Entre la niebla de noviembre,
la noche ensancha su camino
y mis ausentes no se marchan...
habitan el aire que respiro,
arden en la luz de esta vela
y rozan mi rostro con la fuerza del viento.
La muerte no es adiós ni es distancia.
Es un altar cuajado de memorias
donde los que amé siguen allí,
custodiando el reverso de mi historia.
Este invierno interior, azulado,
es mi tránsito obligado:
limpio el terreno de lo que fue,
me despojo de la melancolía
y preparo, bajo el amparo de sus miradas,
la tierra fértil para el renacer.

1 comentario:
No recuerdo la ausencia, de la misma manera que no recuerdo el tiempo que me esquiva, estoy ausente en el engranaje de está máquina que lo arrolla todo, no puedo volver, no puedo seguir, simplemente estoy vivo.
Te beso
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