea 

Destrucción

Rojo que ruge 

devora el bosque seco 

gris es el viento 

Olvido

Hielo en la mente 

se congela el ayer 

blanco silencio 

Renacimiento

Brote de roca, 

la raíz busca el centro, 

pulso de barro. 

miércoles, 28 de enero de 2026

Lágrimas de azúcar

Caen espesas,

como cera que olvida su fuego.

Cristales afilados, dulzor que muerde,

quema la carne y ciega el rito

de un alma que se amarra a su propia sombra.


Siento el mármol latir bajo mis dedos,

el susurro de nombres que el tiempo no escribió.

Hay ángeles rotos aquí,

pétalos que cortan como vidrio

sobre la fe reseca de este mundo.


El llanto destila un veneno lento,

mezcla de deseo y ruina.


En cada gota se retuerce lo eterno,

devorando el espíritu en su espiral.


En la tiniebla no hay redención,

solo el eco de un dolor que permanece.

martes, 27 de enero de 2026

Horas de humo

Es un jirón de noche que me encuentra

justo cuando el sol se rinde.

No me pertenece;

habita otra casa, responde a otro nombre

y se debe a unas manos que lo esperan lejos.


Pero mientras el día bosteza,

su rastro azabache se enreda en mis horas.

Me entrega su presencia, un silencio de seda 

siendo, por un suspiro, mi único aliado.


Es un pacto de humo, un afecto robado

que se desintegra cuando el ocaso muere.

Entonces marcha ligero, sin la carga del adiós

y aunque soy solo el refugio donde elige aguardar,

sé que mañana, en cuanto la luz se desangre,

volverá a buscarme.

lunes, 26 de enero de 2026

El trono de los escombros

Hay un estrado de juicio sumario,

donde la frase destila veneno.

El odio es pan y el rezo diario

que busca aplauso en asco ajeno.

Aquella integridad, cristal quebrado,

estorbo vil que estalla en la vía.

En este mundo, ya destrozado,

se masca con saña la hipocresía.

Qué fácil resulta destruir al que disiente,

usar amenazas cual único plan.

Muere la ética, se apaga la mente,

mientras los perros su rabia tendrán.

Su orgullo es un festín de calavera,

donde el insulto celebra la herida.

Se apaga la luz, última hoguera,

bajo una lengua de sed desmedida.

No hay victoria en nombre pateado,

ni el ruido constante otorga la gloria.

Reinar en el lodo es lo único logrado,

un triunfo podrido...miseria en la historia.

domingo, 25 de enero de 2026

Fuera de margen

Tiene usted la insana costumbre

de desnudarse en palabras,

de clavar verdades en el aire

sin pedir permiso a la cortesía.

Habla sin filtros,

y cada sílaba cae

como chispa en pólvora ajena.

Mientras tanto, esa media sonrisa

—medio reto, medio caricia—

desarma el juicio y el recelo.

Hay quienes callan por prudencia;

usted no.

Usted prefiere incendiar el silencio

y dejar que alguien —tal vez yo—

arda un poco más de la cuenta.

jueves, 22 de enero de 2026

Material reciclable

Hoy desayuné buenas intenciones  

y me han sentado mal.  

Debí quedarme con el rencor de anoche,  

era más ligero, y  

combinaba mejor con tu ausencia.  

Has salpicado tu desorden por mi casa.

Está en la nata del café que se enfría,

en la toalla mal doblada,  

en la silla que ya no me atrevo a mirar 

por miedo a que sigas ahí, tan molesto.  

Tranquilo, no te guardo rencor 

lo he puesto todo en cajas  

etiquetadas con tu nombre,  

por si un día decides volver  

a recoger lo que rompiste.  

Dicen que de puro asco el tiempo cura,  

pero el mío se ha puesto en huelga indefinida  

desde que entendió  

que lo único que se arregló  

fue mi vida, cuando te fuiste.  

Si alguna vez te tropiezas con estos versos,  

no te engañes, no hablan de ti.  

Se los dedico a cualquiera  

que se crea imprescindible  

y termine siendo  

solo material reciclable 

para un blog en horas bajas.

miércoles, 21 de enero de 2026

La tristeza de la albahaca

Él corta mis tallos con mano de hierro,

gobierna mi suerte con solo mirarme,

me obliga a ser aroma bajo su mando,

y tiemblo en la tierra si no me reclama.

Soy hoja que cede ante su fuerza,

raíz que se humilla buscando su paso,

un verde rendido que solo florece

si la luz decide que soy su anhelo.

Persigo la caricia del sol en mi desvelo,

me inclino aguardando su abrazo de oro,

y florezco plena si a él yo complazco,

pues vivo tan solo para ser su sombra.

martes, 20 de enero de 2026

Les Misérables

El pasado sábado Madrid se sentía gris envuelta en esa lluvia persistente que parecía querer detener el ritmo de la ciudad. Sin embargo, en cuanto se apagaron las luces del teatro, el frío y la humedad se quedaron fuera, convirtiéndose en un eco lejano. Hay algo profundamente conmovedor en los primeros acordes de esta historia; un magnetismo que, sin importar cuántas veces la hayas escuchado, logra que el mundo se detenga.

Entrar de nuevo en este universo fue como redescubrirlo. La puesta en escena es tan física, tan rotunda, que casi puedes respirar el aire de otra época, es un organismo vivo que te transporta de las lúgubres galeras a las vibrantes calles del París del siglo XIX, aunque lo que de verdad te atrapa es la entrega absoluta que late sobre las tablas. No es tan solo técnica; es la generosidad de los intérpretes proyectando el alma en cada nota, y esa fuerza de los coros que te golpea el pecho con una intensidad casi religiosa. Es una energía que te atraviesa los sentidos y te eriza la piel, devolviéndote esa sensación tan pura de estar vibrando junto a lo que ves, oyes, experimentas...

Pero el corazón de la noche se detuvo con "Stars". Ver a Javert solo, bajo la inmensidad de ese cielo artificial cuajado de estrellas, fue el instante más bello de la función. Es mi pieza favorita y escucharla con esa maestría, en medio de un silencio sobrecogedor, lo sentí como un regalo inesperado que guardaré siempre conmigo.

Al salir, la ciudad seguía mojada y fría, daba igual, yo caminaba con otro ritmo. Me llevé un pedazo de esa luz de la barricada, con la certeza de que siempre habrá una función, un recuerdo, una canción capaz de encenderme por dentro.

lunes, 19 de enero de 2026

El umbral del desvío

Cuando la cordura se retira,

 las palabras se visten

 con pigmentos de comedia.

 Es un lienzo de trazos impredecibles,

 una visión surrealista

 donde lo cotidiano se desmenuza.

 El gato que lleva sombrero,

 danza en un bucle infinito,

 tras una sardina que marca el paso.

 La tostadora entona un aria,

 de vapor y muelles,

 una tragedia lírica y fatal.

 Mientras el tacón solitario,

 huye hacia la calle,

 buscando un pie que quiera volar.

 Los muebles ejecutan pasos,

 el ropero hace una reverencia,

 y la silla gira sobre una pata.

 La escoba ha entregado su afecto,

 a un viejo carrusel oxidado,

 que gira en el jardín del olvido.

 El despertador bosteza con tedio,

 estira sus agujas de metal,

 y decide detener el tiempo.

 El café se desborda en la mesa,

 dibuja mapas de islas lejanas,

 celebrando su propio caos.

 Las lámparas parpadean,

 contando chistes a las sombras,

 que ríen colgadas del techo.

 El cuadro de la pared se vacía,

 sus figuras han salido a caminar,

 por el pasillo de los rincones perdidos.

 Es un universo sin lógica,

 un juego de matices,

 para expandir el espíritu.

 Donde el "no" se vuelve "acaso",

 y el silencio se puede morder,

 como una fruta llena de luz. 

jueves, 15 de enero de 2026

¿Lluvia? No, gracias

Existe una narrativa romántica sobre los días lluviosos. Nos los venden como el escenario perfecto para la calma, la introspección con el relajante sonido del agua contra el cristal. Es una imagen idílica... para algunos...

Para mí la lluvia no es un refugio, sino un estorbo; una pausa forzada que interrumpe el ritmo de mis días y la energía que me define. Donde otros ven poesía, yo solo encuentro la incomodidad de una mañana interrumpida. La sensación de la humedad calando la ropa se convierte en el recordatorio constante de que la ciudad ha perdido su calidez. No hay magia en ese cielo encapotado que, como un ladrón, devora la claridad para sumir el ambiente en una melancolía gris y artificial.

Prefiero mil veces la vibrante nitidez de un día despejado que la quietud forzosa de una tarde de tormenta. Mi ánimo no se carga con el tintineo de las gotas, sino con luz; esa fuerza solar que promete movimiento, apertura y la simple, pero poderosa, alegría de un horizonte sin nubes.

miércoles, 14 de enero de 2026

Indivisibles

De nuevo se abren las heridas

con el viejo cuchillo,

con idéntica desolación.

Cae el pulso; la piel no razona,

no comprende de esperas ni de olvido.

Es un grito que brota

de un tiempo que creía dormido.

Voy a cruzar mi rastro con el tuyo

para que el daño sea uno solo,

enredo de venas donde el acero

pierda, finalmente, su nombre.

No exige lógica el quebranto;

basta aceptar este flujo amargo

que derriba los muros del cuerpo

y nos confunde en un solo cauce.

Seremos una huella sobre el polvo,

una marca grabada a dos manos,

mientras el filo observa, ya inútil,

cómo el dolor nos vuelve indivisibles.

martes, 13 de enero de 2026

Martes 13

He perdido la cuenta de cuántas veces el mundo se despierta sintiéndose extraño en su propio calendario. Hemos convertido el tiempo en un campo de minas donde es imposible abrir un ojo sin que alguien decida que hoy toca rendir pleitesía a la croqueta, al calcetín desparejado o al abrazo de un desconocido que, sinceramente, yo preferiría no recibir. Cabe preguntarse en qué momento la identidad colectiva necesitó colgarse de una efeméride absurda para sentirse válida.

Resulta fascinante, y un poco agotador, observar ese fervor artificial. Es fácil verse a punto de compartir un hashtag sobre el mazapán solo por el impulso de pertenencia, mientras el Blue Monday nos observa desde el rincón, recordando que las finanzas están en números rojos. Incluso hoy, siendo martes y 13, parece que la superstición clásica se queda corta; ya no basta con temer a un número o a un gato negro, ahora hay que gestionar el estrés de qué "día mundial" toca simular que nos importa. Es la ración diaria de "pan y circo", el conformarse con un meme para silenciar una indignación que no se sabe dónde colocar.

En el fondo, todo este ruido solo demuestra que nos cuesta horrores mantener el interés en las cosas que de verdad importan. Quizás la verdadera rebelión sea tener la audacia de vivir un día absolutamente irrelevante. Ignorar que toca homenajear al tenedor de madera o prepararse para la enésima refundación espiritual del horóscopo chino y, simplemente, permitirse el lujo de no ser nadie en una jornada sin significado.

Si algo sale mal, culpar al destino o a esta fecha maldita es la salida fácil. No hay que buscar conjuras cósmicas de mala suerte si se quema la cena o el café se enfría; nada más representa la prueba de que, por fin, se está celebrando el glorioso y liberador Día Mundial de “todo me importe una mierda”.

lunes, 12 de enero de 2026

La frenética huida de mis pensamientos

Invaden sin permiso la marea,

un caos de rumores y de gritos,

disparos de futuros infinitos,

la mente en el caos se recrea.

No existe un faro que me oriente,

se agolpan, se golpean, se encadenan;

las horas mis neuronas envenenan

y el tiempo se desvía de mi frente.

El pecho es tambor en la embestida,

un trote que no tiene fin ni meta,

la voz que se transforma en saeta,

la calma que jamás es bienvenida.

Soy la estancia habitada por el daño,

la barca que naufraga en el desvelo,

una presa de este lúgubre flagelo,

sin guía que me saque de lo extraño.

Que cese ya el motor de esta tortura,

que callen esos ecos que me hostigan,

que al fin los pensamientos se mitiguen

y el alma encuentre paz en su clausura.

viernes, 9 de enero de 2026

Cero absoluto

En esa casa no se celebra la vida; se suelta lastre bajo una atmósfera donde el duelo a fuego lento marca el ritmo de los finales. El postre, siempre frío, emula esas verdades que solo se comprenden cuando ya es demasiado tarde para enmendarlas.

Ella ocupa su lugar en la mesa convencida de que esa noche dará sepultura a su matrimonio. Bebe un vaso de agua, buscando el sabor exacto y desabrido de la rutina compartida. Mastica despacio un plato de expectativas muertas y remueve, entre los restos de la cena, el peso de los reproches acumulados.

Al cruzar el umbral, se detiene frente a la fachada. Enciende una cerilla y comprende que, para que el pasado deje de perseguirla, no basta con cerrar la puerta; hay que calcinar el eco de los recuerdos que aún habitan los muros.

Mientras las llamas chamuscan las cortinas, descubre que la libertad no sabe a gloria, sino al calor seco de un incendio que lo borra todo.

jueves, 8 de enero de 2026

La tienda de los "casi"

En la vitrina de los «casi» no había tesoros, sino derrotas. La dueña, una mujer de sonrisa cansada, mantenía con vida el billete de tren que nadie se atrevió a coger, la carta de amor que acabó convertida en una bola en un cajón y aquel nombre que dos padres eligieron, pero nunca llegaron a usar.

Ayer, un extraño entró buscando el anillo que nunca entregó. Se lo calzó en el dedo y, por un segundo, sintió el peso del pasado que no tuvo. Fue una felicidad perfecta, precisamente por ser mentira. Cuando buscó dinero en sus bolsillos, ella negó con la cabeza .

¿Cuánto le debo? —preguntó el cliente con los ojos empañados.

—Nada —le respondió—. Aquí se paga con el tiempo que perdió imaginándolo, y usted ya viene con la cuenta liquidada.

Aquel tipo salió a la calle con las manos vacías. Lo irónico es que lo único real que se llevó de allí fue la certeza de que el arrepentimiento, al menos, no necesita repuestos.

martes, 6 de enero de 2026

Días

Días que vuelan,

que tienen prisa, que se me escapan

mientras me creía la dueña de mi tiempo.

Días que se pierden porque no supe mirarlos.

Porque los traté como trámites,

como ruido de fondo,

postergando la risa o el silencio

para un después que nunca tuvo fecha.

Ahora, esos días se ocultan en la memoria.

Se vuelven tesoros que antes no ví,

el calor de una mano, un café sin prisas,

el peso de una tarde tranquila.

Días que ayer me parecieron pequeños

y que hoy son el vacío que más me duele.

Viví de puntillas sobre mis propias horas,

como si el presente fuera un ensayo,

un lugar de paso, una mudanza sin muebles.

Hoy me detengo.

No deseo que mi rastro sea de añoranza,

ni que el tiempo tenga que romperse

para que yo aprecie sus pedazos.