lunes, 20 de abril de 2026

Donde la luz se vuelve herrumbre

 

Perdida en la bruma negra,

un sudario rancio devora los rastrojos del día.

Escucho el chasquido de una mandíbula que cruje,

mientras el aire exhala un efluvio amargo,

vaho de cicuta enredado en los pulmones.

Queda apenas un vestigio de quien fuiste,

fango ridículo en este páramo de falsedad,

donde el honor es solo un adorno estropeado.

Busco un atisbo de luz,

no por piedad, sino para ralentizar el hacha,

dilatando el suplicio con una calma gélida.

No habrá epitafios, solo el silencio de las larvas.

Me regodeo en tu pavor, en esa arcada final,

antes de hundir mis dedos en tu pecho

y arrancar de cuajo el latido que te sobra,

dejando que tu sangre sea el único color

que manche este lienzo de absoluto desprecio.

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