domingo, 26 de abril de 2026

Personaje/persona


Ayer vi una foto de alguien a quien conocía y me dio por pensar...

Dándole vueltas, me preguntaba dónde termina la valentía de ser uno mismo y dónde empieza ese impulso extraño de forzar la máquina para ser el alma de la fiesta. Creo que existe una frontera nítida entre la desinhibición y el hecho de acabar haciendo el payaso por mero afán de protagonismo.

Ser desinhibido es, para mí, un actitud envidiable. Es esa frescura de quien actúa sin el freno de mano puesto; alguien que baila o ríe porque le nace de las entrañas, sin solicitar permiso ni ofrecer disculpas. Es un acto de soberanía personal donde, si alguien mira, bien, y si no, también.

Sin embargo, en esa imagen no vi nada de eso. Vi a alguien forzando la pose, haciendo el tonto de manera deliberada para robar foco. Y es que todo cambia cuando el motor de tus actos deja de ser el disfrute propio y pasa a ser la mirada ajena. Ahí es cuando la espontaneidad muere y brota la estupidez. Es ese instante en el que el chiste se alarga en exceso o el comportamiento se vuelve errático, histriónico. 

Siempre tuvo la tendencia a ser el ombligo del mundo y un ego difícil de saciar pero hay algo en la falta de madurez que, al pasar los años, vuelve esa actitud un esperpento. Lo que en otro tiempo podía parecer divertido, audaz, hoy resulta ridículo. Me dio pena ver a alguien a quien quise aferrado a un personaje deformado, comprobar que esa chispa que un día tuvo se ha convertido en un ruido desesperado por seguir siendo el centro de atención. 

Seguro que le ríen las gracias, si, como al bufón de la corte.

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