Seguimos siendo imperfectos,
mas ahora que el verso se fractura
intentamos parecer hermosos,
ocultando el rostro bajo grueso maquillaje.
Somos espejismos, prismas sin color,
geometrías suspendidas que esperan,
en mitad de su quietud, el impacto
de un destello con alma.
Somos ondas que flotan sin destino,
estructuras de piedra fría
que intentan sostener, a oscuras, el peso
de un mundo que nos olvida.
Somos heridas abiertas en el cristal,
vaciadas de toda razón,
que solo aprenden lo que es brillar
cuando se dejan atravesar por una mirada.

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