jueves, 9 de abril de 2026

Cuatro hilos de la misma red

 


Sin amarras,

sin ataduras,

fundidos por un latido profundo.

Un solo cuerpo,

cuatro sombras paralelas

navegando al unísono.

El viento acechaba nuestras manos,

queriendo desunirlas,

pero solo conseguía

arrojarnos con brío

los unos hacia los otros.

Infancia con aroma a salitre,

a guarida de puertas cerradas,

bastión contra el rugido del mundo.

Extramuros,

el aire tañía con furia;

dentro, la calma era nuestra.

Fuimos, somos,

un racimo apretado

bajo el cenit de la isla.

Un lazo fiel,

inmune a las distancias,

tejidos por la misma sangre.

Es el código secreto

que solo los cuatro

desciframos.

Una hebra invisible

que sobrevive a los embates

y nos llama siempre de regreso.

Aunque el tiempo

difumine los antiguos contornos,

seguimos en esa esquina del antes,

sosteniéndonos,

avanzando todavía juntos

por las arterias de la memoria.

lunes, 6 de abril de 2026

Grietas, locura, frío


¡Mírenme!

Ahí voy, con el saco lleno de espinas

y una orquesta de grillos desafinando en el pecho.

Estoy rallada, sí,

con esa fiebre  que te hace bailar

mientras la vida se hunde entre charcos.

He visto a la luna bañándose en un nido de aceite

y le he pedido fuego para este cigarro de niebla.

Dicen que hablo con las sombras,

pero es que ellas tienen mejores historias

que los que caminan derecho, con el reloj al cuello

y el alma planchada.

Mi desvarío es este hambre de abismo,

urgencia de gritarle a los semáforos

que el verde es una mentira y el rojo... 

el rojo es sangre viva.

No me busquen en la cordura, que ahí hace frío.

Búsquenme en la grieta, en el error,

en el salto que nadie se atreve a dar.

Deseo ser un relámpago

en esta ciudad de velas apagadas.

¡Vengan!

Rompamos los ecos que solo saben repetir el miedo.

Hoy el delirio es mi única patria

y el vértigo... mi mejor canción de cuna.