Infinitas agujas traspasan mi cuerpo,
atraviesan la carne,
los nervios, el miedo,
y sin embargo,
no duelen.
Soy un entramado de filos y estocadas,
una costura de acero que ya no sangra.
Cada espina busca una llaga que no encuentra,
porque mi esencia se ha vuelto piedra,
o quizá solo ausencia.
He dejado que el frío me cosa a la tierra.
Los pespuntes son ahora cadenas en mi,
un andamio de hilos que me mantiene erguida
mientras por dentro me desintegro.
No hay queja.
No hay grito.
Solo el crujido seco del hierro contra el silencio.
Estoy tan llena de orificios
que el pesar ya no tiene dónde sujetarse,
pasa de largo,
como el cierzo a través de una viga rota.
No hay control.
Solo este blindaje.
Protegida de todo,
atrapada conmigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario