Te busco en camas donde nunca estuviste.
Desgasto pieles sin nombre,
carne extraña que no sabe de ti,
persiguiendo el espejismo que inventé
después de tu huida.
Miro pupilas ajenas
como si en ellas pudiera encontrar tu rastro.
Navego sobre cuerpos sin afecto,
habitaciones que no consiguen nombrarte,
y solo encuentro el desprecio del silencio
en este esqueleto de hogar a oscuras.
Esa es la condena del desahucio,
obligar al náufrago a beberse la arena,
buscar tu hoguera en un muelle abandonado
y gemir tu nombre
en los brazos de cualquier desconocido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario