Ven, desnuda mi sercon toda la fuerza que arrastra
la violencia de tu pasión
que de huecas humedades
empapa rincones y sábanas
y marca a fuego
en mi piel
tu nombre,
que no sangran las heridas
si penetras desgarrando.
Ven, muerde mi carne
con estertores de gemidos tiembla
al destello de tu hechizo
huracanes que derriban las tinieblas,
arrastran los sentimientos
anegados de saliva los cuerpos
sin límites ni miedos,
no hay mesura
ante el deseo,
inmortal.
Depredador incansable
al límite del orgasmo
susurra leves gemidos
estalla, vibra, renace…






