La moneda vuela.
Zumba mi cabeza
en un pitido sordo:
"olvida la cordura".
Y va el resto, sin dudas, a ciegas.
La piel, el hambre que arrastro,
estos días remendados.
Si cae cruz...
Vacío seco, silencioso.
La tierra arrastrándome por el suelo
con el estómago congelado,
un nudo intermitente, voraz.
Pero si sale cara,
prenderá mi cuerpo,
estallando la sangre a borbotones.
Solo hay un modo,
vivir a muerte o romperme, ahora.
Se me clava el aire al respirar
y ya no hay freno.
Que caiga.

1 comentario:
Rien ne va plus.
Ésta tarde veía morir el día sentado en mi butaca de madera. Ha empezado a llover, me encanta ése olor cuando el suelo seco recibe las primeras gotas, petricor lo llaman. Contemplaba en el huerto el ocaso de la albahaca, la exuberancia de su fragancia en esos últimos momentos, insuperable, podría decirse que se esfuerza más si cabe con el paso del tiempo para reivindicar su espacio.
Negro, par y pasa.
Te beso
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