Y está siendo agotador asomarse a las redes de BDSM y encontrar siempre el mismo decorado, tipos que confunden la autoridad con la mala educación.
Mi percepción es que se ha extendido una plaga de perfiles que venden una "dominancia" de manual, una puesta en escena diseñada para saltarse los protocolos más básicos de respeto bajo el pretexto del rol.
Resulta extenuante observar cómo se utiliza la estética o la jerarquía como un atajo para el consumo rápido. Aparecen sin preámbulos, omitiendo cualquier tipo de cortesía, proyectando un desprecio impostado que no es más que el refugio de su propia mediocridad. Se presentan presumiendo de mazmorras y catálogos de cuero, como si el mobiliario o el equipo les otorgara el derecho a tratar a las mujeres como mobiliario prescindible o simples receptáculos de su ego.
Esa urgencia por controlar, sin haber construido un ápice de confianza, delata que no buscan una dinámica de poder, buscan una vía rápida para saciar sus carencias sin tener que esforzarse en la conexión. Creen que el mando consiste en escupir órdenes y alardear de herramientas, ignorando que la verdadera autoridad es una energía que se sostiene con responsabilidad, integridad y una lectura impecable del otro.
Esos que desaparecen cuando la sesión concluye, los que ignoran el cuidado posterior y los que confunden ser estricto con ser un maleducado, son los mismos que ensucian el concepto de entrega. La sumisión es un privilegio, un depósito de confianza que a estos "jerarcas" les queda inmenso.
Menos fotos de cuartos oscuros, de ropa interior abultada y más madurez emocional. Porque al final, detrás de tanto accesorio y tanta pose de señor oscuro, lo único que queda es un tipo con una alarmante falta de clase.

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