La mía la calificaría de extremadamente incómoda puesto que no se debe a que haya deseado encontrarme así, es mas bien “provocada” por otras circunstancias.
Desde que fui consciente y comencé a indagar en el mundo de la D/s, he estado segura de que podía llegar a ofrecer mucho, que estaba preparada para aprender y asimilar cuanto de bueno y bello se me enseñara y que tenía cualidades para hacer enorgullecer a aquel Dominante con el cual iniciara el camino. Puede parecer que carezco de humildad al expresarme en estos términos, no es así, en absoluto.
He intentado que en mi prime la ilusión y el esfuerzo, el reto diario, la superación, las ganas. He dejado lágrimas y muchas sonrisas por el camino, me he esforzado en que la apatía jamás se instalara en mi interior y he esperado, esa bendita palabra que en mi carecía de sentido, ha cobrado una dimensión tremenda. Solo he pedido seguridad.
Sé cual ha sido mi error, la prudencia mal entendida, el pensar que el tiempo aclararía los puntos oscuros y yo que me jactaba de pregonar que lo importante era el hablar hasta la saciedad, me callé no sé qué día y no volví a preguntar, entendí que no había caso.
Todo ello hace que cargue con una serie de culpas, dudas y preguntas que se convierten en piedras tan pesadas que la única fórmula que acepta mi razón es la indiferencia.
Y, de repente, te das cuenta que cuanto pienses da exactamente igual, que carece de importancia y que, mas temprano que tarde, el viento te arrastrará como a una hoja. O tal vez no soy tan maravillosa como creía y debo replantearme muchas cosas. Todo es posible.












