jueves, 1 de octubre de 2026

Verano bipolar


Aparecía en verano, como la marea, y en septiembre se iba y me dejaba con el mismo desconcierto estúpido y sin saber cómo resolverlo. Soporté sus idas y venidas durante años, intentando entender qué le pasaba por la cabeza, hasta que me di cuenta de que la empatía no puede ser un billete de ida y vuelta que él usara cuando le diera la gana. El día que dejé de justificarlo, de justificarme, también, y puse un límite, su orgullo se rompió. Se fue ofendido, muy digno, muy él. Al verlo marchar con esa soberbia tan frágil, me dio pena. Es muy triste ver a alguien caminar hacia la soledad, atrapado en sus propias neuras, creyendo ganar una batalla cuando lo que está haciendo es cerrar la única casa donde de verdad lo esperaban. Yo me limité a entornar la puerta, deseándole, en silencio, la paz que no sabe encontrar.

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